LOS JUGUETES ROTOS ACABAN SIEMPRE EN UNA BOLSA DE BASURA. (Capítulo 2)

Por hemyl21
Enviado el 24/01/2016, clasificado en Intriga / suspense
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Éste es su portal.

Veamos si las copias de las llaves funcionan…

Si él supiera…

Su inocencia me enternecería si aún quedase algún resto de ternura en mí. Es jóven y confía demasiado en la bondad del prójimo. Demasiado.

El mal que anida en el alma de muchas personas, más de las que podría imaginarse, todavía no le ha mirado de frente.

¿Y si una de esas personas estuviera a su lado? O peor aún, y sería ligeramente más inquietante, ¿si estuviera detrás de él, a su espalda? Seguramente, jamás se daría cuenta ni llegaría a sospechar.

Yo... Por ejemplo. Un tipo amable, simpático y servicial a ojos de los demás. Nunca se le habría pasado por la cabeza que planeé hacer un duplicado de las llaves de su apartamento cuando volviera a dejar el vehículo en el lugar donde trabajo, y se fuera a la cafetería para hacer tiempo hasta que el coche estuviera a punto.

Las llaves estaban ahí… A la vista. Colgando del mismo llavero que la del contacto. Sólo tenía que duplicarlas usando un molde con masilla de porcelana.

Ok... El portal se abre sin problemas con el duplicado de la llave.

Me calzo los cubrepiés de quirófano…

No queremos ir dejando huellas de pisadas por todas partes, ¿verdad mamá? Quedarían a la vista de los inútiles que vendrán más tarde a husmear.

No... No les vamos a facilitar su trabajo. Precisamente el mío consiste en lo contrario, ponérselo difícil.

La llave también entra perfectamente en la cerradura de la puerta del apartamento.

Contén la respiración unos segundos…

Hay que girarla…

Sin hacer un solo ruido…

Concéntrate…

Bien… Bien... Ok.

Abrimos…

Despacio…

No hay prisa.

Nos aseguramos de que en el interior de la casa no hay movimiento…

A estas horas es difícil que alguien que madruga para ir a trabajar siga despierto, aunque la sed o las ganas de mear no tienen horarios fijos. Por eso no me fío. La línea que separa el éxito del fracaso es extremadamente fina, como la que separa al amor del odio, o a la vida de la muerte. Un simple parpadeo.

Sólo se escucha el silencio.… ¿Lo oyes? ¡Qué maravillosa y relajante melodía!

Prohibido romper la quietud de la noche y anular la ventajosa situación que nos otorga el factor sorpresa.

Umm…¡Vaya! ¿Esto es de mi cosecha, o lo he leído en algún sitio?

No sé…

Pero la frase podría formar parte de algún tratado sobre estrategia militar. Y si aún no está incluida en ninguno, debería estarlo. ¿No estás de acuerdo?

Bien... Todo va como esperaba.

Cierra la puerta con mucho tiento…

Sin ruido…

Procura no hacer ruido…

¡Perfecto! Buen chico…

La oscuridad es total.

Mi fiel y mágica aliada.

Abrázame …

Envuélveme con tu velo negro. Déjame formar parte de tí.

Siempre juntos…

La asociación perfecta para poder ver sin ser visto. Para acercarme a escasos metros de cualquier objetivo sin ser detectado.

Han sido muchos días repitiendo paso a paso la misma estrategia. Recorriendo una y otra otra vez el mismo itinerario. Cronometrando el tiempo invertido en hacer corriendo ese recorrido de dieciocho kilómetros, tanto para ir, como para volver. Y siempre a la misma hora. Cuando todo el mundo duerme.

Sería una imprudencia grave no tener todo controlado. El riesgo de que la cosa se vaya al traste por dejar algo en manos de la improvisación es muy alto, y el precio que tendríamos que pagar por un error, excesivamente elevado.

Pero eso madre…, no entra en nuestros planes. Mejor ni pensarlo.

Veremos si no me han fallado los cálculos que hice desde la calle en cuanto a la distribución interior de las habitaciones se refiere. Lo único que conozco de su casa es lo poco que pude ver detrás de él a través del objetivo de la cámara web de su portátil, e intuyo que debe tratarse de un despacho o una especie de estudio. Hemos jugado un par de partidas de ajedrez on line a través de Internet.

Es curioso lo sencillo que resulta ganarse la confianza de la gente. Te revelan el número secreto de su cuenta corriente si sabes tocar los botones adecuados. Sólo es cuestión de regalar sus oídos con lo que quieren o lo que les gustaría oír. Al ser humano, entre otras muchas cosas le pierde la vanidad. Mientras anestesias su ego con halagos, alabanzas y críticas favorables hacia su persona, puedes cortarle un dedo de la mano sin que cambie el gesto de su rostro. Sin dejar de exhibir una complaciente y bobalicona sonrisa.          

La piel se endurece... La sangre acelera su curso por mis venas y los latidos del corazón se irán concentrando en las sienes hasta convertirse en un dolor agudo que irá en progresivo aumento… Luego… la gasa roja provoca que vea todo en ese color, como a través de una sutil cascada de sangre. Los músculos se tensan…

Son siempre las mismas sensaciones cuando se acerca el momento.

La linterna…

Sí...  

Estaba por aquí…

En el bolsillo lateral del pantalón.

No quiero tropezar con el mobiliario, y por ahora no voy a encender ninguna luz de la casa, podría verse desde fuera.

Linterna entre los dientes…  Mochila al suelo.  

Un pañuelo por aquí... El frasco con cloroformo por este otro lado.

¡Ta-ta-chin..! Como diría un mago.

Vierto el cloroformo en el pañuelo y... Ahora, sólo espero haber acertado con su dormitorio.

Adelante… Con mucho sigilo.

Me comentó que tomaba somníferos para dormir. Esa información me da tranquilidad porque significa que ahora estará más relajado que un muerto... ¡Ja..! Más relajado que un muerto. Me encanta. ¡Una apreciación que conjuga lo premonitorio con la ironía!

Ésta, según mis cálculos debería ser su habitación…

Una ráfaga rápida de la luz de la linterna para determinar su posición…

Uno, dos... ¡Va..!

Bien, bien, bien…

Objetivo localizado…

En la cama, boca arriba y tapado hasta la barbilla.

Los latidos se intensifican. Ya son más dolorosos y comienzo a notar cómo va apareciendo poco a poco la gasa roja sobre mis ojos. La oscuridad y lo que ilumina la linterna se va tornando rojizo.

Empieza una de las partes más delicadas. Entra en juego la fuerza. Una lucha cuerpo a cuerpo, desigual, sí, lo sé, soy consciente de ello. En principio cuento con la ventaja de la sorpresa y soy más fuerte. Él, como es lógico, intentará defenderse… Eso, si logra darse cuenta de que lo que le está sucediendo no es una pesadilla. Y cuando alcance a discernir su verdadera situación, tardará sólo segundos en volver a caer en un profundo sueño.

La linterna de nuevo entre los dientes. Quiero ver su mirada cuando de repente caiga a horcajadas sobre su pecho y abra los ojos desconcertado. Ahora mantente alejada madre, déjame solo.

¡...Arriba!

Presiono... el pañuelo… con fuerza…

--¡Hey..!  Hola muchacho…

--¿Te he asustado verdad..?

--¡ Vaya... Qué mal despertar tienes!

--Conmigo encima..., es imposible que saques los brazos de ahí.

--¡Pero lucha… Lucha! No esperaba menos.

--Deberías agradecerme lo que voy a hacer por tí. Sé que lo habrías hecho tú mismo de haber tenido el valor suficiente. Voy a liberar a tu espíritu de las cadenas que le mantienen atrapado en un cuerpo enfermo al que odias, un cuerpo que no depende de tí. Tú me lo has pedido indirectamente. Todos me lo habéis rogado. No hacen falta palabras. Mamá me lo pedía con la mirada. Una mirada angustiosa que gritaba constantemente: “¡Sácame de aquí hijo!”

--¡Oh..! ¿Ese soy yo?

--Si. Lo que veo parece mi cara.

--Tus pupilas iluminadas por la linterna son como un espejo.

--Hasta parece que estoy sonriendo.

--También veo terror en ellas.

Ya se atenúan sus gemidos.

--Respira…

--Vamos…

--Respira hondo…

--Cuanto antes te duermas antes dejarás de sentir pánico…

Lo dejarás de sentir por poco tiempo…

Sólo…, hasta que te despiertes de nuevo…


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