¿Me dejas bailar con tu esposa? Parte II

Por Prometea
Enviado el 17/12/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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De pronto, me di cuenta de que un tipo más o menos de mi edad, me había estado observando sin quitarme la vista de encima y atestiguando también el maravilloso faje de mi esposa. Yo le sonreí más bien nervioso. Entonces él llamó mi atención tomando su bulto con la mano derecha y mostrando muy levemente la punta de su lengua. Yo me paré como un autómata y le seguí. Era el dueño de la enorme casa. Él me dijo, ¿te gustaría ver algo? Claro, le respondí. Cuando estuvimos a solas en una recamara espectacular, corrió una enorme cortina. Se dominaba todo el panorama y por si fuera poco, tenía cámaras de video con potentes zoom y al menos 10 pantallas de regular tamaño. Entonces manipulando una, localizó a mi esposa y puso en la pantalla completa su mano que no paraba de frotar el animal de su acompañante. Ya era evidente una mancha de humedad. Manipulando otra, vi que él ya le estaba introduciendo los dedos de su mano derecha. “Tu esposa es maravillosa”, exclamó él. ¿Usted es casado? “Por favor háblame de tú. ¿Eres casado? Corregí. Sin responder, manipuló unos botones y en las pantallas aparecieron escenas de otro lugar en la casa. Toda llena de gente. Sin embargo esto parecía ser una fiesta privada, una mujer muy atractiva de mediana edad, parecía estar siendo penetrada por todos los orificios de su humano cuerpo. Ella tenía un enorme miembro en la boca, otro en el ano, otro en su vagina y dos más uno en cada mano. “Ella es mi amada esposa”...no pude contenerme y sin querer me salió un estúpido: ¡wowww, qué cogida le están dando! Él sonrió y me dijo, son empleados que vienen a la casa a dar mantenimiento. Ahí está el jardinero, ahí está el plomero, etc.  Diciendo esto, volvió a manipular y entonces estábamos observando a su esposa en ese gang bang y a la mía con su nuevo novio. Yo tenía el miembro más duro que nunca. Él sin previo aviso llevó su mano ahí y me empezó a acariciar. Yo dejé que hiciera y solo cerré los ojos momentáneamente para concentrarme en el placer. Entonces me desabrochó todo y mientras me daba un riquísimo sexo oral, yo veía que mi esposa tenía contracciones orgásmicas y la lengua de su acompañante se enredaba con la suya en una danza sin tregua. Ella lo abrazaba con una pierna y su falda le había quedado muy arriba. Él la tenía completamente penetrada sin haberse quitado los pantalones. ¡Lo estaban haciendo en medio de la pista sin que a nadie aparentemente le importara!

Entonces yo le empecé a acariciar a mi reciente amigo su bulto. Más bien tardó un poco para reaccionar y cuando se bajó los pantalones pude ver que su erección todavía estaba en proceso. Entonces él se concentró en la pantalla en donde su esposa estaba siendo masacrada y cubierta de semen. Yo le empecé a hacer sexo oral correspondiendo a su atención. Entonces el animal cobró su tamaño real. Estaba delicioso. Le pregunté ¿se han hecho exámenes de sangre? Él dijo, el último fue la semana pasada, pero te aseguro que somos las personas más sanas y limpias del mundo. De hecho, esos son acompañantes de mi esposa desde hace más de 6 meses y cuando ella tiene algún encuentro, siempre se asegura. Somos un círculo sano.

Entonces yo me volteé y le pedí que me aplicara lubricante. Él lo alcanzó de una mesita que estaba llena de cremas y juguetes sexuales. Me penetró muy despacio. Me besó en la boca y aunque me resistí al principio, después yo mismo lo buscaba. Se empezó a mover y se extrañó un poco por la posición poco ortodoxa que yo adoptaba. Después en una frenética bombeada los dos nos venimos al mismo tiempo. Él no lo podía creer. Se estaba preparando para masturbarme pues él ya se había venido dentro de mí y su animal volvió al reposo. ¿Cómo lo logras? Me preguntó. Sin hablar tomé un consolador y lo empecé a maniobrar en su trasero. Como por arte de magia su pene se puso erecto de manera casi instantánea. Él empezó a gemir de placer y de pronto, ¡zaz! Se vino de nuevo en cerca de 5 minutos. Estaba radiante de felicidad ante tal descubrimiento. Entonces le dije ¿puedo? Se volteó y lo penetré. Estábamos gozando de lo lindo cuando vi que mi esposa con su pareja ya no estaban en la pantalla. Sin dejar de penetrarlo y moverme, él la localizó con una de sus cámaras en uno de los baños. Estaban cuatro personas, dos mujeres y dos hombres. Se revolvían, se besaban, se chupaban entre ellas y ellos. Como adivinando, mi esposa fijo su atención en la cámara y cuando la estaban penetrando los dos hombre mientras las mujeres le chupaban sus rosados pezones, nuestro placer parecía que se empezó a sincronizar a través de la pantalla. Entonces ella terminó con una venida que parecía que estaba orinando y yo terminaba dentro de mi amigo al mismo tiempo.

Cerca de las 4 de la mañana, nos estábamos despidiendo de los anfitriones. La señora de la casa, toda una dama y gran señora, ahora ya muy elegantemente vestida, no la reconocía con la ropa puesta. No podía ocultar su clase socio-económica ni tampoco su belleza y madura sensualidad. Él todo un caballero con un traje impecable le daba un cariñoso beso a mi esposa en la mejilla y al mismo tiempo le decía: “niña, que dios te conserve siempre tan bella y simpática”. Él y yo nos estrechamos varonilmente las manos, pero me dio un beso de cariñó en la mejilla demasiado cerca de la boca. Nadie se percató de esto. Mientras, los que había visto en escena con la señora, perfectamente uniformados, levantaban toda la casa y despedían a los últimos invitados. De pronto llegó el que había sido acompañante de mi esposa y  nuestros amigos dijeron: Haa, les presentamos a nuestro sobrino que está de visita. Yo les dije, “si, tuve el honor de que sacara a bailar a mi esposa”. Él reiteró, “fue un verdadero placer”. Ojalá nos podamos reunir de nuevo para seguir compartiendo nuestros hobbies. Bueno, nuestra próxima cita es un compromiso. Todos dijimos ciao.

Cuando íbamos caminando hacia el auto, sentí humedad en mi trasero. Era el semen que me estaba escurriendo. De igual manera mi esposa me dijo, creo que necesito un pañal, vengo llena por atrás y por delante de leche que me está escurriendo.

Cuando llegamos a la casa, ella aprovechó como lubricante lo que yo tenía todavía para masturbarme por última vez esa noche. Al mismo tiempo yo recorrí con mi lengua sus labios chorreantes al rojo vivo.

Por fin estábamos listos para dormir: Hasta mañana mi amor. Felices sueños, nos dijimos.


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