Viviendo en él (Parte2)

Por D.B.F.
Enviado el 29/12/2015, clasificado en Intriga / suspense
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-¿Quién es? ¡Hola! ¿Eres nueva? ¿Cómo te llamas?

            La niña se gira para mirarme lentamente y se le escucha:

            -Luna.

            -¿Eres nueva? ¿Dónde van todos?

            Lo único que se escucha es silencio.

            -Oso, voy a ver si hay alguien por ahí, si no, nos volvemos a casa, aunque sea andando, ¿está claro?

            -¡No! ¡Quiero ir yo! No me quie…

            -Chao.

            Miguel cierra la puerta.

            ¡Si hombre! ¿Ahora nos tenemos que quedar aquí solos? Me niego, yo no quiero.

-¡Migui, voy contigo!

Intento abrir la puerta que hace segundos Miguel había cerrado de un portazo pero… No abre, ¿qué le pasa a esto?

Llamo a la puerta.

-¡Miguel! ¿Puedes oírme?

Nada, no responde… me giro para ver a la niña pero… ¿dónde está? ¡Ha desaparecido!

-¿L…Luna? No me hagas bromas, por favor, ¿dónde te has metido?

-¡Pum, pum!- Se apagan las luces.

-¡AHH!- Me giro rápidamente hacia donde se escucharon los golpes y me acerco al armario.

-Venga, no quieras asustarme, no lo hago con facilidad, sal de ahí, ¡te pillé! ¡Vamos! ¿Cómo has apagado las luces?

Quien quiera que esté en el armario no me hace caso, así que tendré que abrirlo yo mismo.

-Bueno Luna, quieres empezar con mal pie en esta clase, ¿eh? Pues que sepas que no te conviene.

De repente entra una brisa por la sala que congela hasta los cristales, la luz escasea cada vez más, las paredes comienzan a envejecer y brota un tipo de polvillo en el suelo parecido a la ceniza. Todo se vuelve oscuro y triste.

            -¡Eh, eh, eh! Esto no me gusta nada, ¿qué pasa aquí? ¡Luna!

            Abro el armario y… nada… no hay nada. O al menos nada de lo que yo esperaba. Un pequeño espejo situado a la altura de mis hombros se aguanta sobre la pared del fondo del armario. En él se puede ver algo en medio de toda la oscuridad, un círculo, un círculo blanco, la luna.

            No me quedan más palabras que decir, me di la vuelta y ahora sí, podría decir que encontré lo que me esperaba. Un hombre con un abrigo negro yacía delante de mí, un hombre sin rostro, hasta que la luz del espejo se vio reflejada en él. No tenía piel, lo único que se le ve  son músculos por toda la cara. Me sonreía y poco a poco me iba metiendo en el armario, sin forzarme, en ese momento, era lo único que podía hacer.


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