Sueño erótico

Por mojicano
Enviado el 12/12/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Tu sueño erótico.

 

 

          Unos amigos te invitan a su casa en el bosque. Celebráis un cumpleaños algunas parejas y tú. Has ido sola como otras muchas veces. Estas contenta pues has reído mucho esta noche. Él te gusta, es anfitrión y su celebración. Esta noche le deseas, pero sabes que no es posible. El no lo sabe, crees que nunca se ha fijado en ti como mujer. Pero tú aun le sigues, lo observas y disfrutas con sus gestos, Sean o no para ti. Estas harta de sentirte como la hermana menor. Quieres sentir su calor y que te haga hoy su mujer mimada. Lo deseas desde hace mucho tiempo.

          Llego la hora de acostarte. Te han cedido la habitación de la boardilla. Seguramente uno de los motivos era alejarte de la noche de amor de aquellas parejas, noche de pasión y locura mezclada con algo de alcohol. No quieren que te sientas mal si escuchas leves gemidos de placer y risas de complicidad en la noche.

         La estancia te parece demasiado solitaria, siendo amplia y luminosa. Las sabanas blancas resaltan la luz de la gran luna, que ahora entra por el lucernario del techo. El cielo está lleno de estrellas. Es una noche perfecta para estar con él.

                    Te desnudas y te pones ese bonito camisón blanco de raso. Tu piel se vuelve sensible por el roce de la fina tela y tu falta de costumbre de dormir vestida. Pero hoy es un día diferente, no estás en casa. Ganas te dan de acostarte desnuda, como siempre. En aquel lugar tan bello. Esperando a tu amado. Soñando con él como otras veces, pero nunca tan cerca.

                    Te echas en la cama con el calor de la noche y tu mirada queda pedida en las sombras que proyectan la luz de la luna sobre la estancia. Escuchas en el silencio. Quieres captar cada sonido, cada roce, cada suspiro, cada beso de ese hombre que hoy deseas más que nunca. Te viene a tu mente su sonrisa de antes, su mirada profunda, sus manos sobre las tuyas en el momento de servir el postre. El color de las fresas, rojo como sus labios. Ese roce aun seguía en ti y su olor. Todo él estaba en ti y tu cuerpo lo reclamaba. Ellos duermen en la habitación de debajo y tú quieres sentir su respiración, su deseo y su corazón acelerado.

         Tanta atención pones que tu imaginación vuela. Te imaginas como él hace el amor con la persona que le roza a su lado. Tiene un cuerpo que adoras. Roza sus fuertes y formados pechos con los de ella. Sube rozando su cuerpo para besar su boca y baja de nuevo suavemente. Acaricia con los labios sus pezones. Haciendo que esa mujer, que para ti ahora no tiene rostro, se retuerza de placer a su paso. El ama así, estás segura de ello.

          Tú piensas en ello y notas que el calor aumentaba en tu cuerpo. Te sobra el camisón y sin apenas darte cuenta, te tocas. Estás húmeda, como hacía tiempo que no lo sentías, pero no era suficiente.

       Tanto se agudiza tu oído y tu imaginación que te parece sentir sus gemidos y te imaginas el gran placer de tenerlo dentro. De pronto, te sientes desgraciada y sollozando te duermes. Ocultas tu rostro desnuda sobre la cama. Luz de luna baña tu bello y suave cuerpo. Ahora esta temblando de dolor por dentro.

DRA. 2011/rel005

(contunuará)


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