En su despacho profesor... 9 [Sospecha y advertencia]

Por Satine1991
Enviado el 15/02/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Pablo miraba pensativamente la puerta del despacho. Sara acababa de marcharse. Se percató del piloto encendido del teléfono que le comunicaba que tenía un mensaje de voz. Pulsó la tecla del contestador y lo que escuchó le dejó helado: 

" Buenos días profesor. Soy el rector de la universidad. He estado intentando contactar con usted desde ayer por la tarde pero ha sido imposible. El motivo de mi llamada es que se han producido una serie de incidencias en las que está involucrado. He comenzado unos trámites para averiguar qué hay de verdad en todo este asunto y espero que se trate de un malentendido. Cuando escuche este mensaje pase por mi despacho para tratar este tema". 

Pulsó de nuevo la tecla para escuchar el mensaje. Obviamente la única incidencia que se le ocurría era Sara. Mil ideas se agolpaban en su cabeza. Ella se había marchado de su casa la tarde de antes bastante molesta...¿habría dicho algo? No. Se negaba a creerlo. ¿Quién lo sabía? ¿Su esposa? No tenía suficientes pruebas para acusarlo de nada. ¿Alguna amiga de Sara?

Sacó su móvil de la chaqueta y la llamó. Ella le rechazó la llamada. 

- ¡Joder!- dijo mientras cogía su maletín y se marchaba a su siguiente clase. 

No pudo concentrarse. Terminó la clase y se dirigió directamente a la última planta de la universidad. Notaba que el corazón le latía muy deprisa. No podía perder su trabajo. Había nacido para ese trabajo. Se dijo tonto mil veces por haber cometido tantas imprudencias. 

Subía por las escaleras y entonces la vio. Ella bajaba mirando su móvil y no le había visto. La agarró del brazo en el rellano. Pablo no dijo nada. Prácticamente la arrastró escaleras abajo y la metió en el cuarto de mantenimiento de la segunda planta. Un olor a rancio les rodeó.

- ¿Qué has hecho?- preguntó él bastante enfadado. 

- ¿Qué estás insinuando?

- ¿A quién se lo has contado? ¿O has venido tu misma a delatarme? ¿Tanto te cabreaste ayer?-Pablo sudaba en exceso y ella nunca le había visto así. A pesar de todo la estaba acusando sin motivos. 

Cuando lo hizo supo que se arrepentiría pero Sara no pudo evitar darle una bofetada. 

- ¡Eres un maldito idiota! ¿Desconfías de mí? ¡Deberías haberlo pensado antes en vez de dedicarte a follar conmigo!-le gritó ella y se dio la vuelta para marcharse. 

Él apoyó la mano en la puerta. Le cogió la cara entre las manos y se quedó muy cerca de ella. 

- No vuelvas a llamarme idiota-le susurró. 

- Aunque no te llame idiota seguirás siéndolo. 

- Sí. Idiota por seguir con algo que me puede destruir- y la besó. 

Porque cuando la besaba y la tenía junto a él lo demás desaparecía. Solo podía ser consciente de su cuerpo, su calidez, sus labios y toda ella. Con una mano se aseguró de cerrar la puerta con llave y abrazándola la llevó al centro del pequeño cuarto. Le besó el cuello y llevó las manos a su culo para apretarla contra él. Sara sintió su polla dentro del vaquero. Suspiró. 

Pablo la miró a los ojos y la besó despacio. Sara apoyó las manos en su pecho. Se dio cuenta de que algo era diferente, que no era como otras veces. Notaba que él parecía querer saborear cada segundo, como si se tratase de una despedida. O de una última vez. Se negó a pensar en eso. 

Él empezó a bajarle los pantalones con claras intenciones. Ella miró alrededor. 

- Me niego a apoyarme en ningún sitio de este cuartucho. 

- Pues apóyate en mí. 

Acto seguido se deshizo de sus propios pantalones. Ella le desabotonó la camisa y pasó las manos por su pecho mientras comenzaba a arrodillarse. Suavemente cogió su polla y empezó a tocarla muy despacio, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Se la llevaba a la boca, pero volvía a retroceder. 

- No juegues conmigo.

Y entonces hizo lo que sabía que él quería. En un solo movimiento se metió su polla en la boca y la chupó con fuerza mirándole a los ojos. Pablo le llevó la mano a la cabeza para indicarle el ritmo que quería. Sentía su lengua subiendo y bajando. Le gustaba follársela pero la sensación de verla así no tenía precio. 

- Tócate tú también-le dijo con voz ronca. 

Ella llevó su mano a su tanga mojado y empezó a acariciarse por encima de él. Pablo notaba fuego líquido corriendo por sus venas. Sobre todo cuando ella empezó a gemir con su polla en la boca. 

- Para o esto no durará mucho más- y le dio la mano para ayudarla a ponerse de pie. 

La agarró del culo y la sujetó en vilo contra su cuerpo. Ella le rodeó las caderas con sus piernas y se impulsaba hacia arriba y hacia abajo con las manos en sus hombros. Pablo la penetró de golpe y la subía y bajaba a su antojo. La acercó todo lo que pudo a su cuerpo y empezó a hacer un pequeño círculo con su cadera. Sara echó el cuello hacía atrás y gemía. Le clavaba las uñas en los hombros. 

Y de repente algo le vino a la mente. Ella se quedó quieta. 

- No-dijo moviéndose. 

- ¿Qué?- Pablo parecía desorientado. 

- Que no. ¡Bájame!- le espetó ella. Y su tono de voz no parecía admitir réplicas. 

- ¿Qué te pasa?

Sara empezó a recoger su ropa del suelo y a vestirse. No decía nada. 

- ¡Joder! Dime algo-le dijo cogiéndola del brazo y haciendo que le mirase. 

- No tengo nada que decir. 

Y acto seguido ella giró la llave que había en la cerradura, abrió la puerta y se marchó sin mirar atrás. Él no la vio, pero tenía los ojos llenos de lágrimas. Ya en el pasillo respiró profundamente para evitar que esas lágrimas que amenazaban con derramarse se saliesen con la suya. No lo consiguió. Bajó las escaleras lo más rápido que pudo por si a él se le ocurría seguirla. 

Pablo no supo que hacer. Se quedó mirando la puerta que acababa de cerrarse. Se pasó la mano por el pelo en un gesto que delataba su nerviosismo. Se colocó la ropa y decidió ir al despacho del rector. Más tarde llamaría a Sara. 

Aunque parecía tranquilo no lo estaba. Cuando la secretaria lo recibió la sensación de tensión se apoderó de todo su cuerpo. 

- Pase. Le está esperando-le dijo amablemente mientras le abría la puerta. Él apenas pudo dedicarle una media sonrisa. 

Al entrar al despacho se dio cuenta de que hacía meses que no había estado allí. El rector se levantó y le estrechó la mano. 

- Bien. Gracias por venir- le dijo volviendo a ocupar su silla de cuero y le indicó que se sentase frente a él. 

- De nada. Faltaría más. Si existe cualquier problema quiero resolverlo cuanto antes-explicó Pablo con calma. 

- Como sabe esta es una universidad privada y es una institución con una reputación excelente. No podemos permitirnos escándalos. Han llegado hasta mí rumores de que mantiene una relación con una de sus alumnas y todos sabemos que está usted casado. Debo decirle que de confirmarse que es cierto perdería usted su trabajo de inmediato, y se evaluaría la posible expulsión de dicha alumna...

 


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