Ya se cerró la puerta...

Por Justino Hernández
Enviado el 16/01/2016, clasificado en Drama
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Ya se cerró la puerta y paradojas de la vida, todo puede ocurrir por azar o,también, por necesidad. Me explico.

Cuanto tenía 5 años gozaba de una salud insultante y se sentía el niño más fuerte de parvulitos, dado que el grado de guardería, que ni tan siquiera Infantil, aún no se habían ni inventado.

Aunque se rodeaba a diario de muchos niños y niñas amig@s, jamás le concedió el honor de sentarse en su piedra favorita a nadie, a nadie hasta que conoció a Sonia. Aunque la memoria no le ayuda a recordar el color de su piel, ni tampoco la forma de sus manos, ni desgraciadamente su olor, si que recuerda la profundidad de sus oscuros ojos negros redondos como monedas de cinco duros brillantes como el resplandor de un río.

Solía compartir su merienda con ella y la protegía de ataques furtivos como una pelota perdida, un empujón sin destinatario inicial o, simplemente, un mal viento que pudiera dañarla. Se había convertido en protector de aquella niña que con tan sólo dos años menos que él ya le había robado el corazón.

Como cada mañana se sentaba en el umbral de la puerta de madera de la entrada a la escuela con la sonrisa del que se sabe esperando a alguien especial. Pero aquella mañana fue más especial que de costumbre, los minutos (concepto que por entonces desconocía…) se hacían eternos en la espera, y cuando todas las mamás se habían marchado sintió una mano que apoyándose en su hombro le animaba a entrar para poder cerrar la puerta.

-¡No estamos todos, seño!- le dijo a aquella mujer. Pero sin saber muy bien por qué y aunque ésta no le contestó, el brillo de sus ojos lo hizo por ella. Sonia había emprendido aquella noche un viaje larguísimo del que jamás regresaría y aún no estaba capacitado para entender el destino final. Tan sólo recuerda que no cantaron aquella mañana, que las seños estaban más tristes y que, muy de vez en cuando, de dos en dos y cada dos por tres se reunían en el cuarto de seños y alguna salía con los ojos de muy mal ver.

Pasaron muchos años, tantos que siendo papá caminaba, como siempre, pensando en sus cosas y sin saber por qué razón, aquellos ojos profundos regresaron a su mente quizá por capricho de la memoria o, tal vez, por la necesidad que tenemos las personas de satisfacer a nuestro corazón con recuerdos agradables que sólo nosotros conocemos. Se le escapó una sonrisa al cincuenta por ciento y giró la esquina…

-Lo siento, no le he visto.- Comentó en voz baja y sin levantar la vista sin otra intención que la de parecer educado por haberse topado con aquella muchacha. La sorpresa fue mayor cuando al escuchar a la muchacha levantó la vista y se encontró de frente, de forma real, sin sueños ni recuerdos que valgan, con aquellos ojos negros redondos como monedas de cinco duros brillantes como el resplandor de un río. El tiempo se volvió hielo y los minutos eternos ( concepto que por entonces ya conocía…) y sin saber por qué ,ambos, tras mirarse perplejos durante cinco segundos, se abrazaron sin poseer más motivo que el de la pulsión interna de abrazarse.

Entre los dientes de la escapó – Sonia…- pero ella le corrigió con voz también de atrezo y le dijo – No, yo soy Ana, Sonia era mi hermana gemela -.

Mantuvieron una conversación intensa, larga, bañada en los termales eflúvios de un café de invierno a las 6 de la tarde de un frío enero y hasta hoy gozan de un reencuentro que posibilitó cerrar una puerta que desde niño había quedado abierta. La hermana gemela supo ayudarle a calmar al niño que seguía llorando desde dentro.

Ocurre, y sólo en contadas ocasiones, que las historias más sorprendentes parecen sacadas de la fantasía sin percatarnos que la verdadera fantasía está en haberlas vivido en primera persona…

Agradecimientos a elotrolado.net por la fotografía.

http://ww.emocionalia.es


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