Decisión acertada

Por cclecha
Enviado el 01/11/2015, clasificado en Amor / Románticos
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      Hola. Es mejor que me presente. Me llamo Adela, tengo justo quince años y ahora vengo del colegio, donde me han dado una muy mala noticia.

      Un par de veces a la semana voy a tomar clases de música de forma extraescolar e incluso hemos formado una orquesta  de cuerda. El profesor  me dijo que yo tenía un talento natural para el violín y deseaba que continuara con mis estudios de música, cuando acabara el colegio. Pues bien, la actividad de músical estaba sufragada por el cole y ahora resulta que con los recortes, el año próximo, será una actividad de pago… y además de pago elevado.

      El asunto es que yo soy huérfana de padre de hace ya cuatro años y mi madre es florista, si bien la última semana de cada mes no llegamos para los gastos de la casa y mi madre tiene que pedirle a la abuela, que depende de su pensión, el complemento para pasar la semana. Total que estamos sin un duro y no veo la manera de continuar con la ilusión de mi vida, que es la música.

      Cuando estoy afectada anímicamente, el estrés hace que mi asma rebrote con más virulencia y es por ello que con la receta del ambulatorio, me llego a la farmacia a por el “Ventolin” y el “Cromolin”. En la farmacia me atiende Alex, que es un señor muy simpático que siempre está mucho de mi madre y de mí. Me da el “Ventolín” sin ningún problema, pero me dice que el”Cromolin” se lo traerán mañana por la mañana sin falta. Me parece bien, pero como que estoy más que blanda, arranco a llorar.

       -Oh no te preocupes, mañana tendrás el producto…no te oigo que estés tan mal…creo que es más bien por precaución- me dijo, creyendo que lloraba por esto.

       Me lo quedé mirando como una pava y los ojos acuosos. El con su bata blanca, bien parecido, más bien alto, un poco canoso…creo que entre cuarenta y cuarenta y cinco años… me halagó que se preocupara por mí. Y como quería desahogarme de alguna forma, le conté mi problema.

        -Mire Alex, me he puesto a llorar, no ya por la medicación, sé que no estoy muy mal, sino porque en el colegio me han dado una mala noticia. (Se lo conté todo a modo de desahogo)

        El me miraba fijamente, sin perder detalle. Entonces con una seguridad que no aceptaba replicas, me dijo

       -No te preocupes de nada. Yo pagaré las clases de música. Mañana iremos al colegio y lo arreglaremos. Ni tú ni tú madre me tenéis que dar nada a cambio. Lo hago porque os aprecio…y mucho. Lo único que es importante hacer es guardar el secreto entre ambos…es mejor no contárselo a tu madre, para ahorrarnos malentendidos… ¿me comprendes?

        Claro que lo entendía. Sabía que Alex nos quería, pero también se figuraba que el orgullo de mi madre le llevaría a no aceptar nada. Le di un beso en cada mejilla y me despedí de él.

        En la acera de enfrente, justo a la altura de la farmacia, tenía mi madre su pequeña floristería. Estaba fuera arreglando varios cubos con rosas, gladiolos, crisantemos… Su vida transcurría entre flores. Mi madre era guapa y todavía joven, no desentonaba nada con la belleza de las plantas. Me dirigí hacia ella para besarla. Ella me correspondió. Entonces me volví, disimuladamente hacia la farmacia y vi como Alex, había salido a la puerta para contemplarnos. Cuando no tenía trabajo, acostumbraba a salir a la calle para mirar a mi madre, siempre tenía tiempo para verla. Si bien ella, lo ignoraba y a duras penas le contestaba a sus saludos o comentarios.

       Aquella noche, como me encontraba más que alterada, después de la cena exploté hacia la única persona que tenía a mano. Mi madre. Además sabía que no le podía ocultar una cosa tan importante como la que Alex iba a hacer. Pero tampoco quería quedarme sin mis clases de música… arremetí contra ella

       -Mama, ¿Te has fijado en que Alex, el farmacéutico, siempre tiene un momento para mirarte?

      Ella ignoró mi pregunta subiendo ligeramente los hombros y haciendo una ligera mueca con la boca con cierto desdén.

      Esto me enervó, con lo que pasé al ataque directamente.

      -¿Qué es lo que no te gusta de él? ¿Qué es  más o menos de tu edad? ¿Qué es relativamente bien parecido? ¿Qué tiene carrera? ¿Qué tiene ciertas posibilidades? ¿Qué sólo tiene ojos para ti?- le dije con toda la ironía de que era capaz.

      Ella no me respondió nada. Parecía no entender mi súbita cólera. Me observaba algo consternada.

      Entonces sin poder ocultárselo por más tiempo, desembuché el problema con la música en el colegio y con el ofrecimiento de Alex. Ella reaccionó como yo me suponía

      -¡De ninguna manera! ¡Eso sí que no! ¡Tú que te figuras!¿Qué no tendremos que pagar nada a cambio? – me soltó

     Esto acabó de alterarme, la lucha ya estaba servida.

     -Pareces una más de mis amigas colegialas. ¿Qué pasa, qué no es lo suficientemente monín? ¿Tus hormonas no acaban de ponerse en movimiento? ¿No ves que un hombre bueno y que sólo está por ti y de rebote por mí? ¿No ves nada más de que si te gusta o no? Pareces las chicas del colegio.

      Entonces a mi madre se le enrojecieron los ojos. Me dijo

      -Tú, no te acuerdas pero ayer fue el aniversario de muerte de tu padre.  Hace cuatro años que falta. —Ocultó el rostro con la mano.

      Ya había metido la pata…no había marcha atrás. La sensibilidad de mi madre afloraba y yo me había dedicado a pisotearla…sin embargo había que pasar página. Además no tenía muy claro que todo lo que le había dicho, no fuera verdad. Sin ver atisbos de solución a los nuevos problemas, me levanté y con aspecto alicaído dije

       -Me voy a dormir. Buenas noches, mamá.

      Al día siguiente, un sol travieso entraba por el ventanal del comedor.  Mi madre ya estaba desayunando. Se la veía esplendida, radiante como el día. Más guapa que de costumbre, se había puesto un vestido que le realzada mucho la silueta y los pechos.

      -¿Cómo te encuentras de tu asma?

      - Medio, medio.- contesté

      -He pensado en irte a recoger la medicación a la farmacia- me dijo sonriendo desinhibida mente.

       -¡Oh! Ya te acompaño- dije empezando a comprender.

       - No, voy a ir sola- Se levantó con seguridad y con la receta en las manos se dirigió hacia la puerta. Más cuando iba llegando a esta, iba perdiendo temple y antes de tocarla se volvió y me dijo

       -¿Qué le voy a decir? ¿Qué tengo que hacer? Ayúdame, Adela

       Yo me sonreí y le dije:

        -No tienes que hacer nada.Él se ocupará, siempre lo ha hecho.  Piensa que lo que vas a hacer es una    cosa natural, les pasa a multitud de mujeres. Cuando él te hable, muestra algo del interés y del entusiasmo que siente por ti.

        Esta vez sentí complicidad con la mirada de mi madre y la vi que cogiendo  aire y nuevamente seguridad, enfilaba el camino de la farmacia.

     

 

 


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