La Leyenda del Monstruo Priapístico. (Capítulo 3 - 4 ).

Por Jaimeo
Enviado el 08/11/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Como un Hermoso Doncel Perdió su Virginidad.
“Juan Lobos era un muchacho campesino como todos …, bueno, como casi todos, pues tenía una rara belleza masculina que atraía las miradas de las mujeres. A sus dieciséis años aún era virgen, algo extraño en esos campos donde las arboledas y malezas eran cómplices para la lujuria desatada en cuanto los amantes se unían con las campesinas, a veces en forma violenta.
“La Micaela, era una joven mujer atractiva y con su cuerpo muy bien formado; con sus 25 años, ya separada de su esposo, quien la repudió por ser demasiado excitable y por no perder oportunidad para ponerle los cuernos con cualquier macho bien dotado.
“Cuando sus ojos descubrieron al joven Juan Lobos, su afiebrada mente maquinó una trampa para atraparlo. El inocente aceptó de buen grado ir a ayudarla a recoger leña al bosque al lado de una sementera, cuyas espigas estaban cercanas a entregar su trigo.
“No alcanzaron a llegar a los árboles cuando la Micaela fingió tropezar y quedar de espaldas con la falda recogida hasta quedar a la vista sus calzones negros que contrastaban con la blancura de sus hermosas piernas. Con un gesto de dolor se tomaba un brazo, mientras el mancebo quedó embobado mirando tan atractivo espectáculo; la naturaleza hizo lo que correspondía, su virgen y gran miembro viril se puso enhiesto sin que él lo quisiera. Su pantalón de tela delgada dejó al descubierto su excitación que a la Micaela no le pasó inadvertida; la bribona lo llamó para que la ayudara a ponerse de pie y en cuanto Juan quedó a su alcance lo tomó con brusquedad y lo arrojó sobre las espigas que los ocultaban de cualquier mirada indiscreta.
“El joven no era tonto y había escuchado a sus amigos cómo era la cosa. Se resistía, pero poco a poco el deseo se apoderó de él y sintió como la gozadora mujer le cogió su miembro y con un grito de placer lo clavó entre sus piernas.
“Juan nunca había sentido tal placer en su corta vida y se dejó llevar por la ardorosa campesina. Sin embargo no todo es tan hermoso, de pronto el muchacho sintió un fuerte dolor, similar a la quemadura de un cigarrillo en su pierna derecha; pensó que la enloquecida Micaela le había clavado sus uñas, por lo que no le dio mayor importancia, aunque su pierna ardía.
“La energía de su pubertad hizo gritar de gozo a la ardiente campesina, pero un nuevo ramalazo cerca de sus genitales lo hizo lanzar una exclamación de dolor que su compañera confundió con placer. Ya sentía saciada su calentura, pero notó con agradable sorpresa que el muchacho seguía cabalgando sobre ella sin ninguna señal de querer terminar. Un tercer grito de él, quien se tomó el cuello con un gesto de sufrimiento, la hizo comprender que algo fuera de lo normal estaba ocurriendo.
“La Micaela estaba exhausta, nunca la habían dejado satisfecha completamente, pero este púber era terrible. Cuando quiso acariciarlo, lo vio rojo y con cara de sufrimiento; asustada porque creyó haberle dañado su pene, miró y sorprendida lo vio erguido como si recién hubieran comenzado el coito. El pobre joven se quejaba con su miembro enrojecido.
“Campesina y ardiente sería la Micaela, pero nunca mema. Dentro de sus conocimientos recordaba la picadura de la araña del trigo, la de vientre rojo; comprendió que Juan había sido picado no una sino varias veces.
“Acudieron donde la Machi Tomasa, la curandera de esa zona; el pobre llevaba una manta delgada que le cubría la vergüenza de continuar con su miembro viril erecto y doloroso; la “médica” , una matrona gorda ya entrada en años, miró el sexo y dio su diagnóstico: priapismo provocado por la picadura de araña del trigo. Tratamiento: sentarse en un riachuelo con aguas muy frías, hasta que el pene quedara naturalmente fláccido.
“Avergonzado por haber sido violado por la Micaela y adolorido en sus genitales, Juan guardó silencio acerca de su aventura con tan terribles consecuencias. Lo consolaba el hecho que todos los “picados por la araña”, mote que se les da a los hombres que andan con su miembro viril siempre listo para entrar en batalla o que han sufrido el percance de haber sido mordido por la curiosa araña del trigo, se podía aliviar rápidamente.
“Pero no en su caso, fueron demasiadas las mordeduras de esos  arácnidos, actualmente estudiados para descubrir sus cualidades. Así comenzó una verdadera leyenda, pues este joven no podía evitar las erecciones cuando veía una mujer que le gustaba; fue tanto que sus antiguos amigos querían golpearlo, las hembras lo perseguían y debió huir hasta esconderse en la profundidad de un bosque.”
Marta, la que hacía de vocera del grupo de sacerdotisas, terminó de contarles la historia de Juan Lobos y su desgracia. Las cuatro muchachas se enamoraron perdidamente del joven y le servían como amigas, pero mantenían relaciones sexuales con el joven de tan extraordinaria potencia viril y sabían controlarlo. Se disfrazaban para espantar a los campesinos, pues temían lo agredieran  y se encargaron de echar a correr la historia de tal bestia monstruosa.
—Pero… , aún no queda claro por qué se transformó en un verdadero … fauno.
—¡Ah, eso! Pues bien, vino desde la gran ciudad un médico, quien no lo pudo sanar, pero le dijo que debería ser examinado por especialistas neurocirujanos. Sospechaba que el veneno de los arácnidos se había depositado de algún modo en el cerebro; esa era la única explicación para tales ataques de excitación.
—Lo acompañamos a la capital…, pero fue un desastre cuando una joven doctora tuvo la curiosidad de conocerlo y le mostró algo más de lo prudente…


Finalizará
Como Cambió un Cuento.


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