¿Machos alfa? (I)

Por Luna White
Enviado el 26/09/2015, clasificado en Amor / Románticos
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« No entiendo que esos malotes, tipos duros, machos alfa, o como quieran llamarles, tienen tantas goupies»

Martina había tenido suerte; su madre era muy joven, y desde pequeñita, cada noche le hablaba acerca de la vida, lo que podía esperar de esta, y en lo que no debería poner malgastar sus esfuerzos. « ¡Pobre mamá, qué sabría ella en aquellos tiempos de los machos alfa».

No podía quejarse de cómo le iban las cosas. Tenía buenas amigas, había disfrutado de alguna relación que otra, y se consideraba lo suficiente capaz, como para socializarse y encontrar su futura pareja. ¿Príncipes azules? No creía que existieran; de lo que sí no tenía duda, es de que nunca se relacionaría con un macho alfa, sobrado, que se acercara a ella buscando solo sexo, pavoneándose.

20.00h, arreglada y con ganas de disfrutar de una gran noche, Martina esperaba a que llegaran sus amigas y  poder cenar en un restaurante muy chic, en el centro,  que se inauguraba tras haber recibido grandes críticas.Ya todas juntas, se sentaron en una gran mesa, con vistas a la preciosa calle principal de la ciudad. Tras la cena, pasarían a la zona habilitada como discoteca, y la noche prometía ser interesante. Rieron y se pusieron al día tras una difícil semana de trabajo. Sin que ninguna lo dijera en alto, las cinco intercalaban cada bocado, con miradas perdidas, buscando qué podían encontrar fuera de la carta. Ya con todos los nutrientes necesarios, para comerse la noche, se dirigieron a la barra y pidieron unas copas.

Martina, apenas tardó cinco minutos en verle: alto, moreno, tonificado, barba de cuatro días y buen cuerpo pero… « ¿Ese movimiento es pavoneo? Sí, sin duda. Mejor mirar hacia otro lado».

Las cinco disfrutaban de una gran noche. No faltaban propuestas de chicos guapos, pero ninguna cuajaba. Sin darse cuenta, Martina escuchó cómo susurraban en su oído…« Llevo toda la noche intentando llamar tu atención, eres preciosa».

«Madre mía cómo huele, que voz tan bonita. Mierda, va a ver mi piel de gallina». Se dio la vuelta despacio, el tiempo pareció pararse, y todo el ruido alrededor, quedó muy lejos. Ahí estaba, guapísimo como lo había visto nada más llegar a la barra, y sin pavonearse…, era perfecto. «¡Arg!, si le hubiera visto que era él, ni me hubiera dado la vuelta».

—Gracias, eres muy amable. —Martina sonrió y se giró dándole la espalda.

—Ehh, no me lo pongas más difícil. Si te conviertes en reto…, me pone más, morena.

—Mira, no quiero ser borde, pero no me gusta tu estilo. —Intentó no serlo, pero su expresión dejaba claro que no se lo pondría fácil, más bien, lo pondría imposible.

Él se marchó por donde vino, y ella, sin reconocerlo, se sintió decepcionada. Pasaron las horas y no se le quitaba de la cabeza. « ¿Pavonea con todas y conmigo se rinde tan pronto? ¿A este no le dieron manual con su partida de nacimiento». Le buscó disimuladamente, evitando que ni él ni sus amigas se dieran cuenta.

Hora de irse, compartir taxi con las chicas y volver a casa sola, otra vez. Vivía lejos, así que decidió pasar antes por los lavabos. Salió del baño y se encontró cara a cara con él.

—¿Pensabas que te podías escapar sin mí?  No seas tan dura, sabes que al final caerás. —Puso sus masculinas manos sobre la delicada cintura de Paula, y la apoyó en la pared, dejando sus labios a escasos centímetros—. Dime que no quieres que te bese, y no lo haré.

« ¿Pero este tío de qué va? Joder que labios..». Sin poder pararle, la besó. Suave y delicado al principio, pudo saborear sus labios e intuir su lengua, sin llegar a degustarla. Sin saber porqué, él se separó, y sin dejar de mirarla le dijo:

—Ahora, repíteme de nuevo, que no soy de tu estilo. —Su mirada era tan penetrante, que Martina sintió flaquear sus piernas, y tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no desplomarse allí mismo.

—No me voy a la cama en la primera noche —sentenció.

Se escapó  cómo pudo, y se dirigió a la salida. Todas se encontraban esperando vislumbrar una luz verde, cuando Martina sintió, como atrapaban su muñeca. De nuevo él, de nuevo esa mirada, de nuevo esa escasa distancia entre ellos.

—Déjame que te lleve a casa, morena.

—Tranquilo, voy con las chicas.

—No, si tranquilo estoy, pero… ¿ ytú? ¿podrás dormir pensando en la oportunidad que estás a punto de dejar escapar?

—Miraaa, guapo, baja de la nube en la que estás y… —Martina se vio interrumpida por unos labios sedosos y voluminosos, mientras su cuerpo sentía el calor de unas manos fuertes y seguras—. ¿Qué crees que haces?

Sin contestar, él pasó junto al resto de chicas sonriéndolas, paró un taxi para que se subieran, y frenando el paso a Martina, detuvo otro y se subió, implorándole con la mirada que ella lo hiciera también.

—Bueno, princesa, me llamo Diego, ¿y tú?

—Martina —musitó.

—Enhorabuena, descubrirás lo que significa quitarse esa coraza que llevas. Agárrate fuerte que vienen curvas.

 

 


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