El inglés

Por Nomi
Enviado el 02/03/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Las empresas del sector organizaban todos los años una gala benéfica con el fin de recaudar fondos para la investigación contra el cáncer. Y allí nos conocimos hace varios años.
La primera vez que le vi no me llamo mucho la atención, un hombre bastante normal. Entre los ejecutivos había muchos como él. Fue durante las copas, en el momento en el que nos presentaron, cuando me di cuenta de que me había equivocado. Era inglés, tenía el pelo rubio y unos ojos color miel preciosos, pero lo mejor era su sonrisa. Es de esas que derriten. No llegamos a nada, un par de charlas, algunas bromas y poco más.

Hace unas semanas estando en la oficina oí como alguien llegaba a la recepción.
- Un momento por favor, ahora mismo estoy con usted.

Cuando me di la vuelta allí estaba él, con un traje gris impoluto y la misma sonrisa que me cautivo hace años.

-Good morning Sara. Tengo una reunión con el señor López.

- Ahora mismo le llamo, pero creo que esta con un cliente. Igual tiene que esperar un poco.

- Si es en tu compañía no me importa. Y, por favor, no me trates de usted.

Como había previsto mi jefe le hizo esperar 15 minutos. Cualquiera que hubiera pasado por allí durante ese rato habría pensado que entre nosotros había algo más. Pero todo terminó cuando mi jefe llamó para decir que le hiciera pasar. Cuando salió de la reunión cogió uno las tarjetas de la recepción y apunto el nombre de un hotel y un número de habitación y se fue sin decir nada.
Al llegar a casa no le di más vueltas, me preparé y me puse mi vestido preferido, ese que la mayoría de las mujeres tenemos, que nos hace sentir como Beyoncé en uno de sus videoclips, y fui al hotel.

Me abrió la puerta, con el mismo traje de esa mañana pero sin la americana y me dedico una de sus sonrisas.

- No sabría si vendrías. - Dudo mucho que lo pensará de verdad pero decidí creerle. Me tendió su mano. No lo pensé ni un segundo, se la cogí y le dejé que me arrastrara dentro. - ¿Quieres tomar algo? ¿Agua? ¿Una copa quizás?

- Una copa. - La habitación era enorme, y tenía papeles desperdigados por todas partes. Nos sentamos en el sofá. La copa nos duró muy poco tiempo. Se acercó poco a poco, haciéndose de rogar. Al fin cuando nuestros labios se tocaron no pudimos volverlos a serparar. Me subí a horcajadas sobre él pudiendo sentir como poco a poco crecía su erección mientras nos besábamos. Sus manos repasaban cada centímetro de mi piel mientras enredaba mis manos en su pelo. Posó sus manos sobre mis muslos, donde mi vestido acababa, y muy despacio comenzó a subírmelo. Yo le desaborchaba la camisa y suavemente empecé a moverme en círculos sobre su erección.

- Sara levántate un momento por favor.- Cuando me tuvo frente a él, con el vestido por la cintura, metió dos dedos a cada lado de mi tanga y lo hizo bajar. En lo que me costó quitármelo del todo junto con los zapatos, él se desabrochó el pantalón. Me tendió de nuevo la mano y volví a sentarme sobre él. Saqué su pene del calzoncillo y lo restregué contra mi, lubricándolo con mis fluidos.

- Max, no creo que pueda resistir mucho más la tentación. - Sacó un condón del bolsillo de su pantalón. Colocó su pene el la entrada de mi coño y poco a poco fui bajando para introducírmela. Nos seguimos besando mientras yo me movía arriba y abajo. El apretaba mis nalgas para obligarme a ir cada vez más rápido. Ambos empezamos a gemir. Su voz sonaba ronca y a medida que íbamos más rápido sus gemidos eran más guturales. Eso me ponia a cien. Aquel hombre provocaba algo muy primitivo en mi. Estaba muy cachonda, fui lo más rápido que pude. No tarde en correrme. Mientras todavía me temblaban las piernas el me levantó un poco para poder penetrarme unas cuantas veces más hasta que se corrió. Nos quedamos sentados en aquella postura, yo encima de él, él dentro de mi, jadeando.

No fue ni la última vez que nos acostamos. Ni la mejor.


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