Tres sumisas para mí en una casa rural (Capítulo 2A)

Por T.ahotlo
Enviado el 20/02/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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El primer capítulo acabó cuando me corrí dentro de la boca de Sara y al sacar mi pene observe como ella tragaba.
Cuando aún se deslizaba mi semen por su garganta yo le ordené a Sara que me explicara la decisión tan extraña que habían tomado tres mujeres adultas de hacerse sumisas del primer desconocido que tocara su puerta.
Sara, cuando hubo dejado libre su boca me contó que Idearon hacia diez años hacerse sumisas de un mismo hombre, estando en la universidad; era una idea fija que las dominaba; la de entregarse las tres a un mismo hombre, y además que fuera un desconocido, ¡al azar! Para mayor sumisión aun. Nunca tuvieron la voluntad suficiente para llevarlo a la práctica pero si el deseo grabado en sus sueños más profundos, hasta ahora solo habían tenido juegos de dominación con algún hombre, pero solo algún fin de semana y solo juegos sexuales, pero nunca una entrega total, como la que habían firmado conmigo; que era lo que más ansiaban desde hacía años y que ahora siendo más maduras lo tuvieron totalmente claro cuando después de varias charlas profundas entre ellas llegaron a la conclusión de que era lo que más deseaban en sus vidas con diferencia.
Este año salieron en viaje de vacaciones con un juramento hecho por las tres y redactado por escrito antes de salir, en este viaje cumplirían su sueño.
Decidieron que al llegar a la casa rural se ofrecerían al primer hombre que entrará en su habitación, a excepción del dueño de la casa rural, también decidieron ir semidesnudas por su habitación (Desnudas de cintura para abajo) Para más excitación aun, lo que llevó a juegos lésbicos, porque la desnudez y la gran excitación que les provocaba el pensar en su próxima sumisión voluntaria les hizo sacar a la luz deseos ocultos de lesbianismo que no creían tener, pero los tres días que llevaban en esa habitación semidesnudas se habían comido los coños entre ellas repetidas veces con gran placer, lamentaron el no haberlo hecho antes, pensaron que si no hubieran sido tan pudorosas entre ellas estos años con el tema lésbico habrían disfrutado de este goce mucho tiempo antes; también decidieron hacer ruido, para atraer candidatos a su puerta, cuando yo fui a protestar por el ruido me ofrecieron ser su dominador.
¡Me tocó el premio gordo, en mi primer día en la casa rural! ¡Tres bellas sumisas entregadas a mi voluntad!
Entonces entendí porque el contrato estaba tan bien redactado, ¡porque no era algo improvisado! ¡Llegaron a la casa rural con el contrato debajo del brazo! Dispuestas a darle el control de sus voluntades y sus cuerpos a un extraño, pero sin violencia; como ponía en el documento.
Para este segundo día yo había planeado " Actividades al aire libre" podríamos llamarlas así y las había organizado la noche antes durante mi paseo por el pueblo, este día la dominación sería.... ¿Cómo lo diría? ¿Más sofisticada? ¡Si eso, eso!
Después de mi corrida en su boca y de sus explicaciones volví a mi habitación, me duche y afeité, me vestí con unos vaqueros y una camisa a cuadros. El día sería completito
Mande un wasap a Virginia (para entonces ya tenía sus números en contactos) ¡Que mejores contactos que tres sumisas por un año renovable!
Por watsap les ordené que se ducharan, porque estarían sudaditas después del comienzo sensual de la mañana y que después se pusieran faldas las tres y que fueran faldas lo más cortas posible, y sin bragas ni tanga.
- Virginia quiero que te afeites el coño, como lo tienen afeitado tus dos amigas, con solo una rayita de pelo en el pubis, porque hoy tengo un trabajito para ti; son las once de la mañana, a las once y media en punto os espero a las tres en la entrada de la casa rural -le escribí por wasap (Ya me iba haciendo al papel de dominador)
- Sí señor Antonio ¡ahora mismo me lo afeito! -me escribió por wasap Virginia, tan obediente.
Antes de las once y media ya estaban las tres en el portal de la casa rural, con sus falditas cortas, salió Paco el dueño de la casa rural y me dijo al oído.
¡Que pronto ha ligado usted! ¡Nada más llegar!
Sonreí y le dije adiós con la mano, salimos andando hacia el pueblo (Estaban preciosas las tres) desde la casa rural al pueblo habría unos dos kilómetros más o menos, el paseo al sol era muy agradable, en el norte no quema tanto el Sol como en Córdoba en verano.
Ya habíamos andado medio camino y el pueblo se veía a lo lejos.
- Virginia quiero que te quites la falda y te dejes solo esa camiseta de tirantes, que se te vea el chocho recién arreglado, que la falda te la guarde Ingrid en ese bonito bolso - le dije con autoridad.
- Señor puedo hablarle de su orden -dijo Virginia
- Habla, habla.
- Estamos llegando al pueblo creo que se van a escandalizar los vecinos.
- No te preocupes, está todo pensado ¡Venga dame la falda! -le ordené.
-¡Si señor!
La cogí de su mano y se la entregue a Ingrid, que la dobló y guardó en su bolso.
Al llegar al pueblo había un camión tráiler aparcado en la puerta del restaurante donde cené la noche anterior.
(El culo de Virginia relucía con el Sol del mediodía tan blanquito, “precioso”) Junto al camión había una pequeña arboleda frondosa, toque en la puerta del camión y al momento bajaron dos hombres.
- Aquí está la morenaza que os prometí anoche -les dije a los dos camioneros.
El más mayor de los dos me dijo, que si a mí me parecía bien podíamos ir detrás de esos árboles, yo le dije que de acuerdo.
- El otro camionero le dijo al primero ¡Pepe lleva el coño al aire la puta!
Fuimos todos detrás de los árboles, desde la carretera no se nos veía.
- Sara tu e Ingrid quedaros vestidas mirando y tú Virginia quítate la camisa de tirantes y las sandalias para quedarte totalmente desnuda y ponte de rodillas, que te he prestado a estos dos camioneros para que se la chupes a los dos hasta que se corran
- Sí señor - dijo Virginia con nerviosismo.
(El día antes por la noche estando yo comiéndome mi chuletón en el restaurante escuche lo que hablaban en la mesa de al lado estos hombres, aunque hablaban en voz baja afine el oído y lo pude oír................... (Sigue en el capítulo 2B)


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