SOLO PARA ADULTOS III

Por Galindo
Enviado el 19/11/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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       De nuevo vuelve a hacerlo, de nuevo se deja el maldito saco de huesos en el salón, el último ligue de la noche se convierte después de su uso en los restos de comida de una opípara cena. La clásica niña pija de casa rica que se deja olvidado a los amantes en el salón cuando se va a dormir.

      Me lo cuenta una vecina cutre que hace ver como que le importa lo que les pasa a sus vecinos, como si no tuviera ella bastante con dormir abrazada a un peluche de metro ochenta.

      La policía ha venido a la casa en varias ocasiones y no han encontrado nada, la criada hace bien su trabajo y no deja rastro. Los padres nunca están y cuando lo hacen se van dando trompicones con los cuerpos haciéndoles moratones por doquier, lo que realmente piensan es que su hija es una maldita harpía desordenada. El colegio mayor al que la llevaron la echó al día siguiente de su graduación, no llegó ha asistir a la primera clase, en el pasillo mordió a varios compañeros y luego huyó corriendo a través de la pista de atletismo.

    Conoció a un chico que le hizo tilín y no se lo comió a la primera, pensó en guardarlo para el día de Acción de Gracias, el pobre intentó huir, pero al final se dejó atropellar por un coche y la carne se le estropeó. Me lo contó una amiga de Norma que ya no la trata, concretamente desde que le dejó a su novio por una noche y no lo volvió a ver. Se cree que no sé, que se la pegaba con el capitán del equipo de fútbol americano. Primero los cita, los lleva al salón y les hace el amor con bestialidad animal y cuando el ingenuo cree tenerla sucumbida a sus pies, mezcla los chillidos del brutal orgasmo con los mordiscos voraces de su boca llena de afiladas cuchillas, sus ojos se tiñen de sangre y su boca es una mezcla de gelatina grasa, espuma y roja saliva.

    Lamento haberla denunciado, pero en el fondo me alegro de haber evitado tamaña crueldad, que coño hacia una mujer cutre de cincuenta y tantos durmiendo abrazada a un peluche de metro ochenta con una polla enorme, dónde queda la ingenuidad infantil.

(Dedicado a la soledad cutre de los cincuentones)


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