¿Te dará miedo la Casa de los Horrores?

Por NinfaRelatos69
Enviado el 11/02/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Carla y yo estábamos ilusionadas por ir a la Gran Feria. ¡Habría todo tipo de atracciones para pequeños y mayores!... O al menos eso decía el cartel. La Gran Feria se celebraba cada año en nuestro pueblo y atraía a muchas personas de ciudades y pueblos cercanos. Carla y yo, amigas desde la infancia, jamás nos perdimos una feria e íbamos todos los años juntas como buenas amigas que éramos. Desde la adolescencia, nosotras vamos por la noche (las atracciones permanecen abiertas hasta el día siguiente al mediodía). Hoy en día yo tengo 23 años y Carla 22 (cumple 23 dentro de dos meses). Pues llegó el preciado día 22, día de la Gran Feria, Carla y yo fuimos a las 22:00h y montamos en un par de atracciones. Había de todo, incluso la Casa de los Horrores a la que nunca nos habíamos atrevido a entrar porque decían que daba mucho miedo. A las doce vino el novio de Carla y se la llevó y yo me quedé sola y un poco mosqueada, ¿por qué se la había llevado?

¿Quién me iba a decir a mí que la noche se iba a poner interesante? Me senté unos instantes en un banco y decidí seguir montando en las atracciones. Me encontré con otra amiga mía, estuvimos charlando un rato y montamos juntas en una atracción. Horas después sólo me quedaba una atracción en la que montar pero dudé un momento. Cualquiera que me viera pensaría que estaba loca, allí parada enfrente de la Casa de los Horrores sin dirigirle la mirada. Y sola.

-¿Qué haces ahí parada?- me gritó una divertida voz masculina que se me hacía familiar.

Me giré y vi a un hombre más o menos de mi edad, me llevaba una cabeza de altura (mido 1,70 m). El pelo castaño revuelto y corto, una sonrisa como si me conociera. Era guapo y tenía cuerpo atlético pero no de matarse muchas horas en el gimnasio.

-Eh... Estaba... pensando- respondí confundida.

-En medio de un descampado lleno de luminosas atracciones, de madrugada, sola... No es el mejor sitio para pensar, ¿no crees?-se rió.

-¿Qué? ¿Pensaría mejor en mi casa? No sabes lo que estoy pensando-le dije con una falsa sonrisa.

-¿Y si viene un violador?-se burló.

-Sé karate-mentí-. ¿Sabes? Me estás dando mal rollo así que me voy-me di la vuelta y me disponía a caminar.

-¡Espera! ¡Soy yo! ¿No me reconoces? ¡Bruno!

Volví a girarme al darme cuenta de quién era. Bruno había sido amigo mío y de Carla desde muy pequeñitos. Siempre íbamos juntos pero a los 7 años se marchó con sus padres muy lejos y nadie volvió a saber de él.

-¿Qué?-dije con una sonrisa sorprendida.

-No quería asustarte, sólo saludar-se disculpó un poco intimidado.

-Oh, lo siento es que esta no ha sido la mejor feria que he tenido-dije algo nerviosa.

Sin duda era la última persona que esperaba ver, y menos en mi pueblo. Habían pasado 16 años desde la última vez que nos despedimos, sólo teníamos 7 años.

-Wow, estoy un poco... Flipada-sonreí y lo abracé- ¿Dónde has estado? ¿Por qué has venido? 

-Sigo en la misma ciudad, es fantástica... ¿Tanto he cambiado?

-¿Qué?

-Si he cambiado tanto como para que no me reconocieras-volvió a sonreír. Tenía un hoyuelo en la mejilla derecha, también lo recuerdo de cuando éramos niños.

-Ha pasado mucho tiempo, ¡casi veinte años! Ni me acordaba de ti- hice una pausa-. Pero sí me acuerdo de este hoyuelo, Yéssica estaba coladita por ti a los cinco años y no paraba de decirme "Oh, mira qué hoyuelos tiene, háblale de mí, quiero que se case conmigo". Qué petarda. Se fue hace unos años.

-¡Casi veinte años! Me haces sentir viejo y sí, ya lo sé porque estuve saliendo con Yéssica hace dos años.

Me puse roja como un tomate.

-¡No te preocupes! Rompí con ella porque era una petarda- me dijo y los dos nos reímos.

Hablamos un buen rato y nos pusimos al día. Y de pronto me sentí como una niña pequeña con mi mejor amigo y como si nunca se hubiera ido.

-Bueno, sólo me queda por montar una atracción...-dije sonriente.

-¡La Casa de los Horrores!- dijimos a la vez a carcajadas.

-¿Conmigo te atreverás?-me vaciló caballerosamente.

-No sé, ya no estás tan flacurrio como de niño-me burlé-. Pero con mi karate te protegeré yo.

Estábamos muy cerca, podía sentir su respiración y... su sonrisa demasiado cerca. En un segundo todo cambió y nos besamos. De pronto todo era más cálido y él tenía una cara de bobo. Creo que yo también tenía cara de boba.

-No eres una petarda-me susurró.

-"¿Qué haces ahí parado?"-le grité encaminándome sola a la Casa de los Horrores- A lo mejor viene un violador, y tú no sabes karate-me burlé.

Me miró con cara de "Tú tampoco" y me siguió hacia la atracción. Era una atracción enorme y para mi sorpresa, la más cutre de todas. Nos miramos a los ojos tras ser atacados por una momia de plástico y nos besamos. Ya no éramos niños, éramos adultos y apasionados. Nos fuimos besándonos a la habitación de los vampiros, sin ser vistos. Estaba muy oscuro así que si alguien entraba en esa sala no nos vería y sólo oiría estridentes risas malignas que provenían de los altavoces. Me fui contra la pared, al lado de un pequeño vampiro medio roto. Bruno me aprisionó con sus besos y nos desnudamos lenta y apasionadamente. Dejamos caer la ropa sobre un diminuto ataúd negro. Me acarició la espalda y me habló con la mirada. Habíamos hablado mucho y ahora sobraban las palabras. Comenzamos una lenta danza sobre la pared, con suaves pero fuertes penetraciones y jadeos. El roce de nuestras pieles era cálido a pesar de que fuera hacía frío. Me mordió un pezón y los dos se pusieron erectos. Jadeo. Me abre más las piernas y las coloca rodeando su cintura. Ambos estamos chorreando y es tan placentero que no quiero que se acabe pero en seguida aumentamos el ritmo y nos corremos. Primero él y luego yo. Pero esto aun no ha terminado, esto solo es el principio.

-¿Qué te parece si vamos a la sala de zombies?-me propuso.


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