Encuentro con mi profesor

Por Perita Verde
Enviado el 29/12/2015, clasificado en Amor / Románticos
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Hacía mucho calor, y decidí tomarme una cerveza en una terraza, al lado tenía un pequeño parque, unos niños jugaban en él, estaban supervisados por un señor que me daba la espalda, me pareció que su voz era familiar, pero deseche la idea, ya que se parecía a la de un profesor  que tuve en el instituto, estudié en Canarias, y estaba en medio de Madrid.
Me puse a leer, estaba muy enganchada a mi novela, quería saber que le deparaba a la protagonista.
- Veo que hice bien mi trabajo.
Levanté los ojos y lo vi, era él, plantado delante de mí y hablándome.
- Eres Paula, es que no te veo desde que eras una niña y aquí, tan lejos, he dudado.
- No, digo siii.
- Ya veo que te sigo poniendo nerviosa, jajajaja.
- Reconozco que un poquito, cómo está usted, don Jorge.
- jajajaja, llamame Jorge, bien, estoy muy bien, y que haces tu aquí  en medio de Madrid.
- Trabajo en una multinacional, estudié económicas. Y usted, qué hace aquí, siempre pensé  que era canario.
- Y lo soy, son los hijos de mi hermana pequeña , necesitaba vacaciones, y accedí para que descansara, por fin viene esta noche, y yo cogeré mis ansiadas vacaciones, que estoy de niños hasta la coronilla. Bueno chiquilla, te dejo que estos niños tendrán hambre, y la casa me pilla un poco lejos.
- Adios don Jorge, digo Jorge, jajajaja, encantada de haberlo visto.
Me dió dos besos y se marchó, me sentía igual de imbécil que cuando era niña, que tenía aquel puñetero hombre, que me hacía temblar solo con su presencia.


- Un capuchino, por favor.
- Marchando un capuchino para la señorina. Española verdad.- preguntó.
No conteste, que le importaba al italiano  este, de donde era yo. Estaba de muy mal humor, llevaba semanas sin dormir, después de haberme encontrado con don Jorge, no pasaba noches sin que mis dedos no pasaran por mis húmedos interiores, sin encontrar consuelo en ellos.
Decidí coger vacaciones, y poner rumbo a Italia,  a un pueblecito costero, donde no conociera a nadie ni a nada.
- Jajajaja, con lo grande que es Italia, te vuelvo  a encontrar.
No me lo podía creer, era don Jorge, qué  coño hacía él aquí.
Empezaron a temblar mis piernas, y casi no emití sonido.
- Estás bien Paula, parece  que  has visto un fantasma.
- Un fantasma no, a usted, -me tape la boca, como aquella niña, cuando decía algo indebido.
- Jajajaja, ya veo, ya. Sabes Paula este pueblo es Amalfi.- dijo acercandose a mi oído y en susurros, prosiguió - Amalfi jugó un rol muy importante en la Historia, incluso desde el momento de su creación: narra la leyenda que fue el mismo Hércules a fundar la ciudad como regalo a una amante princesa que tenía los ojos tan azules como el azul del mar del lugar, como azules son tus ojos, Paula.
Puedo sentarme. Ya veo que sigues muda. Por cierto, estás sola, puedes cenar esta noche conmigo, o mira, mejor, conozco una tasquita con vista al pueblo que te va a alucinar.
-Noooo, pareee.-Chillé
-No estás sola.- preguntó.
- Si, si estoy sola, lo de ir a cenar no me parece buena idea.
- Jajajajaja. Por que no es buena idea.- preguntó. -Anda Paula, ya eres una mujer y yo un hombre, que te crees  que no me daba cuenta, que te habías enamorado de mi. Me seguías con la mirada a todas partes. A veces te hacía sufrir  un poquito  acentuando  mis movimientos. Eras una adolescente  preciosa y yo un hombre, así que dejé el Instituto , no quería  hacerte  daño. Desde que te vi en Madrid no he podido dormir - se acercó, bajó sus labios y los puso pegados a los míos, me besó, me paralizó, fue poquito a poquito adentrándose en mi boca, entrelazándose con mi lengua, entremezclando nuestra salivas.
Bajó a mi cuello, saboreando cada pedacito de piel, entre  susurros dijo - siempre supe  que serías mía.
- Quieres que vayamos a otro sitio -preguntó.- solo pude afirmar con mi cabeza, estaba extasiada, nunca había visto mi cuerpo responder de aquella manera.
Caminamos hasta llegar a un acantilado, comenzamos a bajar entre zarzas, montículos de tierras, y rocas, hasta llegar a una cala con una linda playa de arena blanca.

No podíamos más, nos besamos, nos besamos con la fuerza de todos aquellos años contenidos, desesperados.
Ya saciados, Jorge fué lentamente desabrochando uno a uno mis botones , mirándome a los ojos.
- Te amo Paula, eres preciosa.
Me quitó el sujetador, Y se deleitó con mis pezones, dando pequeños círculos con su lengua, respondiendo mi cuerpo con pequeños espasmos de placer.
Desabroche mi pantalón, y lo baje como pude, quitándome Jorge  las braguitas, metió su cara en mi monte de venus, y vi que absorbía con su nariz mis olores.
- Hueles  como me había imaginado,- volvió a oler,- eso hizo que de mi vagina se humedeciera, - Paula  veo que respondes muy bien a mis estilismos, pero pequeña no puedo esperar más.
Se desvistió y se colocó en la entrada de mi vagina, poquito a poquito fue entrando en mi, fusionándonos, haciéndonos uno solo, nuestros cuerpos se reconocían, de amoldaban a una velocidad jamás lograda, el delirio, la fascinación llegaba a nosotros, nos hacía estremecer, creando un seísmo de sensaciones.
- Te amo Jorge - susurré- eso hizo que Jorge estallara de placer, eyaculando ferozmente dentro de mi.
- Y yo pequeña, y yo.


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