Mi segunda naturaleza y sexo grupal II parte segunda

Por Prometea
Enviado el 01/02/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Mi esposa reaccionó como nunca me lo había esperado. Cuando ella tenía en su boca el mejor pene que había visto: no completamente recto, grueso pero sin exagerar, muy venudo, con olor a limpio y a semen fresco, medía fácilmente 20 centímetro, duro como roca y de piel tersa. Se sorprendió  bastante cuando me acerqué y con mi lengua empecé a lamer lo que ella no podía abarcar con la suya. Con genuina sorpresa me preguntó ¿te gusta? Yo le dije, no, me encanta. Entonces su lengua, la mía y el animal de nuestro amigo se fundieron en una sola sopa de saliva, lubricante de él que ya casi se venía de solo ver el espectáculo. La lengua de mi esposa y la mía más que pelear, parecía que se ponía de acuerdo para agasajar y acariciar a la criatura más erótica que podíamos conocer. Él no pudo más y terminó prematuramente. Yo me apresuré a paladear esa deliciosa leche. Normalmente mi esposa no lo probaba y cuando le llegaba a caer dentro de la boca, lo escupía casi de inmediato. Cuando observó lo que yo hacía, se excitó y juntos probamos  esa exquisita leche caliente.

Una vez que corroboramos que todos estábamos de acuerdo y que comprobamos que éramos personas completamente sanas en una aventura sin precedente para ninguno . Mi lengua me agradeció probar por  primera vez los fluidos de mi esposa mezclados con los de otro hombre, justo cuando la estaba penetrando.  Yo podía ver como ese gran miembro entraba y salía en una armonía perfecta con sus gemidos y sonidos de placer. Cuando ella se vino, yo recogí lo más que pude en la boca y me apresuré a besarlo a él en la boca mientras lo masturbaba con la mano. Mientras mi esposa alternaba su boca entre el enorme miembro de él y el mío más discreto. Mi sueño se había cumplido: mi esposa y yo compartiendo al mismo hombre.

Yo me quedé dormido después de la segunda venida. Ella y él siguieron casi hasta el amanecer. Cuando yo desperté, el cuerpo de ellos yacías abandonado s por completo. Ella con las piernas abiertas, todavía derramaba semen en las cobijas. Volteé a verlo a él completamente desnudo y atlético, por primera vez vi al animal flácido, pero aun así tenía un tamaño respetable. No resistí y con mucho cuidado lo puse en mi boca y empecé a chupar delicada y pacientemente. En un  minuto él se despertó y entonces, como magia, el animal cobró su imponente tamaño. Hicimos un 69 y nos excitamos tanto que de pronto mi esposa despertó y vio el espectáculo. Entonces se sumo de nuevo al trío y alternaba entre las mamadas de mí para nuestro compañero y las de él para mí. Después de más de 15 minutos de actividad bucal, ella nos paró en seco y suplico: por favor métanmela los dos al mismo tiempo. Tú le dijo a él, en mi vagina y tú, me dijo a mí, por detrás. Cuando logramos la malabárica posición, no tardó mucho para que ella tuviera un orgasmo tras otro. Cayó rendida sin poder dar un gemido más. Entonces tomé la decisión y le dije a él, penétrame. Ella adivinaba que me iba a doler como virgen dadas las dimensiones de lo que estaba por entrar en mi cuerpo. Iba a poner lubricante pero ella se adelantó y con su saliva, facilitó que de pronto yo me volviera a sentir la gran puta que en realidad era. Me empezó a bombear y se me ocurrió penetrar a mi esposa mientras yo era penetrado brutalmente. Fue fenomenal, un orgasmo triple sincronizado: un orgasmo olímpico.

Afortunadamente mi esposa y yo salimos mucho de viaje y somos invitados a esas fiestas en las que se comparte todo. Ella y yo compartimos los gustos sobre todo por el sexo oral. No pocas veces la he tenido solamente que observar pues su pareja no tolera la faceta homosexual y en otras tantas, ni siquiera eso y solo puedo ser testigo de su placer por el video que toma.

Hemos conocido de todo: sacerdotes, guías espirituales, funcionarios, gente de lo más normal en cualquier antro, uno que otro familiar, señoras y señores que se habían olvidado del sexo ya hacía mucho. Pero incluso ahora, me sigue excitando verla caminar por la calle con su breve falda mientras veo cómo va provocando erecciones contra o con la voluntad de ellos. Ella ya sabe que yo hice lo mismo y que disfruto siendo tan puta como ella.


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