La Leyenda del Monstruo Priapístico. (Final Capítulo4 - 4 ).

Por Jaimeo
Enviado el 08/11/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Como cambió un Cuento.
—Fue terrible —rememoró la hermosa sacerdotisa—. La bella doctora cayó rendida a los pies del hermoso joven y no encontró nada mejor que pedirle, cuando estaban a solas en la clínica, se echara sobre una camilla y ella le haría masajes en el cuello. No niego que nosotras las mujeres sabemos seducir a un hombre, pero no a un monstruo del sexo; se subió sobre las espaldas de él y con picardía le pidió que se volteara hacia arriba. Sus hermosas piernas al aire fueron suficientes para que Juan desenfundara su gran espada que ensartó profundamente a la liviana médica, quien sintió la demencia del amor. Cuando aparecimos con los médicos ella reía y gritaba de placer como una loca; el bestial varón la tenía agarrada con fuerza y la penetraba con su poderosa lanza una y otra vez, la joven estaba desfalleciente y en letal peligro. Ayudamos a controlarlo con agua fría, pero Juan se dio a la fuga; tenía razón en huir, porque la burla del personal del centro de salud fue total, tanto que debieron mentir y acusaron a nuestro amigo de haber violado a la doctora.
“Logramos sacarlo de la ciudad y en secreto lo trajimos a este bosque. Así Juan Lobos pasó a llamarse simplemente Lobo, como en el cuento de la Caperucita Roja. Por desgracia regresó deprimido y se nos escapó; estuvo varias semanas desaparecido, hasta que supimos la extraña historia deformada precisamente de la Caperucita Roja. Fue así como lo encontramos.
—¿Cómo fue eso?—preguntó la pelirroja.
—¡Uh, la historia tuvo ribetes cómicos, pero casi atrapan a nuestro amigo!
“En una oportunidad Juan, hambriento y cansado de vagar por bosques desconocidos, encontró una cabaña donde una señora muy atractiva, de unos cuarenta y siete años, quien se apiadó de él; le dio comida y albergue, mas no sabía que era un peligroso monstruo disfrazado de hermoso ángel.
“Había pasado un par de días de paz y tranquilidad; ayudaba a la señora solitaria con la leña y todo lo que un hombre con su fuerza puede hacer, pero …pero el Diablo tuvo que meter su cola en ese pequeño paraíso. Llegó de visita la nieta de la amable dama, una jovencita, al parecer no muy inocente, y comenzó a coquetearle a nuestro amigo, quien no le hizo caso, pues apenas tenía unos 18 años.
“La abuela, que era muy despierta, se dio cuenta de la maldad de su nieta y la regañó. Furiosa la muchacha la acusó de acostarse con el apuesto joven.
“Hasta ese momento la buena señora no había tenido ninguna idea lasciva, pero las palabras de su nieta despertaron su apetito sexual. Ya no miraba con cariño de madre a Juan y no podía dormir de noche; él soñaba como un bendito en un dormitorio contiguo, libre de la maldición que el destino le dejó.
“La Caperucita, digo la nieta, dormía junto a su abuela, quien no soportó más el llamado de su olvidado entrepiernas, húmedo de ganas de entrar en acción después de mucho tiempo, en silencio se acostó al lado del hermoso durmiente. Desnuda como estaba, la adulta hembra lo abrazó con la extrañeza de Juan, quien encendió una vela; la hermosura que conservaba todavía la mujer hizo que sufriera el conocido síndrome de priapismo que ella, muy inteligente, descubrió con alegre placer al levantar las sábanas. La bestia acometió contra la pobre abuelita, que no sabía el lío en que se metía.
“La muy despierta nietecita, se levantó ante los quejidos de deleite de su abuela; a la luz de la candela vio al lobo que enterraba su gran clavo una y otra vez en la ardiente abertura de la mujer, quien ya lanzaba grititos de goce. Se asustó, pero al verlos desnudos la hizo comprender que estaban en medio de una encendida cópula y fue presa de un exacerbado placer en su joven genital que se humedeció como por arte de magia. Con decisión se desnudó y comenzó a acariciar a Lobos, quien, en un momento de lucidez, descubrió a la jovencita y soltó a la señora.
“Nunca supo la jovenzuela que había salvado la vida a su abuelita; su vagina era atacada bestialmente por el monstruo de los bosques y ahora era la moza que se quejaba fuertemente de tanto gusto por tener dentro el ardiente pene del irracional ser. La buena señora, caída en la tentación, cuando recuperó el aliento y su corazón funcionó casi normalmente, entendió que estaba con un varón extraordinario y en su desesperación comenzó a dar grandes gritos para que Juan Lobos soltara a la muchacha.
“ Un guardabosque que iba de regreso a su cabaña, acertó a pasar por el lugar y escuchó los alaridos de la dama. Logró echar la puerta abajo y vio con asombro como la bestia hacía reír y gritar de gozo a la mozuela, mientras su abuela, desnuda, gritaba pidiendo ayuda.
“Lobos sintió fuertes golpes en su cabeza, malignamente miró al guardabosque y con un fuerte manotón lo dejó fuera de combate; tuvo que abandonar a las mujeres y salir de la cama con su miembro húmedo y erecto, instintivamente tomó sus ropas y se dio a la fuga. Como siempre el gran remedio fue llegar a una corriente de agua fría y permanecer sentado hasta calmar a la bestia que tenía entre sus piernas.
“Naturalmente que en esos lugares el cuento de Caperucita Roja tuvo un cambio desde entonces, aunque las dos mujeres cerraron sus bocas no lo hizo quien las salvó. Otra vez debió huir de ese lugar, pero nosotras lo rescatamos".

Epílogo.
-De ahí la razón por la que lo cuidamos y nos disfrazamos. Nuestro Juan debe permanecer en lo más profundo del bosque. Esperamos que ustedes guarden el secreto de este legendario hombre lobo que algún día sanará solo, sin otra ayuda que la nuestra…. Por supuesto que lo socorremos… con placer.
-Amigas, si desean venir a pasear al bosque … nosotras no somos egoístas. Creo que podemos dominar al demonio que se apoderó de nuestro querido amigo, serán bienvenidas siempre que guarden el secreto.

Ambas científicas se alejaron de la cabaña, prometiendo no hablar acerca de Juan Lobos y sus desventuras; que nunca más regresarían a exponerse a morir de amor.
No obstante, cuando ya llegaban a la civilización, ambas se miraron y rieron: habían tenido la misma idea … volver a ser presas de la peligrosa lujuria de Juan el Lobo, total ya conocían el remedio del agua fría.

 


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