Mi enésima primera vez

Por siempretuya
Enviado el 12/03/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Contigo siempre es la primera vez, literalmente. Tengo esa sensación siempre, de nervios, de ganas, de ansiedad… de primera vez.

 

Soy nueva en tu cama, en tus manos, tus caricias son nuevas para mí pero no extrañas. Las reconozco y no se porqué. Me desnudas y sé al dedillo como lo vas a hacer, qué me vas a quitar primero, como tus manos van a deslizarse dentro de mis bragas y vas a acariciar mi clítoris hasta que esté empapada y sólo entonces, me las quitarás.

También logro adivinar que, cuando te hayas deshecho de ellas, me mirarás sonriendo y me guiñarás un ojo, me sorprendo al ver que no me equivoco y que tu sonrisa es muy amplia. Sé que ahora te diriges a mi culo, ya no sonríes y has puesto cara de castigador, no me asusta aunque es la primera vez que te veo así. Me vas a ordenar que me de la vuelta y me anticipo a ti, cuando abres la boca para pedirlo ya estoy como a ti te gusta, o eso me dicen mis instintos.

La panorámica de mi cuerpo desnudo a cuatro patas y mi cabecita asomando por un lado pidiéndote a gritos con los ojos que te acerques, parece gustarte mucho, al menos tu enorme erección eso me dice… y eso sí me gusta. Ver que después de todo, tu cuerpo sí responde al mío como dices que siempre lo ha hecho, me reconforta y me excita. Mis ojos no reconocen el tuyo, cada vez que te veo desnudo es la primera vez que te veo así, y aunque me encantas, no es con mi vista con lo que te reconozco.

Sólo cuando consigo confiar en ti ciegamente, cuando calmas mis miedos y mis dudas y dejo que te acerques a mí, que me acaricies…sólo entonces te reconozco. Vienen a mí sensaciones guardadas en mi atrofiada mente, mi cuerpo reacciona a ti antes que me toques, porque sabe misteriosamente qué le espera. Tu boca se posa en mi sexo para lamerlo y sorberlo como si fuera la última vez, para mí es la primera; pero mi sexo se abre a ti antes de sentir tus labios y tu lengua húmeda en él…porque te reconoce.

Cuando tus dedos acarician mis labios húmedos y bajan a pellizcar mis pechos, éstos ya están duros porque mi cabeza sabe a dónde vas y así, desde atrás, empujo con mis caderas en busca de tu pene. Te ríes y apartas tu boca de mi sexo no sin antes darme un beso en el cachete del culo, marca de la casa. Te pegas a mí, rozas con la punta de tu  pene todo mi sexo, resbaladizo juguetea conmigo y con mis ganas de ti, parece que busca mi entrada…pero no. Te paseas por todo mi cuerpo con tu boca, con tus manos, con tus ojos  mientras tu pene disfruta de mi sexo ansioso y húmedo pero no te metes en mí. De pronto, algo me dice que tengo que ser yo la que se clave en ti, que siempre es así.

Y de un sólo golpe te introduzco en mí, sin contemplaciones, al estar tan lubricada es fácil y llegas hasta el fondo de mí, no cabe más de ti dentro de mí. Suspiras y explusas todo el aire que tenías dentro, yo inspiro una gran bocanada por el placer que siento al sentirme llena y me trago los gemidos que has dejado en el aire. Y así, mientras entras y sales de mí como si no hubiera mañana, reconozco cada una de esas sensaciones: tus metidas; tu forma de salir de mí angustiosamente lenta, sin llegar nunca a salir del todo, manteniendo siempre un mínimo contacto conmigo; tus manos aferradas salvajemente a mi trasero, guiándome en el ritmo y en la intensidad, diciéndome cuando necesitas más de mí; recuerdo perfectamente el roce de tu polla entrando rápidamente en mí, esa sensación de agonía cuando no lo está.

Y así estamos los dos, tú haciéndome recordar que eres tú y yo intentando no olvidarte antes de que esto haya acabado. No necesito verte para saber que eres tú, que estoy bien donde estoy y que mi cuerpo no es la primera vez que te disfruta, aunque mi memoria no consiga en todo momento recordarlo así. Cuando me deshago en un orgasmo increíble, mi cuerpo desmadejado se deja caer hacia delante y tú, en un intento de aferrarme a ti, tiras de él hacia ti y consigues que tu pene se clave aún más en mí. Esa sensación unida a mis contracciones al correrme, aprisionan a tu pene y lo exprimen en mi interior sacándole hasta la última gota de tu semen.

Cansada, bañada en sudor y llena de ti, me acunas en tu cuerpo porque sabes que no tardaré en irme, que tal vez cuando te vuelva a mirar… volverás a ser un extraño para mí. Un extraño al que no querré tocar ni hablar y todo volverá a empezar, tus esfuerzos por ganarte mi confianza y mi lucha por recordarte para volver a llegar hasta este punto, a tu cama, a tus abrazos, a ti.  De momento sabes hacerme volver siempre a casa, mi cuerpo te reconoce aunque no lo haga mi cerebro, si eso no es amor… ¿ qué lo es?

Oblígame a volver a ti cada vez que me distraiga, sabes que quiero estar aquí.

 


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