En su despacho profesor... 8 [...y en el del rector]

Por Satine1991
Enviado el 15/12/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Intentaba no llorar mientras salía por la puerta de su casa. Paró un taxi y volvió a su piso. Se metió en la cama directamente y ni siquiera las llamadas insistentes de su compañera en la puerta la hicieron salir en toda la noche. 

Se levantó pensando en que le tocaba clase con él a primera hora. Y por primera vez no fue. Se quedó desayunando y esperando hasta la próxima clase. 

En la universidad Pablo entró al aula y dejó su maletín sobre el escritorio. Levantó la vista esperando verla pero no estaba. Durante unos segundos no supo qué hacer. Sacó su móvil del bolsillo pero no tenía nada. Ni una llamada. Ni un mensaje. Abrió su carpeta y comenzó el tema que tocaba ese día. 

Un par de horas después Sara caminaba por el pasillo con un compañero. Hablaban del trabajo que les había mandado a primera hora Pablo y de lo estricto que se estaba volviendo últimamente. 

- Seguro que es porque su mujer no le da plena satisfacción sexual-decía el chico mientras se reía. 

- Quién sabe...-contestó Sara apenas sonriendo. 

Se abrió la puerta de un aula y Pablo salió al pasillo. Ella intentó hacerse la tonta pero él la vio.

- Sara, quiero que suba a mi despacho. Tengo que hablar con usted-él la miró directamente a los ojos.

- Yo… lo siento profesor, es que tengo otra clase-intentó escabullirse Sara. Ya había unos cuantos alumnos que los observaban.

- No me importa. Yo hablaré con el profesor que le toque después para explicárselo personalmente. Arriba. Ya. –y acto seguido se marchó.

Se despidió de su compañero y decidió subir en el ascensor. Así por lo menos evitaba a Pablo en las escaleras. Esperó deliberadamente unos minutos antes de ir. Cuando avanzaba por el pasillo se dio cuenta de que muchas puertas de los despachos estaban abiertas y bastantes profesores andaban por ahí. Eso le hizo sentirse algo más segura. Llegó a su puerta. Estaba entornada. Llamó suavemente con los nudillos.

Así lo hizo. Pero no le dio tiempo a nada más. En una décima de segundo él se levantó y cerró la puerta con llave. Le sujetó las manos contra la puerta y se quedó a apenas unos centímetros de su cara.

- ¿Dónde estabas esta mañana?

- A ti que más te da.

Él sonrió sarcásticamente.

- ¡Vaya! Le preguntó a mi alumna que dónde estaba esta mañana porque no ha asistido a clase y esa es la contestación que obtengo. Lo tendré en cuenta para las notas finales.

- Creía que habíamos dejado de ser alumna y profesor convencionales hace ya tiempo.

- ¿Y qué somos?

- ¿Me lo preguntas tú? Tú, que estás casado.

Despacio Pablo se inclinó sobre su boca aunque no llegó a besarla. Fue un amago. Ella permaneció impasible. Él pasó su mano por la cadera para llevarla directamente a su culo.

- No lo hagas-dijo Sara. Pero no se movió.

- Detenme-y Pablo se puso de rodillas.

Le levantó un poco la camiseta y empezó a darle suaves besos justo en el borde del pantalón. Con su mano le recorrió la pierna y llegó al botón. Con la otra subía por su espalda.

Ella le llevó las manos al pelo y se mordía el labio. Él sonrió, sabía que sería suya de nuevo. Le desabrochó el pantalón y tiró de las presillas para que bajase lentamente. Cuando se los hubo quitado se colocó una de sus piernas sobre el hombro mientras él continuaba de rodillas. Quedó expuesta ante él. Pasaba la lengua sobre su ropa interior humedeciéndola y con un dedo jugueteaba por su muslo. La quería suplicando. Apartó sus bragas para comenzar a lamer lentamente. La notaba agitada contra la puerta e intentando no hacer ruido. Pensar que fuera había gente los calentaba aún más.

- Para…-Sara intentó apartarse.

- ¿De verdad quieres que pare?

Tras unos segundos de vacilación contestó.

- No.

- Ya me lo imaginaba.

La cogió de la mano y la llevó a su escritorio. La obligó a tumbarse sobre él poniéndole la mano en la espalda. Ella tenía la cara sobre la fría madera y él se pegó a su culo. Se bajó el pantalón y se rozaba despacio contra ella que apenas podía contener ya los gemidos.

Sara intentó incorporarse pero él le volvió a empujar  contra la mesa. Como pudo ella llevó su mano a los calzoncillos de él instándole a que se deshiciera de ellos. Él lo hizo. Y cogiendo su polla caliente la llevaba de su coño a su culo. Apenas la penetraba, lo justo para que resbalase de un lado a otro.

- ¿Quieres esto?-le preguntó colocándose a la entrada de su culo.

Ella asintió sin apenas pensarlo. Él estuvo a punto de estallar. Quería ir despacio. Introdujo dos dedos en ella para intentar lubricar lo mejor posible su culo. Sabía que nunca lo había hecho así. Poco a poco fue introduciendo su polla dentro de ella. Ella se agarraba al borde del escritorio con una mezcla de dolor y placer que la iba a hacer enloquecer. Cuando él estaba completamente dentro empezó a entrar y salir mientras le acariciaba el clítoris con una mano y con la otra la sujetaba de la cadera. Ninguno de los dos tardó en correrse. Ella pudo ahogar su gemido contra su mano pero él hizo más ruido.

- ¡Joder Sara!-dijo sentándose en la silla.

Ella se puso de pie sonriendo. Se vistió y se inclinó hacia él.

- Me voy a clase. Algunos tenemos cosas que hacer- y le besó suavemente en los labios antes de marcharse.

Él se quedó pensativo en su silla. Tenía una sensación extraña. Se dio cuenta de que el piloto del teléfono le informaba de que tenía un mensaje de voz. 

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Sara iba ya caminando por el pasillo y sacó su móvil para comprobar los mensajes. Vio que tenía un correo del día anterior. Lo abrió. 

"Buenas tardes. Este correo es para citarla en el despacho del rector mañana a las 13.00. Se ruega que asista ya que se trata de un asunto urgente. Gracias. Un saludo cordial". 

Se miró el reloj: las 12.37. Decidió pasar primero a tomar un café y después acudir a esa reunión. Creía que se trataba de algo relacionado con un programa al que se había apuntado para estudiar en el extranjero. 

Cuando llegó al despacho del rector tuvo que esperar unos minutos. Le vibró el móvil. Lo sacó del bolso. Era Pablo llamándola. Rechazó la llamada y guardó de nuevo el móvil. Por fin la secretaría la hizo pasar. La sorprendió que no hubiera nadie más allí. 

- Buenos días señorita Sara, ¿verdad?- la saludó el rector estrechándole la mano. 

- Sí, buenos días.

- Tome asiento. 

Notó vibrar de nuevo el móvil dentro de su bolso. 

- ¿Sabe por qué está aquí?-le preguntó él bastante serio. 

- ¿Por el programa de estudios en el extranjero?

- No. Es por algo mucho más delicado y le quiero advertir que es necesario sea completamente sincera. 

Sara empezó a preocuparse aunque asintió.

- Bien. Sé que esto puede ser un poco violento...pero debo realizarle unas preguntas. Es alumna de Pablo Díaz Oliver, profesor de Historia Moderna Universal, ¿verdad?

- Sí. 

- Bien... quiero saber qué tipo de relación hay entre ustedes. Y recuerde que debe ser sincera. 

 

 


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