La doncella que llegó a ser reina

Por Sylvana Mangana
Enviado el 10/12/2015, clasificado en Fantasía
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Había una vez una joven doncella que vivía en una pequeña aldea. Era joven y desprendía un carisma especial que a nadie le pasaba inadvertido. Trabajaba mucho en el castillo de su señor feudal, era una currante cómo se diría en estos tiempos modernos, y no se amendretaba fácilmente.

Un día conoció a un joven apuesto de su misma aldea: era un joven fuerte y trabajador, que gracias a su esfuerzo y dedicación sacaba adelante a sus padres y a sus hermanos que eran muy humildes y dependían de él. Al igual que a la joven doncella a él no le asustaba las largas jornadas de trabajo en el campo; era un joven humilde y de sentimientos nobles, y le gustaba llevar una vida tranquila.

Y sucedió lo que tenía que suceder: se enamoraron. Todo era perfecto: paseos por el campo, largas conversaciones y hacían el amor apasionadamente,... ¿ Qué más se podía pedir ? Y se fueron a vivir a una vivienda pequeñita y sencilla, que no tenía nada que envidiar a ningún gran castillo porque era su hogar y estaba llena de amor. No necesitaban más, se bastaban el uno al otro para sentirse los seres más afortunados del planeta.

Pero un día apareció una malvada bruja. La muy bruja, cómo su propio nombre indica y valga la redundancia, se enamoró del joven campesino. No le dejaba ni a sol ni a sombra y le hacía un millón  hechizos hasta que al final él sucumbió ante el poder del lado oscuro y abandonó a la joven doncella sin ton ni son,de la noche a la mañana.

La joven, como cabe esperar, se vió desolada. Nunca antes le habían partido el corazón... no sabía que hacer: parecía María Magdalena llorando todo el día de esquina en esquina, pero no hay mal que cien años dure...

Y la vida transcurre y no se detiene para nadie, y aprendió estar sola,... y cuando mejor estaba... ¿ Qué creeis que sucedió ?, que el hechizo se deshizo y el joven campesino volvió corriendo a buscar a la joven doncella.

Sí, pero no. Mira, está muy bien que hayas tenido un período de enajenación mental, si yo hasta puedo entenderlo, pero querido, prueba superada, y bien sabe dios, que segundas partes, segundas decepciones, y que cada cosa tiene su momento, y el nuestro como que ya ha pasado. Ha sido bonito conocerte, y el primer amor nunca se olvida, pero con él mueren también la inocencia y las ingenuidades,así que te vaya bonito y fué un placer.

Quizás no fué así la historia, pero esto es un cuento fantástico, y como autora del mismo, tengo derecho a inventarme los finales, o no?? prosigamos pues...

Los años pasan que ni te enteras y yo feliz con mi vida, mi trabajo, mis amigos y aficciones. Y como cabe de esperar... apareció otro hombre: un caballero.

Sí, sí, aquí no nos andamos con bobadas, y como he dicho era un caballero en toda regla: corcel blanco, armadura impecable, bolsa llena de moneditas de oro,vamos, que llevaba el pack completo.

Ella que ya no era tan inocente, la experiencia es la madre de toda la ciencia, ya sabéis, era cautelosa y no se fiaba del todo.

El caballero la iba a buscar y a llevar al trabajo en su corcel blanco todos los días, la llevaba a cenar de viaje, ... ( porque aunque esto sea un cuento en la inspirado en la época medieval, también se hacían todo este tipo de cosas que lo sepáis)... y la hizo una cosa que ella no se esperaba: la compró una bonita casa. Bueno, he de explicarme mejor: se compraron. Como se compran ahora las cosas, que las firmas ahora, pero no son tuyas hasta después de que pasen treinta o cuarenta años. 

La verdad que la casa era súper cuki, coloquialmente hablando. Pequeñita, porque aunque uno sea caballero y otra sea doncella, el precio de las cosas ya sabéis cómo está, y aunque sean dos buenos sueldos,... en fin, que me voy por derroteros y no acabamos esta historia.

Pero noooo todo era perfecto. A el caballero le gustaba salir. Esto no quiere decir que yo sea una bruja piruja y lo quiera tener todo el día al rabo, no me malinterpretéis, que a mi también me encanta salir con mis amigas y yo creo que hay tiempo para todo el pareja. Cuándo digo salir es... SALIR. Me explico mejor: los viernes eran sagrados para él. Sus cenas con los amigos. Bien, no hay problema. Sus borracheras, bueno. Sus mujeres de mala vida o de reputación dudosa... MAL. No quiero decir que fuera a putas, aunque para mí lo sean, pero si con pilinguis, zorrones o el calificativo que queraís ponerlas. Que la culpa no es de ellas sino de él... lo sé. Y no penséis que era una cornuda consentida tampoco, que yo de esto me enteré de casualidad, aunque en mi fuero interno siempre lo sospechara,( que esto de las relaciones cada uno ve lo que quiere), y sucedió lo que tenía que suceder: que se fué todo al garete.

Ni piso, ni caballero y lo peor: y sin trabajo. Porque no hay dos sin tres, y para más inri, en el castillo feudal donde trabajaba empezaron a ir mal las cosas, y claro, hubo recortes como en todos los lados, y me quedé más sola que la una.

En esa época sí que lo pasé mal: todo lo que había logrado tener durante años lo había perdido. Si necesitaba una cura de humildad, que sinceramente no lo creo, la tuve con creces. Una lección para no olvidar: que nada es seguro, ni para siempre, es más, no sabes lo que va a suceder mañana, así que me tocó aprender. Aprender a vivir el día a día, a disfrutar el momento, a aprovechar las oportunidades cuando se presentan, y la lección más importante... a ser feliz con poco. Lo material es superfluo:¿ se rompe la televisión? te compras otra. ¿ qué no tienes dinero para pagarla? no te preocupes, que alguien te lo dejará, aunque después le tengas que devolver tres veces más. ¿ qué no tienes trabajo? otro habrá, de mierda seguramente como el anterior, pero como dice un dicho gallego "haberlos haylos"...

Y como siempre, salí otra vez a la superficie, porque como ave Fénix, resurgí de mis cenizas, y  volví con más fuerza que nunca... porque lo que no te mata, te hace más fuerte.

Y vuelta a empezar. Estaba yo tan contenta y tan bien cuando apareció otro hombre: a este no sé como definirlo, quizás mago, como Merlín, que no sabía si iba o venía, que estaba lleno de secretos, que él creía que eran secretos, pero en realidad no lo eran tanto y los demás fingíamos no saberlos. Y la dijo que que la quería y todo el rollo, simplemente porque se sentía sólo y vió en ella una escapatoria a sus penas; pero ella no se lo creyó... porque ella se había convertido en reina, y a una reina no la puedes engañar, porque ellas... lo saben todo.

 

Y colorín colorado, este cuento de momento se ha terminado... hasta la siguiente historia.


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