DUDAS DETECTIVESCAS

Por cclecha
Enviado el 01/11/2015, clasificado en Intriga / suspense
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       Me acaban de llamar de la central de seguros para que investigue unas bajas masivas de pólizas que teníamos contratadas un un cliente importante.  Simplemente tengo que averiguar el por qué de tantas anulaciones.

      Ayer por la noche, vi en la TV la película el Halcón Maltés de Humphrey Bogart  en la que el detective Marlowe, está brillante. Ni que decir tiene que Marlowe es mi ideal, pero yo me tengo que contentar con recibir encargos como policía e investigador de la compañía, que no son siempre casos muy especiales.

     Voy a hablar con el secretario de mi cliente, el de las anulaciones, ya que este, todavía tengo entendido que  está convaleciente. El despacho al que me dirijo es un ático, propiedad de una de las muchas compañías de mi cliente.

      -Ding. Dong.- He quedado con el Sr. Antonio González y pregunto por él

      -Ya puede pasar. Ultimo despacho, al fondo- Me dijo una de las secretarias de recepción

      Llamé con tres golpes discretos a la puerta y enseguida me contestaron con un escueto-Adelante.

       -Hola-me presenté- soy el investigador de la compañía de seguros y creo que tenemos interés los dos en hablar.

        El señor González era un hombre relativamente joven y extremadamente delgado…la americana  gris que llevaba, difícilmente disimulaba a duras penas la multitud huesos de su cuerpo. Cuatro canas casi imperceptibles adornaban un pelo pulcro y cuidado.

        -Por favor, siéntese. Me repuso Gonzales con una cara de circunstancias. No sé por dónde empezar…Es complicado. Bueno intentaré  resumir… e iré directamente al asunto. El señor Rodés…mi jefe, enfermó gravemente ya hace unos meses, concretamente de un cáncer de páncreas. Después de muchas vicisitudes y quimioterapias, los médicos dijeron que era un caso terminal y que no se podía operar. Bien…ya hace un par de meses dijeron que no podían hacer nada más, así  que el señor Rodés, se fue a su casa, con la atención constante de enfermeras, a morir en paz.

         Mi jefe estaba rodeado de riqueza,  de infinidad de inmuebles, consultor en una gran empresa eléctrica y otra gasista, propietario de una fábrica de componentes de coche, sociedades constructoras, etc., etc., no lo voy a aburrir con más datos, pero no era de extrañar que quisiera poner sus cosas   en orden antes de morir.

        La verdad es que no tenía testamento hecho, ya que no tenía familia y además era soltero… no tenía familia, salvo un hermano gemelo, del cual tenía solo una dirección de residencia en Argentina y al que no había visto en treinta y cinco años.

        El Señor Rodes, no tenía teléfonos ni correos electrónicos de su hermano, pero si una dirección… por lo tanto quiso que le enviara una carta urgente a su hermano, por si por casualidad le llegaba y le podía ver antes del fatal desenlace.

         Yo, la verdad, no supe nada más del hermano… no me he enterado si recibió la carta y si llegó a venir… pero… - el Sr González, empezó a sudar, de forma anormal por su delgadez y por la estación de año en la que nos encontrábamos- me sucedió una cosa, que tengo que comentar con alguien como usted…un agente de la policía e investigador…he de contárselo a alguien.

      La situación, sucedió de la siguiente manera. Una mañana el Sr. Rodés me hizo llamar, diciéndome que con la enfermedad, había olvidado las contraseñas del ordenador y quería supervisar sus negocios…hasta aquí, podía entender que él se hubiera olvidado de algo tan básico como la contraseña. Pero lo que no podía entender es que se dirigiera a mí como Señor González, cuando siempre, desde hacía años, me había llamado simplemente  por “Tony”.

       A esto se sumó, que me pidiera que vendiese todas sus propiedades, que anulara su posición en la administración de las empresas, que empezara a cancelar las pólizas que ya no sirvieran… y que… lo más importante de todo…entregara todo el dinero de estas operaciones a beneficencia…Al Hospital de San Juan de Dios, de niños….a Caritas, al Hospital Clínico, a un par de ONGS…todo repartido, salvo una pequeña cantidad que se reservaba para él mismo, para su subsistencia.

       Bien…podía ser que la enfermedad terminal hubiera hecho que mi jefe cambiase su orientación existencial y obrase en consecuencia. Él, nunca había sido así…siempre había vivido para sus negocios y para el poder. Había algo que no me cuadraba. Como fuere que me parecía que cada día lo veía mejor, incluso paseaba, empecé a pensar, casi sin darme cuenta en la figura del hermano del Sr. Rodés.

        Para más consternación, al cabo de pocas semanas, pareció que la recuperación de mi jefe en forma de milagro, había llegado. Lo veía estupendamente. Yo estaba completamente angustiado porque no sabía cómo debía afrontar todo aquello.

       González cada vez sudaba de forma más inusual, entonces, me aventuré y ayude al secretario de Rodés en su discurso

        -¿Esta usted sugiriendo que el hermano gemelo de Rodés lo está sustituyendo?

        González se revolvió como una anguila y liberándose me dijo

        -No solo sustituyéndolo, sino que además creo que lo ha matado….

         -¿Tiene usted alguna prueba?

         -Ninguna… pero si tengo muchas dudas sobre lo que tengo que hacer. Entiéndame, si lo que digo es cierto, se ha cometido un crimen aborrecible sobre un enfermo…pero analizándolo con detenimiento, el mellizo en cuestión, adelantó la muerte de mi jefe… no sé, puede que quince o veinte días y en contrapartida está repartiendo el Bien  en Hospitales, ONG y Caritas. El dinero que revierte a estas organizaciones benéficas, es muy importante…. Por un lado está el crimen horrendo que privaría a mi jefe de unos   pocos días de vida pero por otro lado sin este crimen no existiría toda esa beneficencia…

         Le cuento todo esto porque no sé qué es lo que moralmente debo hacer. ¿Usted qué piensa?

        Pensé que la única manera que tenía de conocer la situación, es que correos cooperase y me ayudara a saber si el destinatario había recibido la carta y si este había salido de Argentina en dirección a España. Pero inmediatamente me asaltaron  dudas y calibré en lo que hubiera hecho el gran Marlowe… quizás él no hubiera hecho nada, habría dejado las cosas quietas y dejado que el Bien en forma de donaciones se esparciera entre tantos necesitados y enfermos. Como decía González, el asunto por el lado moral no estaba nada claro. Le dije a González

        -Mire, yo tengo tantas dudas como usted. Por un lado el asunto parece horrible,  pero por el otro parece una bendición de Dios. Dejemos que el auxilio en forma de donativos, siga fluyendo, no cortemos esta corriente benéfica que parece que quiere extenderse.

        De todas formas, vaya observando al sustituto del Sr. Rodés y avíseme si ve algo anormal y lo considera necesario. Creo que lo único que podemos hacer en este caso es dejar que esta corriente utilitarista en forma de buenas acciones no se corte. Pero por otro lado… no sé…tengo muchas dudas.

       

       


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