En la oficina de mi querido profesor.

Por veclinchten
Enviado el 12/10/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Víctor era mi profesor de historia de la literatura, era el hombre más guapo que jamás había visto, tenía 30 años, de cabello castaño claro, ojos azules, piel blanca que se enrojecía con mucha facilidad, como de un metro ochenta y dos y delgado pero con musculatura. En sus clases me quedaba embelesada mirándole con deseo y sabía que yo le gustaba tanto como el a mí porque me miraba con tanta lujuria que hacía que me mojara.

Una tarde de viernes llega a su clase y se ve especialmente guapo, llevaba una camisa blanca, vaqueros y una americana azul marino, muy jovial. Se sienta en su escritorio y me dedica una mirada lasciva que hace que empiece a fantasear con él. La clase transcurre normal, explica algo sobre Thomas Tallis y la da por concluida.

 Todos salen con mucha prisa y él se acerca a mí y me pide que le espere en su oficina, yo hago lo que me pide y al cabo de 10 minutos el aparece –Hola Vec. Como estas?

–Yo muy bien y usted?

-Usted? Por favor, trátame de tu.-Dice en un tono provocativo que hace que me estremezca, se sienta sobre el escritorio quedando frente a mí y ahora en un tono más jovial dice –Ahora que te veo va de maravillas.

Conteniendo la respiración ante aquella insinuación le pregunto –Y dime, que hacemos aquí? Solo querías que te alegrara la tarde?

-De alguna manera sí. –Dice acercándose mucho a mi cara dejándome sentir su aliento -De esta. –Y se lanza a mi boca devorándola  por completo en un beso ardiente que me quema por dentro mientras su lengua recorre cada espacio de mi boca. Nos ponemos de pie al mismo tiempo y aun nos seguimos besando, le quito la americana y él va desabrochando mi camisa para encontrarse con un brassiere blanco de encaje, baja las copas y deja mis pezones al descubierto que enseguida se endurecen, pega su boca a mi cuello y me susurra –Eres maravillosa.

Me sienta sobre el escritorio y de un tirón se deshace de mis vaqueros,  me doy cuenta que mi ropa interior va a juego y sonrío… Mientras él va besando mis muslos, en cada beso mi excitación va creciendo y de mi garganta se escapa un pequeño gemido… El llega a mis bragas y empieza a hundir su dedo índice rozando mi clítoris con la tela, yo inspiro hondo y disfruto de esa sensación que me invade, el mueve su dedo en círculos y yo gimo… Lo deseo, quiero sentirlo dentro  pero también quiero disfrutar de su deliciosa tortura, siento como mi cuerpo se aproxima  al orgasmo, también lo nota y para, de prisa saca mis bragas y comienza a practicarme un oral… Su lengua recorre lentamente mi clítoris y termina en mi hoyito intentando penetrarme, yo gimo fuertemente y el acelera la velocidad de sus lametazos… con sus manos desabrocha mi brassiere y comienza a masajear mis pechos y pellizcar mis pezones… Siento que ya no puedo más y exploto en un orgasmo que me deja satisfactoriamente cansada, el lame mis fluidos y yo me recuesto sobre el escritorio… Me dice –Linda aun no acabamos- Señalando la erección que se hace notar bajo su vaquero.

Me toma la mano y me lleva a un sofá que está a un lado del escritorio, se sienta y me pide que me arrodille entre sus piernas, lo hago y desabrocho el vaquero, bajo la bragueta y ahí está su enorme miembro con una erección monumental apenas contenida por la delgada tela de su bóxer… Paso la punta de mis dedos sobre su pene aun cubierto por la tela y un sonido gutural sale de su garganta, comienzo a babear su pene bajo el bóxer y el hace un vano intento por silenciar un gruñido de satisfacción… Así sigo jugando un par de minutos hasta que saco su deliciosa verga que masturbo un poco y luego me la meto a la boca regalándole la mejor felación que había hecho jamás, él me toma por los cabellos y marca el ritmo de mis mamadas, lo oigo gemir y me fascina, lo hago más de prisa hasta que me dice –Para linda, me vas a reventar la polla y aun quiero follarte-  Se pone de pie se saca los zapatos y los vaqueros quedando solo en el bóxer, saca del bolsillo del pantalón un preservativo y me lo entrega. –Colócamelo.- Dice mordiéndome el labio. Vuelve a sentarse y yo nuevamente me arrodillo entre sus piernas, bajo su bóxer, le doy una breve chupada a su pene y luego le coloco el preservativo, me pongo de pie. –Date la vuelta.- Dejo mi culo parado y el pasa sus manos masajeándolo, yo gimo y el me masajea el clítoris con sus dedos desde atrás, mis gemidos se vuelven más intensos, me gusta lo que hace pero de repente para y me da la vuelta dejándome frente a él, se sienta de tal manera que sea cómodo para cabalgarlo y me hace una seña para que me siente sobre su verga. Comienzo a cabalgarlo y ambos gemimos, el chupa y muerde mis pezones y mis gemidos resuenan por toda la oficina, aceleramos el ritmo,  sentimos que ya no podemos más, ahogo un intenso gemido en su hombro y juntos nos entregamos al éxtasis.

Nos quedamos un rato más, yo sentada sobre su verga hasta que nos recuperamos, me levante, me coloque el brassiere, la camisa y cuando me voy a colocar las bragas, el las toma y me dice –De recuerdo.- Y las mete en un cajón de su escritorio. Nos terminamos de vestir, ordenamos un poco y salimos, no sin antes el me da un beso apasionado y una caricia en el culo. –Podemos continuar más tarde si quieres?

-En mi casa te parece bien?- Digo dándole una pequeña caricia a su pene sobre la tela del pantalón y saliendo de su oficina…


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