Desilusión. La rata se equivoca

Por cclecha
Enviado el 01/01/2016, clasificado en Amor / Románticos
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     Como en mi casa no se puede estudiar, voy cada día a la biblioteca y allí me estoy sacando la carrera. Es increíble la suerte que tenemos con nuestras bibliotecas, tanto por lo bien montadas que están como por la multitud de libros que descansan en sus estanterías. Mi lema es sacar el máximo partido posible de ellas.

       Sea como fuere y como soy persona de hábitos fijos (como casi todo el mundo), me suelo poner en la última fila de mesas, de la biblioteca, de espaldas y muy cerca de la recepción… Me pongo aquí, por costumbre y bien es verdad, porque una chica suele hacer lo mismo, si bien enfrente de mí. La realidad es que nunca he hablado con ella.

       Hoy todavía no ha llegado…su sitio todavía esta vacío…ojalá no venga ningún estudiante inhóspito antes que ella y se siente en su sitio.

     Saco un libro y mi ordenador portátil…me da pereza arrancar…aprovecho para observar las paredes pintadas de un gris casi blanco, intercaladas con unos paneles de haya melamínica que dan una apariencia acogedora al conjunto. La mesa en donde estoy combina la misma madera con las sillas anatómicas con las patas de metal cromado.

       Me enfrasco en mis estudios, va pasando el tiempo y cuando más absorto me encuentro, me doy cuenta de que una sombre vaga y difusa está ocupando el sitio de mi chica. … inconscientemente voy a protestar, cuando me doy cuenta de que es precisamente ella quien se acaba de sentar con su novela, escasamente a unos centímetros de mí.

     Haré una breve descripción de ella… Yo, la veo como una persona con un rostro amable, si bien no se puede decir que sea la típica cara guapa…el pelo recogido, los pómulos atractivos y marcados, la piel muy fina, limpia…pulcra…y el cuello estilizado y muy visible. Todo ello, coronado por unas gafas redondas que le dan un aspecto que seguramente sea cierto, de intelectual. Concretamente de ratita de biblioteca…ya me va bien porque yo me considero unan rata de biblioteca.

       No la conozco, pero las señales que me llegan de ella, hacen que me la imagine de la mejor de las maneras posibles… ahora mismo está terminando de leer un libro de Ivan Turgueniev, “El primer amor”…esto me lleva a aseverar que necesariamente tiene que ser una persona muy sensible… en el mejor de los casos es una mujer que ante la imposibilidad de encontrar los sentimientos fundamentales del amor en la calle, en los hombres en general, se ve obligada a refugiarse en los libros. Esto me anima y su aspecto recatado y estilizado, me lo confirman, que busca algo diferente en las relaciones con los hombres.

     Pienso que este algo especial, se lo puedo dar yo…sin embargo no me atrevo a abordarla….allí sentados, el uno frente al otro… no podría de ninguna manera decirle nada, sin embargo quizás de pie, en recepción o en el ascensor de bajada, quizás allí, si me atreviera a decirle algo.

       Soy consciente de que no la conozco de nada, y que lo único que sé de ella, es por haberlo imaginado…mi interior la ha idealizado a mi gusto…todos sus ademanes, intelectualidad, decoro…todo obedece a mis deseos de que sea así

       Ya lleva un buen rato leyendo las páginas finales del libro, lo está acabando. Por un par de veces a mirado hacia recepción…creo que se está preparando para levantarse y devolver el libro. No me ha mirado ni una sola vez…ahora cierra lentamente el libro, se alisa el pelo, suspira y se levanta para devolver el libro.

       En recepción hay dos colas, una vacía, perteneciente a una bibliotecaria y la otra, correspondiente a un hombre joven atractivo. En este momento, el hombre joven está atendiendo a un lector que le devuelve varios libros.

       Mi chica, se levanta e inexplicablemente no va a la cola vacía, sino que espera a que el hombre joven atienda la devolución de libros por parte del lector. Yo a mi vez, me levanto y me pongo detrás de la chica, en la misma cola.

       Finalmente le toca el turno a ella. Después de unas formalidades, me llega el momento de sufrir…me hieren algunas frases sueltas y cortadas que me alcanzan

         -¿Te ha gustado el libro que te recomendé?

         -Sabía que alguien con tu sensibilidad, no podía errar en la recomendación…

       -…

         …-¿Te gustaría que un día de estos quedáramos y comentáramos el libro?...

       …-¿El sábado?...

       No quise oír más, me cambié de cola ipso facto.

     De todas formas quise seguir adelante con mi humillación. La esperé a que bajara a la planta baja…la del vestíbulo. Me senté en un banco a que apareciera.

       No tardo mucho en venir…delante de mí, desaceleró la marcha, puso las manos detrás de sus cabellos y se soltó el pelo, se guardó en el bolso las gafas redondas que le daban aspecto intelectual y sacó una polvera, poniéndose colorete y posteriormente se pintó los labios. Con esta nueva apariencia salió a la calle.

       Yo estaba consternado.

         No quería pensar, ella no era en realidad la ratita de biblioteca que yo había imaginado, sino que su verdadera disposición era otra. Simplemente había adoptado aquella apariencia modosa, para seducir al bibliotecario. Ella era otra muy distinta y yo era completamente invisible para ella.

         Sentía un dolor profundo en el pecho y en el estómago…sabía que los males del desamor son los más terribles que le pueden suceder al ser humano. Ella, ni tan siquiera sabía que yo existía… no podía caer en una depresión por una circunstancia así. No podía sufrir por una imaginación mía.

         Me mentalicé…pensé que el único que tenía en su interior el concepto de amor…era precisamente yo. Mi corazón estaba dispuesto para acoger el sentimiento amoroso, lo necesitaba, veía que tenía la capacidad de enamorarse, que estaba expectante por conseguir un alma afín. Hay muchas personas que no pueden enamorarse en el sentido global de la palabra, que en cierta manera están muertas en su interior. Yo sabía que todo dependía de mí, el conjunto de sentimientos y sensibilidades que podía ofrecer, los consideraba muy elevados…mi corazón estaba en ebullición…seguro que que encontraría una persona que vibrara cuando yo afino las cuerdas de mi guitarra…de mi alma, seguro que tenían que haber muchas mujeres que se ajustaran a mi forma de sentir la vida.

     No tenía que plantearme las cosas que me habían ocurrido, como una tragedia, simplemente la rata de biblioteca que residía dentro de mí, se había equivocado, pero si dejaba fluir la vida, esta me llevaría a un desenlace favorable. Sólo tenía que esperar, observar y actuar en el momento idóneo.


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