Reavivar la llama (2)

Por Nomi
Enviado el 01/03/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Llevaba semanas planeándolo. Después de la sorpresa de Saúl en el garaje era mi turno, estaría trabajando y hasta las 17:30 que llegaría a casa. De manera que tenía todo el día para prepararme.  

Moví la mesa del salón para hacer accesible por ambos lados. La llené de papeles llenos de números y frases sin sentido. Desempolvé algunos libros de la universidad que tenía olvidados en un rincón del trastero y los puse junto con los papeles. Fui a varias tiendas de ropa: una blusa blanca, una falda a cuadros, un jersey verde oscuro, unos calcetines hasta la rodilla y un conjunto lencero rojo muy sexy. La verdad es que tenía mis dudas de quien iba a quedar más contento. La situación tenía mucho morbo y todavía no había empezado. Cuando llegué a casa me recogí el pelo en dos trenzas bajas, me maquillé de forma natural pero con unos labios rojo intenso y me vestí con la ropa nueva. La espera se me hizo eterna.

A las 17:30, puntual como un reloj suizo, Saúl entro en casa. Yo le esperaba al otro lado de la mesa con los pies encima de esta mientras jugueteaba con una piruleta.

- Profesor, tengo que hablar con usted. Yo estudié para el examen pero no se qué pasó. - Me levanté de la silla y me apoyé en el otro extremo de la mesa. - ¿Hay alguna posibilidad de que lo repita? - Sus ojos estaban abiertos como platos, brillantes. Llegué a pensar que en cualquier momento empezaría salivar. Yo seguía jugando con la piruleta; dentro, fuera.

- No sería justo para tus compañeros. - Se acercó y me quitó la piruleta. - Sea educada señorita.

- Por favor profe. Si mis padres se enteran de que he suspendido una me van a castigar. ¿No querrá usted que me castiguen verdad?

- No puedo repetirle el examen señorita López. - Se acercó un poco más a mí, podía notar el calor y las ganas que desprendía.

- Bueno... nadie ha hablado de repetir el examen... profe. - Agarré el cuello de su camisa y lo acerqué a mí. Nuestros labios casi se rozaban, pero quería alargar la espera lo máximo posible. Hacerle sufrir un poco.

Pase la punta de mi lengua por sus labios, el abrió los suyos un poco más pensando que aquello desembocaría en un beso. Rocé suavemente su erección por encima del pantalón. Estaba bastante duro, pero todavía quedaba mucho por hacer.

- Siéntese profe. Le enseñaré algo que seguro que le ayuda a cambiar de opinión sobre mi nota. - Saúl se sentó obedientemente en la silla que estaba junto a él. Me quité el jersey y fui desabrochando poco a poco, empezando por el final, los botones de mi camisa. Dejaría lo mejor para el final. - Soy muy supersticiosa. Siempre he creído que el rojo me trae suerte.

Cuando terminé de quitarme la camisa me senté en su regazo y puse sus manos sobre mis pechos. Notaba su erección contra la tela de mi tanga. Estaba cada vez más mojada. Pero aquella era su fantasía. Puso sus manos en mi culo para poder llevar el ritmo con el que me movía sobre su erección. Comencé mordiéndole el lóbulo de la oreja, muy suave, tirando del un poco hacia mí. Por cada botón que desabrochaba de su camisa le daba un pequeño mordisco donde ya no había ropa. Al final acabé de rodillas entre sus piernas. Pasé mi mano por encima de su erección, muy despacio hasta llegar al botón de su pantalón. Su cara no tenía precio y no hacía otra cosa que animarme a seguir. Le pedí que se levantara para poder quitarle bien los pantalones y la ropa interior y que se volviera sentar. Su erección estaba más grande que nunca. Y yo tenía muchas ganas de metérmela en la boca. Cogí su polla y empecé a pajearle suavemente. No quería ser muy cruel.

- Profe, no hace falta que me avise... de si apruebo o no.

Empecé pasando mi lengua dura desde la base de su pone hasta la punta. Como si fuera un pirulo. Me entretuve en la punta mientras no dejaba de mover mi mano arriba y abajo. Fui metiéndola poco a poco en mi boca. Aumentando el ritmo. Cada vez iba más rápido y metía su pene hasta el final. Cuando ya se acercaba el final Saúl se puso de pie y me cogió del pelo para hacerlo a su gusto. Metía fuerte su polla en mi boca, hasta el fondo y la dejaba allí un rato mientras se movía dentro de mí. Prácticamente eran embestidas. Tuve que contener varias arcadas, pero me encantaba saborear su polla. Se podría decir que me estaba follando la boca. Me pidió que le masturbara. Cuando menos me lo esperé tenía toda la cara llena de su leche caliente. No pude hacer otra cosa que relamerme.

- Considérese usted aprobada.

 


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