También tuve una primera vez por ahí...

Por AzucenaSensual
Enviado el 01/03/2016, clasificado en Adultos / eróticos
6885 visitas

Marcar como favorito
Relato patrocinado por:
MiPlacer.es - tienda erótica orientada a la sexualidad femenina
Envíos rápidos y discreto a España Peninsular. Asesoramiento, buenos precios. Compra con seguridad y confianza.

Siempre me ha dado miedo que me penetraran el culito, porque me decían que provocaba mucho dolor. Pero la curiosidad es muy grande y me preguntaba por qué a algunas mujeres les gustaba.

Una amiga me confesó que ella lo hacía habitualmente por el ano con su pareja, que si se hacía bien no dolía, y que el placer era extraordinario. Por lo que me decidí a probar.

Elegí la pareja adecuada, que se encargaría de transmitirme placer por esa zona tan sensible. Todo comenzó con los prolegómenos necesarios para comenzar, con esos juegos en los que las caricias de dedos y lenguas aumentan sensualmente nuestra sensibilidad.

Y yo me dejé llevar por su experiencia. Su lengua acarició intensamente mi clítoris, absorbiéndolo, acariciándolo con su nariz mientras su lengua me penetraba, y provocaba mi placer.

Me dejé llevar por su lengua hasta mi primer orgasmo que lo sentí con uno de sus dedos dentro de mi sexo, agitándolo intensamente de manera que mi orgasmo se multiplicaba sin fin.

Me levantó las piernas y las puso muy cerca de mi cara, tanto que para poder estar cómoda tuve que sujetármelas con las manos. La postura era algo incómoda, pero el placer que sentía hacía que me abstrajera de esas incomodidades.

Su lengua empezó a recorrer el espacio que hay entre mi sexo y mi ano, y empezó a acariciarlo suavemente, penetrándolo un poquito.

Lo mojaba mucho, lo lubricaba, y la caricia era tan suave que lo relajaba y dejaba que se abriera un poco. En esa postura empezó a acariciar mi clítoris con el pulgar, apretándolo y presionándolo, con lo que no tarde en correrme intensamente.

Mis espasmos abrieron mi esfínter de manera que un dedo se coló en él, perfectamente lubricado por su saliva y por el jugo de mi placer que rebosaba orgasmo tras orgasmo de mi sexo.

El dedo se movía suavemente en mi culito, despacio, esperando a que el pulgar de su otra mano me provocara un orgasmo, momento que aprovechaba a penetrar un poco más, hasta que en tan solo tres orgasmos consiguió que su dedo estuviera perfectamente alojado en mi culito.

Se empezó a mover dentro de mi culito, dentro y fuera, y empecé a sentir un placer distinto, a la vez que me seguía mojando mucho, tanto que ya apenas era necesario lubricar mi esfínter para que el dedo se deslizara suavemente de dentro a afuera y viceversa.

En una vez que casi lo saca del todo sentí que al entrar fueron dos dedos los que me penetraron. Sentí como me dilataba suavemente el esfínter, como aprovechó a escupir un poco más de saliva sobre él, y me sentí muy excitada.

Los dedos entraban y salían hasta que por fin salieron del todo. Apoyó su pene en mi esfínter y apretó.

La sensación de plenitud fue muy intensa, y de repente su pene me penetró tan profundamente que me corrí. No pude evitarlo. Fue un orgasmo muy intenso. Me estaba acariciando partes de mi sexo muy sensibles y desde un punto distinto, desde dentro de mi culito.

Se quedó dentro empujando fuerte pero sin apenas moverse, solo empujando, hasta que acabaron los espasmos de mi orgasmo. Y entonces empezó a moverse, intensamente, pero despacio. Entrando y saliendo, pero sin salir del todo, sólo el tronco de su pene me acariciaba el esfínter, perfectamente lubricado, mientras que su glande acariciaba partes internas muy dentro de mí que me provocaban un placer distinto, intenso, sólo comparable a la vez que perdí la virginidad.

Al final se corrió dentro de mí. Sentí su semen quemándome, provocando mi placer, haciéndome subir a un árbol de placer del que no quería bajar.

Poco a poco fue desapareciendo el placer de mi último orgasmo y comencé a sentir la incomodidad de la postura. Fue entonces cuando sacó su pene de mi ano. Antes de que me pusiera cómoda acarició y salivó mi esfínter dilatado, para evitar que estando seco me escociera.

Al estirarme fui consciente de lo que me había pasado, de la cantidad de orgasmos y su intensidad que me había provocado aquella mi primera vez. Fui consciente de que había descubierto un resorte muy poderoso, tanto que ya fue imposible desengancharme de él, convirtiéndose en un complemento perfecto al sexo vaginal que tanto me gustaba.

Publicado en la primera parte de mi trilogía "Libertad sexual", de Azucena López, disponible en Amazon.es

Puedes seguir mi blog http://azucenal.blogspot.com


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com