Comunicaciones

Por Pedro Buda
Enviado el 12/11/2015, clasificado en Cuentos
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II

      

Habremos andado unos 30 Kilómetros cuando unos carteles sindicaron la proximidad de los lagos. Así que “Coco” avisó por el radio de la proximidad de los puentes, al viejo.

Cuando tuvimos  los puentes a la vista, un destello, una luminosidad intensa pobló la informe masa oscura, allá afuera. Yo venía sobre la ventanilla derecha -la del acompañante- observando el camino. Seguía las líneas blancas o las amarillas que aparecían intermitentemente.

Como una bola de fuego; como un destello que no acaba, irrumpió algo en el cielo. Apareció ahí, a mi derecha, en lo alto, no sé cómo, tan repentinamente, tan de improviso.

-¡Coco!, ¡Coco! –atiné a gritar- Mira eso... ¡Por Dios! Mira eso, mira eso.

-Lo veo, lo veo –fue su respuesta primera-.Luego gritó con fuerza:¡Qué carajo es eso!...Luego tomó el radio y chilló: “Atento viejo, atento viejo...

-Aquí el viejo, aquí el viejo. Vieron eso... -preguntó la voz ronca-

-Positivo. Positivo.

Antes del puente, Cocodrilo prendió todas sus luces y avisó a los otros que nos detendríamos en ese lugar. Instó a hacer lo mismo a los otros- nuevamente con el tono de mando pero amable que la vez anterior en el bar. Ninguno dudó un instante. Así nos detuvimos, antes de ingresar al primer puente. Bajamos casi corriendo. Coco fue el primero en hablar.

-Vieron eso che. ¿Qué puta era eso? –gritó.

-Era una inmensa bola de luz que cayó al agua –atinó a vociferar Baltasar.

-Vi lo mismo –continuó el viejo.

-Creo que debemos meternos al agua y ver –sugerí- muy tímidamente, asombrado de mis propias palabras.

-No -dijo Coco- vayamos sobre el puente primero y tratemos de ver algo desde ahí.

Todos estuvimos de acuerdo. Nuestros corazones –y digo nuestros porque dudo que hubiese respuesta diferente- estaban latiendo con mucha fuerza y frecuencia acelerada. La descarga de adrenalina estaba produciendo sus efectos, lo noté cuando ayudé al viejo a subir hacia el puente, sus manos estaban sudorosas y frías. Él, como yo, teníamos las manos húmedas.

Algo que nos llamó la atención, en ese momento, era el profundo silencio de la zona. Normalmente el ruido de ranas y grillos es tan fuerte que molesta. Pero nadie dijo nada al respecto en ese momento.

No vimos mucho, tan solo una zona de donde partía cierta luminiscencia, pero era un todo confuso sobre la superficie del lago. Había algo a unos 30 metros de la orilla. Todos creímos, ahora sí, tal vez movidos por la natural curiosidad humana -y no por la prudencia racional que creemos nos caracteriza- que era bueno adentrarse al agua y averiguar de qué se trataba todo eso.

Nos metimos al agua. Uno a uno, dejamos la orilla en busca de aquello que exteriorizaba una luz, en medio de tanta negrura.

Los camiones quedaron estacionados sobre el asfalto, emitiendo sus titilantes luces de detención. Nosotros, con los zapatos puestos, ingresamos al agua; pisamos el barro, cuidando al que iba adelante, hablando sólo lo necesario.

No sé decir qué tiempo anduvimos en el agua, minutos sí, no sé cuantos. Rodeamos aquella cosa luminosa. Era algo no muy definido.

¡Aquí está! -dijo Coco, que llevaba la delantera.

Lo rodeamos, pues no era algo muy grande. Estábamos con el agua por el pecho, y nuestra estatura promedio era el metro setenta.

Notamos que tenía un aspecto triangular, luminoso, transparente. No sé por qué, pero no sentimos temor; sí, mucha curiosidad.

Un silencio espectral nos envolvió. No habíamos dicho nada sobre ello sino hasta ese momento. La luminosidad iba in crecendo, poco a poco, pasaban los segundos. Una forma humana surgió de aquella luminosidad. Dentro de aquella forma triangular –lo que llamaremos nave, por el hecho de haberlo visto aparecer del espacio  y por contener algo dentro, un ser vivo.

-Hay algo humano ahí dentro –dijo Baltasar.

 -Cierto –continuó el viejo.

Coco siguió como hipnotizado en el transcurso de los siguientes minutos.

Esa forma que contenía algo o alguien dentro, continuaba iluminándose, cada vez más y más. Ciertamente, dentro, había un ser vivo, con aspecto humano. Conforme aumentaba la luminosidad su aspecto se nos hacía más familiar. Los límites no eran muy marcados; pero definitivamente, aunque de modo suave, el ser vivo tenía aspecto de un feto humano. Cabeza grande, transparente, con “vasos sanguíneos”

-pues eso parecía- observables.

Su porción más abultada, era sin lugar a duda lo que parecía la cabeza. En un momento se tornó más luminosa esa porción, y pudimos notar como una corriente, que partía de allí hacia el resto del cuerpo.

La nave era también de límites imprecisos, pero de aspecto claramente triangular y orgánico. Podría decirse que tenía aspecto celular, como cierto tipo de células nerviosas.

Si hasta ese momento estábamos sorprendidos, más lo estuvimos cuando ese ser hizo algo así como abrir los ojos, y de algún modo estableció, con nosotros, una comunicación.

Notamos una paz inmensa, digámoslo: en cuerpo y alma. 

 Seguidamente, lo que llamamos nave  -al comentar el hecho ante las autoridades- se movió lentamente. Ante nuestros ojos incrédulos, mutó de forma. Pasó de su aspecto triangular a otro ovoide, y la luminosidad disminuyó. También se fue perdiendo la transparencia, virando a un aspecto más denso y más oscuro.

El color brillante, luminoso, tornose como antes, rosado o  rojizo. Nos apartamos levemente del objeto, del ser y  comenzó una marcha en sentido horizontal. Fue perdiéndose paulatinamente en las aguas, en la oscuridad confusa de la noche hasta el punto en que desapareció.

No habiendo más por hacer, salimos del agua en silencio, al punto de sentir tan sólo nuestras respiraciones. También en silencio, con una sensación de profunda nostalgia, subimos a los camiones. Allí caímos en la cuenta de que habíamos estado con los zapatos puestos dentro del agua.

 

* http://www.pebuwar2.blogspot.com.uy/2009/03/cuento-comunicaciones.html

 


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