El invitado incógnito

Por K1000A
Enviado el 26/02/2016, clasificado en Varios / otros
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   Los hechos ocurrieron una tarde de verano, en la casa de campo de los padres de Juan. Estaban festejando un cumpleaños que inicio siendo sorpresa. Juan y Gastón eran los organizadores; ellos invitaban a la gente, compraban la comida, la bebida y se encargaban del entretenimiento. El cumpleañero era Lucas, quien fue llevado a la fuerza para cuidar de las gallinas durante el fin de semana en que los dueños estarían ausentes. Excelente labor para pasar su día, pensó. Veintiséis años cumpliría y lo haría dándole de comer a unos animalitos cacareantes.


    En fin, para no irnos del foco central del asunto, vayamos a lo importante: el invitado incógnito. La situación en sí era graciosa: Juan creía que era invitado de Gastón, y Gastón creía que era invitado de Juan. La cosa es que el tipo se había metido ahí y nadie lo había visto en su vida. Momentos antes de que llegara el cumpleañero, los invitados ya estaban reuniéndose. El sujeto en cuestión, pasó desapercibido desde el momento en que llegó, saludando a todos muy amablemente y tirando cumplidos por doquier, como “¡qué lindo está decorado! O bien ¡qué deliciosa crema! ¡Qué hermosa casa!” Y otra sarta de cosas más que no viene al caso contar.


   Se mezcló perfectamente entre los invitados puesto que tenía la misma edad y una actitud jovial. Pero cuando le preguntaban de dónde conocía a Lucas, él respondía entre risas: “¡ese loco! Mira si no lo voy a conocer, tantas cosas juntos…” y eludía así la pregunta, dejando un poco perplejos a todos. Y tema aparte fue el momento de las anécdotas... en tres oportunidades, se relataron recuerdos graciosos de tiempo atrás y en cada uno de ellos él saltaba riendo y decía alegremente “me acuerdo, me acuerdo”, aunque fuera imposible que lo hiciera porque nunca había estado ahí.


   La cosa se volvió aún más rara cuando se puso a recorrer la casa: se paraba en un rincón y observaba atentamente, y luego iba a otro, y hacía lo mismo. Y así en cada extremo. En el interior: en habitaciones, baños, cocina; en el exterior: en lavaderos, gallineros, patio. Y cuando Gastón se le acercaba, preguntándole si necesitaba algo, él simplemente decía “qué linda casa” unas cuantas veces. Así que solo se resignó y pensó: Juan sabrá a quienes invita.


   Claro que la curiosidad estaba latente y en cuanto Gastón y Juan estuvieron juntos, no dudaron en preguntarle al otro quién era ese muchacho tan extraño. Y ese fue el momento en que cayeron en la cuenta de lo que ocurría y una alarma se encendió en sus interiores.


   Y como si esa conversación hubiese sido una señal, la locura se desató. El invitado incógnito subió a una mesa y se puso a bailar disco. Tiraba los platos, los vasos, las botellas. Y en medio del arrebato, quitó una pistola de su bolsillo y apuntó al cumpleañero quien, recién llegado, lo miraba atónito sin entender lo que ocurría. Los gritos llenaron el ambiente mientras que otros sujetos con pasamontañas salían por detrás de las arboledas, armados. Los invitados de la fiesta los superaban en número, claro, pero ninguno se atrevía a mover ni un pelo por miedo a terminar lastimado. El miedo de todos era palpable.


   Los gritos se apaciguaron de golpe en el momento en que el sujeto parado sobre la mesa abrió la boca. –Gracias por su hospitalidad. Necesito llevarme algunas cosas de acá, espero no arruinarles demasiado el cumpleaños, lo estaba pasando bomba. - Una sonrisa maligna decoraba su rostro mientras que sus dientes de oro hacían lo suyo para resaltarla.

   Entonces fue cuando se escuchó: - ¿Marcos? Marquitos… ¿Sos vos? – el grito provenía de Lucas, el cumpleañero.
El sujeto, el supuesto “marcos” achicó los ojos al tiempo en que miraba a quien estaba apuntando – ¿LUCAS?
-¡¡¿Es tu cumpleaños, viejo?!! ¿Y no me invitaste?
-¡Pero si te viniste solo! Y con compañía, veo… -respondió mientras miraba alrededor.
-Si sabía que lo festejabas acá, no venia, te juro.
-Ya se, ya se. ¿Querés tomar un trago?
Y bueno… Dale. Muchachos- se dirigió a sus compañeros de pistolas- por hoy un descanso, vayan.


   Y así fue cómo, ante la mirada desconcertada de todos los presentes, el tal marcos fue invitado a tomar un trago de las botellas que habían quedado sanas y, sentado en la mesa reconstruida, se paso la tarde riendo de viejas anécdotas con el cumpleañero en su fiesta sorpresa.


   ¿Quién iba a decir que la fiesta se convertiría en asalto? ¿O que el asalto pasaría a ser un reencuentro? Más aun… ¿quién podría saber que el “invitado incógnito” era su hermano?


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