Caronte

Por Allen L. Hughes
Enviado el 13/02/2016, clasificado en Cuentos
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¿Han escuchado alguna vez la leyenda de Caronte?

 

No, no me refiero al codicioso barquero del Aqueronte, sino a la muchacha de blanco, la patrona de los soldados y la muerte, y su última dulce visión.

 

Elaboraré, para no dejarlos en la oscuridad sobre esto: Hace tiempo, cuando la guerra aún azotaba nuestra nación, comenzó a circular el rumor de que algo -o más bien, alguien- aparecía junto a los soldados caídos durante fracciones de segundo, para volver a desaparecer cuando alguien lo notaba. Era una figura pequeña, de la mitad del tamaño de la mayoría de los soldados, y envuelta en una tela blanca como la nieve. Algo que contrastaba con el fuego y el humo y la ceniza del campo de batalla, pero a la vez, compartía la misma aura de muerte. Nunca se tuvo una imagen detallada, y quizás eso era lo que la hacía tan interesante: el misterio. Los soldados notaban que sólo aparecía junto a los soldados que agonizaban, y antes de desaparecer, los soldados soltaban su último aliento. Comenzó a circular el rumor de que esa figura acompañaba a los caídos hacia el otro mundo, ganándose así el nombre de “Caronte”.

 

Largos meses pasaron, y el mito de Caronte aún no moría. En su lugar, una nueva noticia encendió la chispa de curiosidad de la gente.

Un hombre llegó a una taberna, cubierto de heridas, con ropa de soldado hecha jirones. Dijo que su pelotón entero había sido masacrado en una emboscada, pero él se las arregló para sobrevivir. Sin embargo, se encontró a las puertas de la muerte, y fue ahí cuando la vio:era Caronte en persona. Era una bella joven, de rasgos delicados y mirada dulce. Cruzar la mirada con ella llenaba el cuerpo de una calidez embriagadora, que hacía olvidar las heridas y el dolor, prometiendo paz y felicidad en el otro mundo. Sus palabras, igual de dulces, eran un frío abrazo que devolvía la mente a la realidad. La dulce Caronte te recordaba que estabas muriendo, que ibas a abandonar este mundo, pero que se quedaría contigo hasta que todo hubiese terminado. Caronte no quiere que mueras en soledad, por lo que se asegura que tu última visión sea de una chica que no te abandonó cuando tu final se acercaba.

 

Debe ser algo horrible, ¿no es así? Morir en soledad, en tierra ajena, lejos de casa y de aquellos que amas. Por eso los soldados consideraban a Caronte una bendición. ¿Qué más podían hacer? ¿Cuestionar sus motivos? Eso es trabajo de los escolares. Un trabajo del que se encargaron, por supuesto.

 

No hay un origen claro para esta chica. Hay rumores, sí, pero son sólo eso. Sin embargo, me convence una pequeña historia, poco conocida, que podría ser el origen de nuestra barquera de blanco.

 

Dicen que en una casa noble, una de las hijas nació con un cuerpo muy débil, y por ello requería cuidados constantes. Mantener viva a esta muchacha exigía no sólo tiempo, sino dinero, y la familia terminó por hartarse de ella. La dejaron en una casa apartada, con una sola criada y lo justo para sobrevivir, desligándose completamente de ella. La pequeña vivió por años en el borde de la vida y la muerte, sin poder diferenciar un día del otro más que por el clima que se veía desde su ventana. La criada falleció durante una tormenta de nieve, y la chica quedó sola. Las medicinas se terminaron, y ella ya no tenía fuerzas para salir a conseguir más. Sin nadie más que la cuidara, pronto encontró la muerte. Se dice que, en sus últimos momentos, ella deseó que nadie más tuviese que morir de esa forma, en esa soledad. Y los dioses concedieron su deseo, tomando su espíritu como el avatar para esta tarea.

 

¿No es algo horrible, morir abandonado? ¿No les gustaría poder evitarlo? Aún si el destino es cruel con ustedes y se encuentran en la situación de nuestra trágica joven, sus últimos momentos serán dulces junto a la dama de blanco.

 

Después de todo, nadie merece morir en soledad.


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