Solo un beso Parte V

Por Prometea
Enviado el 15/01/2016, clasificado en Amor / Románticos
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De nuevo a la realidad

Le dio un inocente beso en la mejilla a su esposo y se retiró. Esa noche aunque durmió profundamente tuvo los sueños más húmedos de su vida. De pronto despertó y tuvo miedo de haber hablado algo inconvenientemente delatador, pero su esposo roncaba apaciblemente. Antes de volver a conciliar el sueño, empezó a recordar la intensidad de su encuentro con Eric. No pudo evitar compararlo con los últimos dos, apacibles y rutinarios en casi dos meses, que había tenido con su esposo. Sentía que algo había despertado en ella. Repasaba mentalmente las palabras de Eric: “Este mundo nacerá y terminará cuando nosotros queramos”…  Puso la mano en su sexo y lo sintió como algo ajeno a ella. Nunca se había imaginado que ahí como parte de su propio cuerpo, tuviera ese instrumento de placeres hasta ese día desconocidos.

Eric que muy rara vez fumaba, esa noche subió a la parte superior de la casa y entre ropas tendidas contempló las estrellas y repasaba cada paso que había dado. La perfección de su plan y sobre todo la intensa entrega de Ariana. Sonrió, sabía que apenas era el inicio de una etapa llena de placeres por descubrir.

De pronto se preguntó muy en su fuero interno lo que verdaderamente sentía por Ariana. Recordó que se enamoró de ella al principio solo por su apariencia. Después la odió porque sintió que se había vuelto muy soberbia. Después la admiró y la volvió a desear cuando consideró que ya había madurado suficiente. Se hicieron buenos amigos y un día empezó a imaginarse todos y cada uno de  los pasos que había dado ese día. Pero, ¿qué sentía por ella en ese momento después de haberla tenido en sus brazos? Le había hecho el amor como nunca lo había hecho incluso con su esposa. Pero sobre todo, disfrutaba recordar el primer beso que le había dado. Cerraba los ojos y lo volvía a vivir. Ese momento lo catalogó automáticamente en el subconsciente, como el más mágico que había conocido en su vida. Después repasó mentalmente el segundo que ella le había dado a él como respuesta  y del tercero en que los dos asistieron a la reunión voluntariamente con sus labios.

Cuando esto lo estaba viviendo de nuevo en su mente, se emocionó tanto que empezó a llorar solo y en silencio. Ahí se dio cuenta que en verdad la amaba. Sintió miedo, un miedo que no conocía. ¿Qué voy a hacer? Se preguntó a sí mismo. En ese momento tuvo una visión: Ariana aparecía diciendo: “no te preocupes, este mundo nacerá y terminará cuando nosotros queramos, cuantas veces queramos”.

Pegó tremendo salto cuando Araceli apareció repentinamente a su espalda para preguntarle “¿No te vas a acostar ya?”. Él dijo una mala palabra por la sorpresa que lo pilló en pleno romance mental con su hermana. Araceli rio a carcajadas y él bajó con ella.

Cuando salió del baño después de una buena ducha y se metió a la cama, sucedió lo que más temía, Araceli se puso muy cariñosa y fue directamente al grano. Él nunca la había rechazado aunque ella a él demasiadas veces.

Dudó en decirle que no y prefirió concentrarse en su esposa. Ella logró lo que quería y él tuvo que despegar en una emergencia de su mundo de dos, a su otro mundo que en ese momento también era de dos. Por más que quiso, no pudo evitar recordar los labios de Ariana diez años más joven que su esposa. De pronto vio a los ojos de Araceli y ella le sonrió, le dio un beso soso como los de siempre, pero él sabía que ella lo  amaba de verdad y dejó de comparar. Se entregó y amó a su esposa en ese momento. Ya había aterrizado en su mundo original del amor. A la noche siguiente, Araceli volvió a la carga, algo que no había sucedido en años: ¡dos días seguidos de sexo! Esto se repitió diario durante una semana.

Después de esa semana dejaron pasar un día, después dos entre sus encuentros y así hasta que todo volvió a la normalidad. Solo tenían sexo  ocasionalmente.

Cuando se encontraron otra vez los cuatro. Apareció la cordialidad que siempre los había caracterizado. Solo sucedió algo distinto: cuando Eric saludó a Ariana, inercialmente él le dio un beso en la mejilla, algo tan fútil que aparentemente no llamó la atención de nadie pero que en realidad no acostumbraban. Los dos sintieron que la corriente eléctrica recorría sus espaldas. Pudieron sobreponerse rápido. La charla siguió, terminó  y se despidieron de la misma manera en que se habían saludado.

Más de dos meses después del primer encuentro, se pudieron ver de nuevo en una cita clandestina. Esta vez rompieron el récord en cantidad y calidad al hacer el amor. Eran como dos niños descubriendo el nuevo mundo.

Eric notó perfectamente que después de ese encuentro, Araceli lo buscó esa misma noche y sucedió de nuevo que durante más de una semana entera, ella había entrado en una fase de un intenso apetito sexual.

Se le ocurrió experimentar. Los encuentros con Ariana dejaron de ser novedad. En el momento que estaba más apagada la situación con Araceli, él le pidió a Ariana solo un encuentro de caricias e intensos besos. El efecto fue el mismo, ese mismo día Araceli lo buscó y su apetito por hacer el amor emergía fortalecido durante una semana sin aparente explicación.

Casi sin darse cuenta, todo se había invertido. Los encuentros con su esposa se incrementaron en calidad y cantidad. Era el resurgimiento sexual de Araceli. En cambio con Ariana las cosas se volvieron muy esporádicas y llegó a parecer que sus encuentros eran un compromiso de trabajo. Ahora platicaban más y hacían menos el amor. Ariana le explicó que su esposo desde hacía ya bastante tiempo solo cumplía por obligación y que ella ya no podía vivir sin la emoción. De pronto, en un acto de sinceridad desmesurada y no premeditada, Ariana confesó sin mayor preámbulo que tenía otro amante. Un joven bastante atractivo y muy dotado.

Eric sintió una punzada en el corazón, una patada en el estomago, sintió que su ego era asesinado sin misericordia y que su mundo de amor alterno, estallaba como el Big Bang origen del universo. Se levantó, la vio llorando no por su amor, sino por la pena que le había producido tal confesión.

Él solo dijo: “adiós Ariana, adiós para siempre”. Su amor clandestino había durado dos años. Cuando salió del restaurante en donde se habían citado, sintió alivio, sintió que dejaba unas cadenas de mil toneladas pero al mismo tiempo sentía una profunda tristeza. Esa noche le hizo el amor a Araceli con tanto entusiasmo que ella le preguntó “¿Ahora que comiste? ¡Estás increíble!”.

Él la besó con esos besos sosos de ella, pero sintió tanta alegría que se la transmitió. Se besaron (sosamente), rieron como hacía mucho no lo hacían y se quedaron dormidos profundamente.


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