Tres sumisas para mí en una casa rural (Capítulo 2C)

Por T.ahotlo
Enviado el 20/02/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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- ¿Ingrid te importaría ir a la cocina, donde te espera el cocinero jefe para sodomizarte en el almacén ese bonito culo pecoso de pelirroja que tienes, como pago de la comida? lo acordé ayer con él, le dije que hoy podría sodomizar una pelirroja amante mía.
-¡Por supuesto señor, mi ano es su ano señor Antonio!
El día antes, después de hablar con los dos camioneros y al rato de ellos irse se acerco a mi mesa el cocinero jefe que era conocido de los dos camioneros y me preguntó si no tendría una pelirroja en esa casa, que pagaría lo que le dijera por poder sodomizar a una pelirroja, que era su sueño hacía tiempo, le dije que la pelirroja que tenía era mi amante y le costaría caro; Lo que sea me dijo yo le ofrecí cobrarle doscientos euros en ese momento e invitarnos a comer al día siguiente a mí a mi amante y a mis dos putas, y que después de comer la sodomizara, pero cuando terminara con ella tenía que acompañarla a la casa rural porque yo no podía esperarla ¡A! Y solo puede sodomizarla usted, nada de penetrarla todos los cocineros. El estuvo de acuerdo en todo y prometió no incumplir nada de lo exigido por mí, me dijo que la sodomizaría en un almacén que hay junto a la cocina, donde solo estaría la pelirroja y él, al momento sacó trescientos euros e insistió en que al ser mi amante no podía despreciarle querer pagar más por permitirle penetrarla. (Al final haría yo dinero y todo)
-Ingrid cuando el cocinero jefe te sodomice el ano a quedado conmigo en acompañarte a la casa rural, también he acordado que solo él te sodomice ¡Si alguien más quiere horadar tu culo no se lo permitas! Solo el cocinero jefe que es aquel que asoma al fondo con cara de pillo, ve con él.
- Si señor Antonio –dijo Ingrid al tiempo que se levantaba y caminaba hacia la cocina.
Yo Salí del restaurante acompañado de Sara y Virginia, dejando allí a Ingrid, eran las seis de la tarde y hacía calor, yo tenía el pene duro y dolorido de la presión continua contra el pantalón desde por la mañana. Yendo andando le comente a mis sumisas que aparte de mamadas y comida de coño, solo había penetrado a Sara y a Ingrid, pero que ahora quería igualar la sumisión penetrando a Virginia. A medio camino le dije a Sara que vigilara la carretera desde un árbol, que Virginia y yo bajaríamos el terraplén hasta aquel prado, que desde donde ella estaba podía vernos abajo y avisarnos si se acercaba alguien.
-Virginia he decidido follarte en ese prado ¿Qué te parece?
-Lo que usted ordene señor
Bajamos por el terraplén, había cascajo en el fondo de alguna obra, que habían tirado allí y enseres viejos, la gente lo utilizaría como vertedero ilegal (Pensé) No le quite la minifalda solo se la levanté por detrás, enrollándola en su cintura de tal modo que solo se le veía la parte delantera de la minifalda como si fuera un delantal, yo estaba muy excitado por todo lo ocurrido durante el día y porque había ocurrido por mi voluntad, tanto que mi pene solo quería penetrar como el de un orangután, que no tenía ganas de preámbulos ni caricias; así que me quite el pantalón del todo y lo tire encima de un televisor viejo con el cristal roto, después me quite los slip “El pene se alzó en sus gruesos diecinueve centímetros como una caña de pescar que perdiera la captura “le dije a Virginia que se agarrara a una lavadora vieja y oxidada que estaba sobre unos periódicos amarillentos y que con las manos sobre la carcasa levantara el culo en pompa y agachara la cabeza (Que estampa aquel precioso culo blanco que de espaldas no dejaba ver ni un pelillo de ese coño arreglado por la mañana a mi orden, pero si se veía el bollo asomando por detrás, como un bollo suizo de repostería, todo lo cual, contrastado con el suelo sucio hacía del conjunto algo primitivo, que resaltaba la belleza de Virginia)
-¿Ves Virginia como al final tenía sentido que te afeitaras los bajos esta mañana?
-¡Si señor, estoy tan fresquita! –dijo Virginia con el culo en pompa.
Acto seguido la agarre por los cachetes y le introduje el pene entero y de golpe, noté que su vagina estaba tan lubricada como las manos de una masajista, las ganas tan grandes que yo tenía de follármela hicieron que le diera muchas arremetidas seguidas con gran fuerza e intensidad, tanto es así que la lavadora a la que se agarró daba saltitos, como recordando los viejos tiempos cuando aún lavaba, con el vaivén de la lavadora se rompieron cristales bajo los periódicos viejos todo el conjunto sonaba como una orquesta desafinada; mis arremetidas no cesaban, Virginia gritaba, yo también gritaba, al rato me corrí dentro de su vagina con un gran polvo que note ascender desde mis testículos hasta mi pene, donde notaba la intensidad del caudal de leche pasar por dentro del mismo, para ir a desembocar dentro del coño de Virginia.
A lo lejos pude ver, mientras me corría un campesino con la mano en la frente mirándonos intentando ver más en detalle, gire la cabeza hacia la carretera y vi a Sara frotándose por debajo de su minifalda sin bragas la vagina, con intensidad mientras nos miraba; al sacar mi pene aun erecto de los adentros de Virginia salió un hilo de leche de la vagina de Virginia, que inclinada como estaba fue a desembocar detrás de su pierna izquierda, formando una lágrima blanca grande detrás de su rodilla, de donde se deslizó hasta su sandalia izquierda, colándose entre el pie y la plantilla interior.

Tahotlo
(A.L) 2015

(Continuará con el tercer capítulo, de un total de cuatro capítulos)
P.D La división en tres partes de cada capítulo se debe a tamaño máximo de cada publicación.


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