Fatum desgraciado

Por HectorHil
Enviado el 14/01/2016, clasificado en Poesía
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Sí, yo la mate, pero no en un sentido inicuo. La razón de mi ser era ella, su amor me hacia poner un pie delante del otro, hacia latir mi corazón, daba vida a lo muerto. Su confianza daba tranquilidad a la existencia que ella me daba, sus besos y caricias proponían felicidad y yo la aceptaba.

Aceptaba cada pulgada y no la desperdiciaba. No me acuerdo como paso, la culpa habrá sido mía, en los últimos años una vasta manta de seda negra me cubrió, hecha de inseguridad y de celos, me volvió dubitativo en todos los aspecto de mi existencia, me volvió un tormento hacia su vida, la vida de mi amada, Valentina fue llamada, y nunca volverán mis labios a decir ese nombre.

Sucedió una noche, por ansias del destino siempre obscuro, un arma se encontraba entre mis manos, mis intenciones no eran claras, nada puede ser claro en lo obscuro, entonces un ruido rompió el silencio y su vida se escapo de este mundo.

Su foto en mi armario está guardada, recuerdo de una vida feliz, más no podría ser otro su fin, que un obscuro recuerdo marchito entre sentimientos, mi alma muere a cada momento… ¿Cómo poder seguir? Si su vida hablaba de la mí, y ahora está perdida entre tormentos.

Aun recuerdo los momentos felices, todo es culpa mía… algunas veces temo a la ira del señor, ya que dio vida a un ángel en esta tierra, y un demonio se la aferra, y la envía de vuelta a su lado, si esta vida tiene algo de bello será por su recuerdo, el que persistirá cuando este servidor se vaya al infierno.

Todo es gris… ¿Por qué hice esto? Ahora añoro su olor y su mirada… ¿Cuándo la perdí? Si su vida era todo, y ahora no puedo vivir sin saber, si un día ella va a volver como la primavera cada año, a alegrar a este bosque, que no puede vivir sin la sensación que su estación irradiaba antaño...este bosque que era colorido y feliz tras pasar los años.

Siento algo en el aire, momentos previos a la muerte, mi vida anhela su castigo, castigo por la sangre, sangre volcada en el suelo por un revolver y su dueño. El aire viciado esta, es el humo del infierno, que abre las puertas a un pasajero, que a su esposa Valentina vio engañándolo, mas no por maldad de esta, solo por el descuido de un servidor, que su vida desperdicio, y ahora no queda más que su última mirada a un fulgor, que la vida de su amada cegó, borrando hasta su ultimo recuerdo.

No quiero vivir en un mundo sin ella, sin su olor, sin su mirada, sin su sonrisa que antes de quitar su vida borré. No quiero vivir sin su vida con la mía, esto no tiene sentido, mi vida misma quite en aquel disparó, solo me queda por cometer un último pecado, que es matar a este cuerpo vida, sin razón, y que solo camina con una intención: la muerte de este tormento atroz. Adiós, quizás me recuerden como un humilde morador que su vida perdió antes de morir su cuerpo.


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