Cacería en enero (3)

Por Pedro Buda
Enviado el 06/11/2015, clasificado en Cuentos
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                                                              III

La primera noche de campamento, encendieron fuego a orillas del río. Tomaron unos vinos y asaron un carpincho que cazaron.

? ¡Qué suerte la tuya Gringo! Lo viste, y el primer tiro en el punto exacto –dijo entre risas el Carpincho.

? ¡ Bien decís che! Pura suerte. Pero lo importante es que tenemos para cenar esta noche y para el desayuno de mañana ¿no? Y justo un carpincho ¿no?

? El próximo será el mío. Ya lo verás.  O, aunque más no sea  un carpinchito –le espetó Carpincho.

? Esto es para ir afinando la puntería –comentó el Chochán. Ya tendremos presas más importantes.

? ¿Y qué presas tenés pensado che gordo? –preguntó el gringo.

?  Unos bípedos... ?  respondió Chochán.

?  ¿Algún ñandú? Mirá que si esa era tu idea de salir a cazar estás jodido  ? refunfuñó Carpincho.

?  No, no. ¿Cómo les queda cazar algún Pilagá? 

?  ¿Qué...? Vos estás bien jodido gordo. No podés... Sos un pelotudo. ¿Cómo que cazar a un aborigen? ¿Te volviste loco?  ? dijo Gringo. Vi huellas que aparecen y después se pierden. Creo que vos también los viste. Pero...

?  No, nada de eso. Mi abuelo cazó cientos... ? explicó Chochán.

?  ¿Cómo que cazó cientos? ¿Qué decís?  ?  preguntó Carpincho.

?  Mirá... el viejo recibió, del gobierno de entonces, unas cuantas leguas de tierra. Pero, el resto se las fue ganando al indio. Los malones, cada tanto −según contaba− lo jodían y, entonces, él los combatió. Salía a perseguirlos con algunos de los peones; se internaba en los montes a recorrer y los cazaba. Les decía a los peones que eso era la forma de defender sus tierras. Y así fue como el viejo logró amasar esas leguas y leguas de tierra, que hoy... Hoy, ni se sabe su valor  ? detalló Chochán.

Entre vino y vino, se fue la noche. El fuego ardía lento, sin brisa que la hiciera crecer. El silencio era total, sólo un búho cortaba esa quietud, de tanto en tanto. La primera guardia para vigilar le tocaba al Gringo, pero apenas se dieron vuelta los otros, cayó dormido también. "Estamos de licencia"  ? se dijo y cayó rendido, bajo la inmensa luna redonda.  

A la mañana siguiente, Chochán fue el primero en despertar. Aún no salía el sol pero su luz alumbraba un poco, lo suficiente, para ver unas huellas. Las huellas de su presa. Eran cuatro pares de pisadas. Puso su pie derecho sobre uno de ellas y comparó las dimensiones. "Te tengo" –dijo para sí. Y fue el inicio de la cacería, al menos para él. Miró para arriba buscando su estrella, a la que habitualmente se recomendaba, y no la encontró. Pocos minutos después se descalzó para darse un baño en las aguas del río. Tanteó entre unos follajes y sintió como algo punzante le atravesaba la piel del pie izquierdo. Sacó del agua el miembro y todo su cuerpo. No sangraba, pero el dolor era intenso. Esa punta de madera quedó incrustada en su pie y le molestó por años, sin curar nunca.

Gringo y Carpincho también despertaron e iniciaron las tareas para levantar el campamento. Carpincho arrimó un par de ramas para calentar agua para el mate.

Al terminar el desayuno revisaron sus reservas de agua, el estado de los caballos, las provisiones, el estado de las armas y las municiones. Contaban con una escopeta doble caño paralela 14 mm, una escopeta 16 mm superpuesta, una Remington 870 calibre 12, un revolver 38 y otro 45.   

Los aborígenes remontaban el curso de agua río arriba. Llevaban arcos, flechas y unas lanzas con los que atrapaban  peces. Cada tanto se cruzaban a la otra orilla, pues la profundidad en esa zona no era importante. Así se perdía el rastro por algunos kilómetros pero volvía a verse en la misma orilla más indicios de que estaban en la zona. Restos de pescado asado a las brazas. Unas ramas amontonadas con abundante follaje también a un costado del río, como para cubrirse, era un claro indicio que habían parado en la noche, tal cual ellos.

Poco a poco, estos hombres estuvieron cada vez, más cerca de sus objetivos.

                                                                Sigue...

                                                                                                                                   Pedro Buda

                                                                                                                             Walter H. Rotela

http://www.pebuwar2.blogspot.com.uy/2015/11/cuento-caceria-en-enero.html


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