Reavivar la llama

Por Nomi
Enviado el 19/02/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Mi pareja y yo llevábamos un tiempo sumidos en la rutina. Mucho trabajo y estrés, poco tiempo para nosotros y menos sexo. Desde el principio de nuestra relación siempre habíamos sido muy sexuales, pero la convivencia y las obligaciones diarias lo cambiaron todo. Por eso, hace unas semanas decidimos hablarlo y concluimos que la mejor forma de traer de nuevo las ganas y la pasión a nuestra relación sería cumpliendo nuestras fantasías.

Un martes lluvioso como otro cualquiera aparqué el coche en el garaje después del trabajo. Siempre dejaba el bolso y el abrigo en el asiento de atrás. Así que, como todos los días, después de salir del coche fui directa hacia la puerta de detrás. Fue entonces cuando alguien me tapo la boca con la mano y me empontro contra el coche, haciendo fuerza con su cadera para inmovilizarme. Podía sentir perfectamente una enorme erección contra mi trasero.

-¡Qué bien hueles pequeña! - Su voz ronca provocó en mi una reacción inesperada. Un latigazo de placer recorrió toda mi columna hasta llegar a lo más profundo de mi. - Llevo tanto tiempo deseando esto... - Quitó su mano de mi boca para agarrarme la única mano libre.

- Suéltame por favor. Tengo pareja. Esta arriba esperándome. Sabe que - un fuerte golpe de su cadera contra mi me hizo perder el hilo.

- El idiota de tu novio se ha ido cielo. Ahora solo estamos tú, mi erección y yo. Así que pórtate bien. -Su voz era cada vez más ronca y eso hacía que por momentos me olvidara de que estaba pasando.

No me dio tiempo a pensar mucho más. Él metió su mano entre el coche y yo, apretando fuerte mi entrepierna para pegarme más a él.

- Uf. Joder nena. Que ganas te tengo.

Intente resistirme, pero fue en vano. Estaba atrapada, y la humedad que se empezaba a formar entre mis piernas me pedía que me dejara hacer. Metió su mano en mi pantalón y comezó a masturbarme suavemente, para ir acelerando cada vez más sin parar de restregar su erección contra mi culo. No puede evitar que un gemido se me escapara. Estaba muy cachonda y solo podía pensar en tenerle dentro de mi.

- Te gusta ¿eh?. Esto solo es el principio.

Desabrochó mi pantalón y de un tirón, junto con mis braguitas, lo dejo a la altura de mis rodillas. El ruido de su cremallera hizo que me humedeciera un poquito más. Puso sus pies rodeando los míos para que no pudiera mover las piernas y sin previo aviso me penetró. Por la postura, al tener las piernas tan juntas, podía sentir cada centímetro de él. Durante unos segundos se quedo completamente quieto, dentro de mi, grande, duro y caliente. Intenté moverme para poder rozarnos, estaba muy mojada y sólo quería que me follara.

- Umm, la perrita tiene ganas de que la follen. - Salió por completo para volver a penetrarme de golpe. Como una estocada, llegó hasta lo más profundo de mi ser. De nuevo salió y volvió a penetrarme. Una y otra vez. Cada vez salía un poco menos e iba más rapido. - Joder. Estás tan prieta.

No recuerdo el tiempo que estuvimos así. Solo puedo acordarme de la furia con la que me penetraba y de lo mucho que me gustaba aquello. Entre gemidos comenzó a masturbarme. Aquello terminó por volverme loca. Su respiración en mi nuca, su mano masturbándome y su polla entrando y saliendo de mi provocaron uno de los mayores orgasmos de mi vida. Unos segundos después me embistió por última vez para después correrse. Me giró para ponerme de cara a él, me abrazó y me susurró al oído - Espero haber cumplido tu fantasía amor.


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