Caigo (parte II)

Por El Osesno Mayor
Enviado el 05/11/2015, clasificado en Cuentos
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Caigo (parte II)

Contrariamente a lo que supondrán e incluso yo supuse, no me estrellé en el fondo del abismo y mucho menos fue de cabeza. En el sueño (¿o era la realidad?), la velocidad iba descendiendo, como si algo me frenara. Casi me detuve en el aire, giré sobre mí mismo y, sutilmente, asenté mis pies sobre un inexistente piso. Todo era oscuro, la sensación era de estar en un recinto infinito, sin paredes, pero de asfixiante estrechez. Pese a que podía caminar con firmeza, en mis pies no se sentía el contacto con alguna superficie. No había olor a nada, el clima era agradable más bien tirando a fresco. La duda era si debía esperar a que los acontecimientos me sorprendieran o era yo el que debía moverme para ir en su búsqueda. Supuse que la respuesta correcta, como siempre, era la más simple. Decidí ir yo en busca de lo que había en esa profundidad.

Anduve y anduve y anduve. Creo que por varias horas o tal vez varios años. Sí, no es de extrañar; creo haber dicho que en los sueños el tiempo no transcurre de la misma forma que en la vigilia. Tal vez unos minutos durante la noche para mí fueron 10 años de vida. Caminando por esa oscura inmensidad, me di cuenta de lo que ocurría: no encontraba nada porque no esperaba encontrar nada. Entonces llevé a cabo el plan que había pensado, comencé a caminar pensando que iba a encontrar algo. Y a los pocos pasos sucedió, encontré algo. Sentada en el piso había una nena de aproximadamente 6 años, estaba mirando hacia el piso. Cuando me acerqué, me miró fijamente a los ojos. No estaba llorando pero tenía ojos de haberlo estado. Parecía que había llorado durante los últimos 45 años. No la conocía sin embargo su rostro me parecía familiar. Me acerqué más, seguía sin recordarla. Hasta que habló y me dijo: ¿no te acordás? Soy la hormiguita…o, era la hormiguita. Entonces caí en la cuenta. No me acuerdo como se llamaba, pero yo siempre le dije: la hormiguita y en algunas veces, la hormiguita atómica. Automáticamente, ni bien mi cerebro registró y trajo al presente la memoria de aquella chica, solo atiné a decir “perdoname” y casi instantáneamente me respondió: ya no hace falta. Ha pasado tanto tiempo y lo hecho, hecho está. Volvió a mirar hacia el piso y se quedó en silencio. Me alejé de aquel sitio en silencio y mirando al inexistente piso. Al principio no la había conocido ¡había pasado tanto tiempo!

Unos pasos más allá me encontré con un muchacho de aproximadamente 25 años, también estaba sentado en el piso y mirando hacia abajo. Cuando levantó la mirada hacia mí se lo veía como cansado, tal vez enfermo. De él me acordaba un poco más solo que los tiempos se me borraban. Creo haber dicho que en la vigilia, los tiempos transcurren de otra forma. Un cuarto de siglo parece solo un instante. Tenía sus ojos mansos como preocupados y con gestos de haber llorado por más de 27 años. Solo me dijo: yo soy el que dejaste pedaleando en el aire. Y también me alejé; había intentado decirle perdóname pero no me salió palabra alguna.

Y seguí caminando y encontrándome con diferentes personas y todas habían tenido algo que ver en mi vida. Y estaban en una situación de final sin retorno y yo a su vez había tenido que decirles algo en su momento y no lo dije. Y ahora después de tanto tiempo transcurrido quería decir algo y no me dejaban. Sería porque era demasiado tarde o porque ellos ya lo habían entendido mucho tiempo antes que yo. Tenía una compañera en primer grado que la jodía diciéndole la hormiguita porque era chiquita y morochita y a ella no le gustaba en absoluto y yo seguía repitiendo porque me parecía divertido. En ese momento no me daba cuenta, creía que la vida era como en los programas de televisión donde para ser graciosos, unos cargan a otros y se ríen de sus defectos físicos. Y entonces faltó al colegio, me enteré al segundo día que había tenido un accidente de tránsito; un colectivo perdió la dirección y se subió a la vereda y atrapó a una chica contra los hierros de una pasarela. Entonces siempre quise a ir a visitarla al hospital pero nunca les pude decir a mis padres el sentimiento de culpa que me embargaba. Cuando finalmente les pude decir, me dijeron que ya había fallecido. Tenía otro compañero de estudios que un día quiso competir conmigo por la jefatura y yo no quería competir porque no me interesaba. En lugar de decírselo, lo dejé que compitiera solo sin avisarle y que quedara en ridículo compitiendo solo. Más tarde cuando quise decirle que lo dejé pedaleando en el aire para que hiciera el ridículo y de paso preguntarle por qué había querido competir si siempre nos habíamos llevado bien, me enteré que había fallecido de una grave enfermedad.

Y así seguí caminando y encontrándome con muchas personas que habían pasado por mi vida y no les dije en su momento lo que les tenía que decir, pensaba que era más civilizado, y con el tiempo me di cuenta que era cobardía. Luego de haber entendido lo que no fue, y teniendo en cuenta que había dado vueltas en círculos, llegué de nuevo junto a una gran muralla. En todo caso así parecía vista desde abajo. En realidad era la famosa cornisa que tanto me había seguido en los sueños solo que ahora la estaba viendo desde abajo. Entonces surgió la gran duda ¿Cómo subo por ella para llegar a la cima? O en todo caso, si se trata de un sueño puedo despertarme a voluntad como lo he hecho otras veces… y me levantaré en la mañana y me ducharé y me iré a trabajar como todos los días. Pero no sucedió. Pasó mucho tiempo y yo seguía en esa oscura inmensidad. No me hice grandes problemas porque pensé que en realidad transcurrieron solo apenas unos minutos. En algún momento pensé que en la mayoría de los sueños me despertaba a voluntad pero solo cuando la situación me angustiaba y no era el caso actual.

Entonces en el medio de la inmensidad percibí que se me acercaba gente. No los puede distinguir en la penumbra. Me parecieron que eran muchos. En un momento se detuvieron y los sentí junto a mí. Me dijeron en vos baja pero que resonó por multiplicarse por miles: nosotros también te queríamos decir perdoname… antes que fuera demasiado tarde.

CABA 11-11-11


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