Cuernos y dientes.

Por ArDuro
Enviado el 09/10/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Más pudo la lealtad que el deseo de evitarme un mal trago o el temor a una fea reacción mía ya que suele suceder que cuando se le revela la traición el cornudo se indigna con el mensajero.

Alejo, mi amigo, se tomó unos días pero al, cabo de los mismos, vino a verme y me avisó que mi esposa, Mariel, me engañaba:

 -¡La verdad lo siento! Tras de llovido mojado: perdiste el empleo y, ahora, tu mujer te mete los cuernos, con Ricardo, su jefe. Perdoname, me lo guardé más de un mes, pero no puedo seguir ocultándotelo. –

 No me enojé con él.

Yo estaba desocupado y sin miras de conseguir trabajo a corto plazo, debido a mi edad, la baja demanda de mi especialización en el País.

Mariel (38 años), mi esposa, gracias a su formación, inteligencia, muy buena presencia y una recomendación de Alejo, trabajaba desde unos 3 años antes en la misma empresa que mi amigo. Fue progresando y devino asistente  del gerente general (CEO), Ricardo.

Mi amigo, gerente de sistemas, de la compañía tenía acceso, a todo tipo de información procesada, entre ella, a los registros grabados de las cámaras del sistema de seguridad.

Un par de esas cámaras estaban instaladas en la oficina del CEO, quien tenía el control de activarlas o desactivarlas de acuerdo a su criterio.

Aclaro que en el esquema de seguridad a que me estoy refiriendo, las cámaras instaladas en las oficinas del personal superior, sólo graban en un computador, si el dirigente las mantiene habilitadas y si, además, hay movimientos en el ambiente. Las escenas no son seguidas (monitoreadas) en una pantalla, por personal de vigilancia.

Al parecer, el mencionado Ricardo era muy distraído en lo referente al manejo de las cámaras y, frecuentemente, olvidaba deshabilitarlas cuando no era necesario (o conveniente) que queden grabadas escenas que acontecían en su oficina. Por ese motivo, Alejo, al rastrear grabaciones de una reunión conflictiva del CEO con un político, sin querer, “tropezó” con un primer registro de las andanzas de Mariel con su jefe. Repuesto de la sorpresa siguió buscando y encontró otras, entre las cuales seleccionó las dos que traía consigo el día que vino a verme y a “avivarme”.

La cruda síntesis del contenido de ambos videos, que miré de punta a punta, cuando quedé solo, es: con el tal Ricardo, Mariel, se dejaba coger al derecho y al revés.  

En el primero se ve a ella entrar a la oficina dentro de una minifalda sumaria, blusa ceñida. En la mirada del tipo se aprecia que la receta más antigua sigue funcionando: teta y culo (senos justos y desafiando la gravedad, nalgas redondas y firmes).  Además, Mariel, descendiente de rusos, tiene casi 1,80 mts de estatura, rostro bonito, cabellos largos rubios naturales, piernas largas torneadas y suaves, en fin…una de esas mujeres contundentes para nosotros los hombres.

-Te traigo el reporte mensual de control de gestión. –

-Trabá la puerta y dejalo sobre el escritorio, después lo veo – respondió él mientras se levantó de su butaca, rodeó el escritorio y esperó que ella se acercase.

-¡Ya te dije que no es el momento, Ricky!!  Vos en media hora tenes la reunión semanal de… –

-Hay tiempo….- Le tomó la cara entre las manos, le dio un beso en la boca. Pasó luego con sus labios al cuello y con sus manos al culo.

Abrazados de ese modo, alternando besos en la boca, ambas manos en las nalgas o una allí y otra en las tetas, una en las tetas la otra en la concha, murmullos en el oído, la hizo retroceder hasta situarse detrás del amplio sofá de la oficina, la hizo girar sobre si misma, le levantó la pollerita, la acostó boca abajo en el respaldo del sofá, se bajó pantalón y calzoncillo, le corrió al costado de la cola la minúscula tanga:

-Por la cola hoy no, por favor, Ricky. –

-Tranquila, va por donde más me gusta y te gusta. –

Por lo dicho la penetró por la concha y bombeó como poseído por largos minutos hasta el orgasmo. La cámara captó el rostro de Mariel con la expresión de goce genuino resaltado por los gemidos, contenidos en volumen, pero elocuentes.

Concluida la cogida, ella se incorporó  y le agradeció efusivamente (varios besos) el favor recibido y se fue al toilette privado para higienizarse (el polvo fue sin preservativo por lo que, a juzgar por lo prolongado y sonoro del orgasmo del hombre, Mariel debe haber tenido la concha repleta de semen) y recomponer su aspecto.

Salió, del baño, de nuevo hecha una perfecta asistente. Tomó el teléfono y avisó que el sr. XXXXX estaba algo demorado y tardaría algunos minutos en incorporarse a la reunión.

-Agregá a la carpeta el reporte que acabo de traerte. ¿Corregiste, en tu notebook en el power point de la reunión, el detalle que mencionaste ayer? –

- Si, linda, está todo en orden –

 La segunda grabación, debe haber sido a última hora o después del horario de oficina. Tenían más tiempo y lo aprovecharon “a full”. Besos, apriete, franeleo y desnudarse mutuamente. Sin ropas Mariel es lindísima, el hombre, reconozco, además de más joven que yo, tiene buen físico, atlético y buen aspecto en todo sentido. El despliegue, en el mencionado sofá, fue completo: hubo lengua en la concha, verga en la boca, misionero, cucharita, jineteadas, perrito y, en todas  la variantes, suspiros, gemidos y exteriorizaciones verbales de goce.

 Quedé golpeado, resentido, dolorido por la revelación y la elocuencia de las evidencias.

Ese día, ni el siguiente, ni hasta hoy, encaré a Mariel para enrostrarle su infidelidad.

Por otra parte, ella, siguió junto a mí, no me retaceó su cariño ni sus favores en la cama. Hasta juraría que, entre las sábanas conmigo, desplegaba la mayor fogosidad en mucho tiempo.   Al parecer estaba decidida a disfrutar del marido y del amante y la vivencia la motiva

 Estuve indeciso enrostrarle a mi mujer sus “trastadas”. Tal vez, a la espera de conseguir reencauzar mi vida laboral y recobrar la valoración positiva de mí mismo.

Me banqué la situación y Mariel, sostuvo el hogar un buen lapso de tiempo.

Concuerdo con mi paisano, autor y compositor Cesar Banana Pueyrredon, que “los cuernos y los dientes duelen al salir, pero son buenos para comer.”

 Alejo es el que estuvo –está - perplejo por mi modo de actuar. No puede asimilar que yo me plegase a compartir mi esposa por valorar  la utilidad y anteponerla a todo. Pero sigue siendo mi mejor amigo, a pesar de no “digerir” mi situación conyugal.

-¡Para que te “desayuné” de que Mariel te está “cagando”!!!! Mejor hubiese sido guardármelo y no sacar a flote tu lado calculador. En fin, ¡¡¡allá vos!!!! – fue su comentario cuando le dije que, de momento, me haría el boludo y  porque lo hacía.

 Hoy tengo un muy buen trabajo. Sigo compartiendo mi mujer y ella me comparte con mi asistente actual y algunas más. Los dos la jugamos de distraídos.

 


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