Grieta en el tiempo

Por cclecha
Enviado el 13/01/2016, clasificado en Intriga / suspense
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     Faltan pocas semanas para la maratón. Como cada domingo, quedo con mis amigos del club atlético para realizar nuestro entreno, como mínimo de veinticinco kilómetros.

       Cada semana, procuramos cambiar de lugar de entreno y de paisaje…gracias a esto vamos descubriendo nuevos sitios, siempre rodeados de la naturaleza, cosa que los hace atractivos.

       El entreno, te afina el cuerpo, te motiva interiormente, propulsa tus objetivos y tu alma, haciendo que tus endorfinas se pongan en marcha.

       Hoy toca el entreno por una zona muy bella, ubicada en el parque natural del Garraf. Este parque se muestra árido, con poca vegetación, debido a los vientos que continuamente azotan la zona. Multitud de pistas de tierra se entrelazan en varia direcciones… nosotros escogemos una que lleva hacia la población turística de Sitges.

       Dejamos nuestros coches en un cruce de caminos, desde donde se ve el mar Mediterráneo, a lo lejos, debajo de nosotros de un azul intenso que se confunde con el azul más suave del cielo. Nos colocamos un cinturón del que cuelgan dos pequeños recipientes de plástico con agua y empezamos a trotar en grupo.

       Somos siete hombres jóvenes, procurando ir a un ritmo homogéneo para no descompasar al grupo. La velocidad, no muy rápida, de trote, me permite ir hablando con mi amigo íntimo Roberto. Hablamos de cosas de la carrera, del deporte, de los entrenos… cuando él se adelanta un poco, se prueba con más velocidad…entonces yo aprovecho para quedarme con la soledad del corredor y para dejar que las ideas vayan aflorando a mi consciencia. Me resulta fácil imaginar situaciones e historias que se manifiestan a mi inventiva, mientras mis pasos siguen la cadencia natural del footing. Posteriormente escribiré en forma de relatos lo que imagine.

       El esfuerzo se va acumulando en nuestras piernas, la pista de tierra es brutalmente pisoteada sin descanso por nuestras zapatillas, pero la sensación de bienestar de nuestros cuerpos y almas, no tiene parangón. El mar nos sigue contemplando a lo lejos, oculto detrás de rocas verticales.

       Llevamos varios kilómetros de recorrido, cuando el líder del grupo, nos obliga a hacer una primera parada para beber agua, justo delante de una gran y señorial casa, abandonada, desde hace mucho tiempo.

       A la casa se accede por una regia reja que se mantiene con dificultades, en pie, y que se ha visto violentada para facilitar el paso de las personas. El jardín, inexistente, se encuentra cubierto de hierbajos…

       El líder del grupo, que se conoce la zona, nos explica que la casa tuvo mucha importancia hacia finales del modernismo, el antiguo propietario, un potentado que comerciaba con Cuba y las Antillas…pero que aún así quiso fabricarse una casa aislada para descansar.

        Roberto y yo, aguijoneados por la curiosidad nos adentramos en la casa.

       La visión que se nos ofrece de la planta baja es una mezcla del desencanto que produce la contemplación o imaginación majestuosa de lo que fue la casa en su día y el aspecto patético de lo que es ahora. En efecto, la suntuosidad latente en unos techos con una cenefa de grabados vegetales que todavía desafían el imperio del tiempo, contrastan con el devastar intencionado de unas pintadas sin vergüenza de las paredes, descorchadas y mancilladas sin descanso. Las ventanas con los cristales rotos, con los picaportes arrancados y en las que se adivina una madera de nogal muy desvencijada. Una chimenea grande de piedra, también con unos motivos vegetales que nadie se atrevido a arrancar, presiden la planta baja y muestran restos de leña, no hace mucho utilizada…

     Mi amigo Roberto y yo, venos como una escalera regia, de caoba, todavía en pie y con los peldaños inestables, nos invita a subir a la planta superior…

     Roberto y yo, subimos de dos en dos los peldaños y nos plantamos en el primer piso…vimos un distribuidor amplio, con restos muy intermitentes de un papel sin color definido…allí mi amigo hizo un descubrimiento maravilloso a sus ojos

       -Mira Carlos. En esta puerta todavía hay una manecilla de latón de formas originales, muy deteriorada, pero que se puede restaurar…me quedo a ver si la puedo extraer…

       - Bien, mientras tú trabajas con la manecilla, yo exploro las habitaciones.

       Con la mano, empujé suavemente una puerta aplafonada y ladeada que le costaba de abrirse…entonces me pasó algo realmente extraño…cuando entré en la habitación me mareé levemente, primero lo asocié a una bajada de azúcar, común en los deportistas, pero luego, mientras me introducía en la habitación y la luz iba pasando de la oscuridad total a una penumbra visible y buscada, ya no supe que pensar.

       La puerta se cerró suavemente detrás de mí. En medio de la luz tenue, la visión de lo que se me ofrecía me resultó inexplicable.

       Un cabezal de cama, ricamente ornamentado con marqueterías de naranjo y boj, dibujaban flores estilizadas que destacaban en un fondo de madera de cerezo. En la cama, se encontraba, postrado, un hombre mayor, rodeado de personas de todo tipo.

       Un sacerdote, con una sotana elegante, le estaba ungiendo los santos oleos…la extremaunción, al anciano. Al lado de la cama, se encontraban dos reclinatorios forrados de terciopelo granate, en la que se veían dos damas, de rodillas y rezando. La mayor llevaba ya un traje negro, presagiando el desenlace…y la joven lucía un vestido de color crudo, largo, adornado con cintas rosas en los hombros y a modo de cinturón.

         Unas gruesas cortinas corridas a juego con las paredes tapizadas, dejaban que la luz se posara suavemente en el rostro del anciano al borde de la muerte. El desfallecido, empezó a respirar trabajosamente y los primeros estertores de la muerte se escucharon

         Un sofacito estrecho, de madera vista, con tapiz asalmonado, junto con dos sillones a juego, daban descanso a las personas mayores y de apariencia ilustre.

         La habitación se encontraba atiborrada de gente y yo estaba situado justo detrás de dos empleadas de hogar con vestidos negros, devantal y cofia blancos. Me sentí completamente fuera de lugar, allí con mis pantalones cortos y mi camiseta impregnada de sudor, así que reculé disimuladamente hacia la puerta. Intenté accionar la manecilla, pero se obstinaba en estar cerrada.

         Afortunadamente escuché a mi amigo, detrás de la puerta

         -Carlos, Carlos… ¿Dónde te has metido?

         Me volví a marear suavemente y la hoja de lla puerta se abrió sin dificultad. Todo volvió a visualizarse como anteriormente, es decir de forma destartalada.

         -No he podido extraer la manecilla de latón, los tornillos estaban oxidados y no tenía herramientas. También he visto dos tiradores de ventana, que el próximo domingo, vendré a por ellos, junto con la manecilla

         Bajamos con el grupo y emprendimos la marcha, al trote, hacia Sitges…respiré hondo varias veces y agradecí que el Sol, impactara en mi cara ya que me había quedado pálido como la cera. Mi amigo, todo contento, me dijo

       -Bueno, el próximo domingo, cuento contigo, para venir a recoger los tiradores y la manecilla.

       No me atreví a desmentirlo…continuaba consternado, pero tenía claro que el próximo domingo, me encontraría, más que seguro, enfermo,…lo último que haría es volver a la casa.

 


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