Las llaves

Por Samuel
Enviado el 09/02/2016, clasificado en Amor / Románticos
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Con la gavilla de llaves en su cintura, asoma al portón de la casa de barro y piedra. El hogar y el calor. Una vida nueva. Atrás quedó hace hora la paz de la noche, el silencio embriagador y la oscuridad del sueño. El frío de las sombras y el descanso merecido.  Los abrazos compartidos.

Camina despacio por el pequeño sendero. Palpa la armonía de las cosas. El transcurso de la vida. Sentir todo entrelazado y unido, como las notas de una canción. La brisa que se mueve y traslada el silbar de los pájaros. Aves que revolotean entre ramas y hojas. Hojas que despacio caen en la tierra. Tierra que pisa el ganado.

Entre el manojo de sus llaves, una de las más preciadas. La de su granero. Lugar de luces e ilusiones, oscuridad y miedos que se cuelan por las rendijas de la madera. Guarda semillas y herramientas. Carga en sus rudas manos. Las lleva al sembrado. Tierra fértil que ansia agua de lluvia. Tierra de futuro, tierra de existencia y vida. Tierra para ser quien es, por lo que es.

Con el pelo negro y recogido se acerca despacio a la vieja verja. Alambres y postes viejos rodean el prado. La luz del mediodía ilumina su rostro. La ternura de sus ojos. Sus labios rojos. Sonriendo y con un gesto pide su presencia. No duda, la desea entre sus firmes manos. La mira como la primera vez. Acaricia  su cara. La acomoda en su pecho, su tesoro más preciado. Ella lo mira. Susurra: “He cocinado para ti”. Con la luz del mediodía y el fajo de llaves en su cintura, un beso se mezcla con los acordes de aire, árboles, y pájaros.

Ambos ya sentados junto a la mesa. Porche resguardado de lar, adornado de forma especial. Sirven la comida despacio y sin prisas. Como todos los días, disfrutan de su mutua compañía. Y él, en momentos, lo que más le gusta. Lo más bello por una dama. Lo más noble de conceder. Le da de comer. Aún ella se sonroja.

Sus manos entrelazadas. Sus dedos besándose. Miran al horizonte. Disfrutan de los momentos. Comparten sus maneras. Sienten amor y respeto. Y al lado, apenas a unos palmos de sus manos, un puñado de llaves de acero. Llaves que no sólo abren ilusiones. Llaves que cierran miedos.


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