Tercera cita

Por Mediobueno
Enviado el 15/11/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Acababan de salir del restaurante,  tan solo estaban en su tercera cita, pero a el le gustaba seguir ese procedimiento.  En la primera cita unas copas, así el alcohol seria su compinche,  en la segunda cine, donde la oscuridad seria su aliada, y en una tercera cita ya suele haber reunido la serenidad que no le otorgaba lo novedoso para tenerla enfrente. La verdad es que al principio de la cena el se había puesto algo nervioso, no fueron pocas las veces en las que no consiguió sostenerle la mirada, sumado a un par de aperturas forzosas de conversación para acallar breves silencios delataron  su incomodidad,  pero si algo había aprendido en todos estos años de relaciones cortas es que pensar en los fallos lo ponía aun más nervioso,  debía seguir adelante y seguir haciéndose el normal, ya tendría tiempo el resto de la semana para torturarse por su antisocialidad.

Una vez pasada la prueba de fuego, aunque sin pena ni gloria,  comenzó a soltarse de verdad, sin esa presión autoinfringida era un chico interesante, incluso divertido. La estrategia estaba clara,  hacerla reír todo lo posible y volver a besarla subiendo el tono de los besos al ritmo que iban cayendo las copas.

Eran las 2:30 y entre la botella de vino a medias de la cena y las 3 copas que cada uno habían tomado había recibido los suficientes indicios para invitarla a ir a su casa sin parecer precipitado. Ella se mordió el labio inferior al escuchar la invitación y le dijo que hacía ya rato que esperaba estar en su cama.

En el taxi de camino a su casa el comenzó a susurrarle al oído que era un chico un tanto especial en lo que el sexo se refiere, ella le contesto que estaba abierta a probar cosas nuevas y que esa noche se dejaría hacer, que se entregaba completamente a el.

Al llegar a su habitación el encendió unas velas que había preparado,  puso música a poco volumen y comenzó  desnudarle lentamente. Saco sus vendas de boxeo y las utilizo para atar sus manos y pies a los cabezales de la cama, ella quedo bocarriba totalmente en forma de equis y el pudo apreciar como su pulso y respiración se aceleraba, con la mirada y un beso en la mejilla el le hizo saber que podía estar tranquila. Seguidamente saco un aceite corporal del cajón de la mesilla y comenzó a repartirlo por todo su cuerpo, masajeaba con sus grandes manos cada centímetro de su piel , hizo su primera parada en sus pechos,  no eran unos pechos grandes pero si tenían una buena forma y consistencia, por primera vez en la noche ella cerró los ojos y comenzó a excitarse realmente, a continuación bajo hasta su vagina, comenzó masajeándole el clítoris, empezó a hincharse a medida que sus dedos untados en aceite iban aumentando la velocidad y presión de los círculos que en el dibujaban, cuando su fuerte respiración se tornó en suaves gemidos pasó a introducir uno de sus dedos, ella estaba completamente empapada, al notar su flujo sintió como si su pene fuera a estallar, acto seguido metió un segundo dedo en su vagina y un tercero en su ano.  Metía y sacaba sus tres dedos mientras con el dedo gordo estimulaba el clítoris,  fue aumentando la velocidad hasta tal punto que tuvo que cogerse el antebrazo con su otra mano para no perder el ritmo. Sus gemidos pasaron a gritos de placer y al cabo de un minuto ella alcanzó el clímax.

Sabia que ese era el momento perfecto, se quitó los calzoncillos rápidamente y empezó a penetrarla con fuerza, el ser un buen deportista le otorgaba el fondo necesario para mantener un buen ritmo durante bastante tiempo, cuando ella alcanzó su segundo orgasmo estaba tan increíblemente excitada que el pudo ver en ella esa mirada que delataba que a partir de ese momento el podría realmente hacer lo que quisiera. Empezó a abofetearla mientras le ordenaba que abriese la boca para a continuación escupirle dentro, con la mano izquierda estrangulaba su garganta y cuando logro ver en sus ojos esa mágica combinación entre placer y miedo saco su pene y eyaculó encima de su cara. No la desato hasta que volvió del baño de limpiarse.

Después de aquella noche el no la volvió a llamar, y ella no volvió a excitarse de aquella manera con ningún otro hombre.


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