El atracador agorero

Por cclecha
Enviado el 08/11/2015, clasificado en Humor
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       El coche avanzaba rápidamente por una pista árida de tierra, rodeada por unas llanuras infinitas, sepultadas por cosechas de trigo a punto de recoger.

       De repente el coche desaceleró, y en medio de una nube de polvo, titubeando se paro en una encrucijada de caminos de destino incierto.

       El conductor, un hombre grueso, joven y con una papada y calvicie que nadie hubiera querido para sí, se giró hacia sus compañeros y les dijo

       -¿Y ahora qué? ¿Por dónde tiramos? ¿Qué hacemos?

     Una voz profética y suficiente, contestó

       -“Ningún viento es bueno, cuando no se sabe a puerto se va”.

       -Déjate de frases-le contestó Ernesto-…creo que si giras hacia la derecha iremos a parar a una casa de campo

       Unos sollozos contenidos se escucharon, proferidos por el más joven de grupo.

       -¿Por qué hemos tenido que atracar el banco? Seguro que la policía ya viene sobre nuestros pasos. ¿De qué va a servirnos la bolsa de dinero que llevamos?... ¿Por qué hemos tenido que hacer algo incorrecto…? No estaremos tranquilos nunca más

       -“Supe lo que era la felicidad, por el ruido que hizo al salir”

       -Ernesto se revolvió contra el agorero como cuando pisas a una serpiente y le dijo-cállate, te lo exijo, ahora más que nunca, necesitamos gente que aporte cosas constructivas, no iluminados profetas.

         La casa, apareció de improviso, detrás de una curva y oculta en parte por unas cañas de bambú silvestres y en parte por una majestuosa palmera. Las altas paredes ocres y descorchadas de la misma, parecía que daban la bienvenida a los atracadores.

           Ernesto consiguió desplazar ágilmente su alta figura fuera del coche y cogiendo la bolsa del dinero, mandó a sus compañeros que lo siguiesen. La casa, imponente, estaba deshabitada y de una certera patada en la puerta entraron todos en bloque.

         Como líder, enseguida tomó la voz cantante y dijo –es mejor que nos repartamos el dinero…esto nos estimulará

         El falso profeta no se pudo reprimir y dijo “el dinero no da, ni mucho menos, la felicidad…aquel no depende en gran parte de nosotros, es una cosa exterior a nosotros, como los honores y la fama…hoy podemos tenerlo y mañana, no. En cambio lo que si depende de nosotros son nuestros conocimientos, nuestro interior, personalidad y sensibilidad, eso siempre será nuestro, eso es lo que hay que potenciar,”

         Ernesto se lanzó contra el iluminado y cogiéndole por las solapas le dijo - ¿Pero qué dices desgraciado, no te das cuenta de la situación en que estamos? La diferencia de tamaño entre ambos era evidente…uno alto y el otro insignificante. Ernesto estaba encolerizado, sin embargo el adivino, todavía con las solapas presionadas, quería mantener la calma como si sus palabras tuvieran una relación con la verdad.

         El jovencito, mirando al agorero, dijo -No entiendo porqué has venido con nosotros a por el dinero, si ahora parece que no estás de acuerdo

       -Bueno…ya sabes “mientras esperamos a vivir, la vida va pasando”. “La vida es muy breve y por lo tanto los pocos momentos de esta, hay que intentarlos vivir con intensidad”

       -¿Qué quieres decir?

       -Pensé que todo esto del atraco me movería por dentro, me haría vibrar, pero ahora sé que es una cosa negativa y que solo lleva la intranquilidad. El enfrentarse al orden a la sociedad y a la justicia, `provoca desasosiego

         El de la papada, con la pistola en la mano, estaba controlando la pista desde la ventana por si los seguían

     -Basta de cháchara. Me ha parecido ver como un coche de la policía se ha detenido a lo lejos y está observando la casa.

     -“Si quieres paz interior, acostúmbrate a desear las cosas, no como tu deseas que ocurran, sino deséalas como realmente ocurren”

     - Mal nacido- Ernesto se abalanzó sobre él agorero y le lanzó un puñetazo que le pasó rozando la mandíbula.

     El jovencito, viéndolo todo perdido, dijo -¡Quietos! ¡Basta! ¿Y ahora qué hacemos?

     El falso profeta tomó las riendas de la situación y dijo

     -La única solución a nuestro alcance, es dejar la bolsa de dinero aquí, y escaparnos con el coche. Es muy probable que si encuentran el dinero, se den por satisfechos y nos dejen en paz Además, viene un solo coche de policía y creo que lo último que pretenden es liarse a tiros con nosotros. Si regresan con el dinero, ya obtendrán las felicitaciones pertinentes y se conformaran.

       Ernesto, por primera vez, vio correcta, la visión del agorero y añadió con prisas

     -Rápido, dejar en la mesa la bolsa del dinero, salir por la puerta, procurando que no os vean y todos al coche.

     En un periquete estaban escapando a toda velocidad por la pista. Esta, zigzagueando se encaramaba a una pequeña loma, desde donde había muy buena perspectiva de la casa. El conductor no pudo reprimir, desde aquellas alturas y parando el coche, observar como el par de policías, con las armas desenfundadas, se aprestaban a a entrar en la casa… No tardaron mucho en volver a salir y esta vez con la bolsa de dinero.

     -¡Eureka!- exclamó el conductor- el coche de policía, da media vuelta y se larga…eso sí…con nuestro dinero

     -Nuestro dinero-sollozó el chico

     -Puede que nos hagan un favor…ya os he dicho que el dinero no nos daría la felicidad…imaginaros, todo el día preocupándonos que no nos lo robaran, o que lo perdiéramos…más siendo de origen ilegal. No chico, hazme caso, por esta vía no estarías contento. Si quieres un consejo, para ser feliz, no te compares nunca con los que tienen más que tú, ya que padecerás… en cambio es mejor que vuelvas tu cara a los que son tan pobres o pringados como tú, por ejemplo, tus amigos de fechorías…así estarás feliz. La gente compara…la felicidad compara para legitimarse…

     Además…ya nos hemos librado de la policía…ahora solo nos falta escapar de nosotros mismos… y de nuestras miserias.

     El gordo de la papada, ya empezaba a sonreír con las frases del agorero, mientras que Ernesto, mordiéndose los puños, se ponía rojo como la grana, tiró los pasamontañas, con rabia, que todavía pululaban por el coche, por la ventanilla, se despidió mentalmente del dinero y se preparó para seguir escuchando las frases apocalípticas del falso profeta…eso, si lo aguantaba y no le largaba otro mamporro.

 


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