En un cementerio ruso

Por cclecha
Enviado el 11/03/2016, clasificado en Intriga / suspense
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     Habían estado cavando durante todo el día. Los agujeros de las fosas ya estaban concluidos. El Sol había ido cayendo y ya besaba la línea de la tierra. Un rojo inmaculado de la puesta dejaba atrás una tarde desapacible en que la nieve había dejado una fina película sobre el cementerio.

       Boris, alto, joven y pelirrojo, con dos patillas espesas y pobladas que crecían hacia la boca, se secaba el sudor de la cara con un pañuelo blanco. Miraba hacía la iglesia que estaba ubicada en el término del camposanto, a escasos metros de allí, entre lápidas y panteones recubiertos de nieve... Se persignó al contemplar el edificio sagrado y volvió su mirada hacia su compañero Alexei. Este, era todo lo contrario a él, bajo, asustadizo y enfermizo. Lo único que brillaba en él, era su pelo dorado. Sin embargo, era bueno.

     Como ya había concluido la jornada, dejaron las palas en los agujeros de las fosas y se retiraron a las dependencias del santo campo en espera que el coche mortuorio, tirado por caballos negros, les trajeran los dos cadáveres que habían anunciado que les iban a llevar desde la cercana ciudad.

       Tras la puesta de Sol, se había girado una brisa helada que en medio de silencio reinante, se parecía a los murmullos de los difuntos, El enclenque Alexei, agradeció ponerse a cubierto de los lamentos del viento, en el edificio del cementerio. Una vez allí, Alexei, suspiró aliviado y destapó una botella de vodka, para ahuyentar los malos espíritus que él creía escuchar por todas partes. Mientras tanto, Boris, apartando de su cara un mechón espeso de pelo rojo, se dispuso a encender un cálido fuego en una pequeña chimenea.

       El reconfortante fuego, vivificante para todos, no acababa de consolar a una angustiada mente de Alexei, llena de ficciones y de conjeturas absurdas. Lo que sí conseguía enturbiar su frágiles pensamientos eran los vasos de vodka que iba ingiriendo…”La sangre de Satanás”, como él decía.

         -¿te imaginas que las dos fosas que hemos cavado, no fueran para difuntos de la ciudad, sino para nosotros?

       -Déjate de mortificar con ideas absurdas y caliéntate alrededor del fuego- dijo Boris

         Alexei no hizo caso, bien al contrario, debido a ingesta de vodka, sus pensamientos eran más turbios y la cabeza le dolía cada vez más. Después de estar un buen rato, con los ojos fijos en las oscilantes llamas dijo

         -Tengo que salir a airearme, a ver si remite el dolor de cabeza que siento

         La noche, acababa de lanzar su manto negro por todos los rincones…Alexei, encendió un pitillo con sus temblorosas manos y fue en dirección a la pequeña iglesia. Pasó por enfrente de las dos fosas que acaban de abrir, todavía con la tierra fresca encima de la nieve…Entonces se asustó; le pareció ver un par de sombras fugaces que merodeaban por la oscuridad…intentó gritar en demanda de auxilio a Boris, pero el miedo y el alcohol le paralizaron la lengua. Inmediatamente, sintió como un palazo certero, le abría por detrás el cráneo y le empezaba a brotar sangre sin tregua. Sus últimos momentos fueron para darse cuenta, como lo arrojaban a una de las fosas y detrás de él la pala con la que él mismo había trabajado.

     Boris, calentándose enfrente del fuego, empezó a preocuparse de que Alexei no regresara. Pensó que su amigo podía haber sufrido cualquier accidente, salió y también tomó el camino principal que conducía a la iglesia. Pasó justamente por delante de las fosas, y vio a su amigo, postrado, con el pelo rubio y lacio, embardunado por la sangre, Estaba muerto.

     El dolor en el alma de Boris fue intenso, no sabía cómo reaccionar ante aquella injusticia. Alexei era un espíritu enfermizo y turbado, pero noble. ¿Cómo podía ser que la maldad se hubiera ensañado con él? ¿Por qué lo habían matado? ¿Cómo es que Dios no había parado esta injusticia?

       Inconscienteme se agachó a tomar la pala asesina como medio de defensa. Miró a su alrededor… fijó la vista en la entrada de la pequeña iglesia y apartando la oscuridad, vio como la puerta aparecía forzada y abierta. De ella salieron dos hombres en forma de sombras con un saco en el hombro. En su huida, se dirigieron precisamente hacia donde Boris se encontraba. Este, aprovechando la oscuridad, se ocultó detrás de una lápida nevada. Cuando los dos hombres se pararon delante de la fosa en que se hallaba postrado Alexei, el alma de Boris, se inflamó y salió de su escondite, blandiendo con furia la pala, e impactando certeramente en la cabeza del sujeto más bajo. El hombre dobló las rodillas y cayó de bruces, precisamente en la fosa de Alexei. Entonces vino una lucha de titanes entre Boris y un mujik alto y corpulento, que en medio de la oscuridad fijó sus ojos fieros en nuestro hombre, tratando de hacerle tanto daño como la envergadura de su cuerpo. Una barba y cabello largo y sucio, le daban un aspecto de enemigo terrible. La pala se vio frenada por una fuerza paralela en los dos hombres, nadie cedía, cuando el mujik, logro ponerla por detrás en la garganta de Boris…todo parecía perdido, este, en un alarde de pericia, logró poner el empeine de su pie, por detrás, en la corva de la pierna del hombre y presionando hacia atrás con su cuerpo, logró que los dos cayeran en la fosa que estaba libre.

       La suerte se alió con Boris, ya que en la caída, el mujik, quedó aturdido y posteriormente aquel hercúleo cuerpo, quedó fulminado por Boris con la misma pala que había aniquilado al otro hombre.

     Boris abrió el saco y restituyó los objetos robados de su estimada iglesia: dos candelabros, un cáliz, un copón, una cruz grande…y varios objetos más, todos ellos de plata.

     Pensó por un momento, abrió la verja del cementerio y decidió que debía dar cuenta de lo sucedido a las autoridades de la ciudad.

       La población se hallaba a no más de tres verstas del cementerio. El camino estaba nevado con una ligera capa de nieve que lo desdibujaba. Seguramente por no estar el camino abierto, no había venido el coche fúnebre.

       Las estrellas lo observaban como pequeños botones de luz. Parecía como si fueran los ojos de Dios; si bien Boris no entendía como este había desamparado a un alma buena como la Alexei. ¿Cómo podía ser que Dios hubiera abandonado a un alma noble como la de su amigo?

       En medio de la oscuridad se persignó de nuevo, si bien llegó a pensar que Dios no atiende siempre a sus hijos buenos. Tampoco la naturaleza, con sus volcanes, terremotos, incendios, etc., tiene moral. Menos todavía bondad. Solamente las personas tienen el concepto del Bien y del Mal dentro de ellas. Dios no había hecho justicia y Boris sí. De todas formas, nuestro hombre se alarmó de tener estos pensamientos, eran unos pensamientos negativos y cercanos al ateísmo… unos pensamientos que no conducen a nada…desechó continuar pensando de esta forma y se volvió a persignar de nuevo.

      


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