El hooligan que llevo dentro

Por Hebe
Enviado el 13/03/2016, clasificado en Intriga / suspense
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Las carreras no cesan, el crepitar de las botas enturbian el silencio de la noche, se ve a un grupo de personas corriendo por el callejón.

El sudor recorre mi frente y empapa mi camisa, con cada latido de mi corazón el impulso es mayor, mis piernas aligeran el paso más aun, no puedo describir lo que siento, solo sé que me empuja más y más. La fuente de energía no se acaba y es la adrenalina que fluye por mi interior sin cesar.

Al cruzar la esquina, observo que me sentía perdido, el resto donde estaba. Pare vacilante unos segundos mientras recuperaba el aliento y bajaba la cremallera de mi chaqueta. En ese instante veo enfrente de mí una pareja, me miran de reojo sin parase mi silueta y mi aspecto no les influye confianza, la mujer apretó entonces la mano de su pareja y sin mirarme pasan delante de largo sin mirarme.

                El miedo flota en el ambiente, mi simple presencia perturba a la gran mayoría allá donde vaya, nadie me mira a los ojos, mi apariencia sorprende e intimida, aunque hubo un tiempo en el que no fue así. Mis ojos años atrás miraban con ternura, pero aquello acabo, el mundo no merecía ternura solo hay sitio para el odio y en odio me convertí.

Tras andar taciturno por las calles sin tan siquiera oír un leve ruido, me detuve en una esquina, abrí mi chaqueta y saqué un cigarrillo lo encendí y me dispuse a volver a mi casa, era tarde y no encontraría a nadie ya.

Metí las manos en los bolsillos y comencé a andar, mis pasos se dirigían lentos y decididos hasta mi barrio, estaba a las afueras de la ciudad, un barrio humilde y obrero de una pequeña ciudad.

Que decir de mí, un obrero más que se mancha las manos de grasa cada día de dura tarea, no había diferencia alguna con el resto de mis vecinos, las seis de la mañana daban en el despertador, me enfundaba en el mono de trabajo, mis botas y a la espalda una mochila con la comida, allá donde iba no necesitaba de más. Entre ocho y diez horas de crudo invierno me esperan día tras día, semana tras semana, probablemente así durante muchos años más.

Pero después de todo eso por la noche mi indumentaria cambiaba, mi rabia, mi asco contra el mundo se rebelaba y me convertía en un gamberro, un delincuente, en un hooligan.

El futbol realmente no me interesaba en absoluto, veía de él solo un arma de doble filo, por un lado, el dinero que sacaban de él los poderosos y por otro un medio más de silenciar al pueblo y tenerlos doblegados como a un rebaño. Pero lo que realmente me gustaba de todo ello, era la adrenalina que soltaba después de un partido, no golpeaba a cualquiera mi afán no es la violencia porque si, sino que el futbol era la excusa perfecta para ejercerla contra aquellos que se lo merecían, tras un partido de futbol siempre había peleas y carreras, mis pequeñas venganzas, se verían englobadas entre el clima de tensión entre hinchadas rivales.

Mientras me encontraba en las gradas, solo podía ver inadaptados como yo, el ambiente creaba una atmosfera idónea, las gradas a reventar, canticos gritos y exceso de cerveza, todo aquello era un coctel explosivo, la rabia contenida comenzaba a aflorar en cada uno de los miembros de la hinchada.

Tras tres cervezas dejaba de beber, quería estar lo más sobrio posible no pretendía salir del estadio y golpear a cualquiera, todo tenía un orden y un por qué.

 

                Al llegar a mi calle me pare en seco, venia divagando todo el camino y me encontraba frente a casa, cualquier día de estos no llegaría y me perdería de camino, mi cabeza atormentada se ponía a pensar en lo que me había convertido y caminaba sin parar, por suerte siempre llegaba a mi destino, pero muchas veces me preguntaba como…

Mire el reloj, eran las tres de la mañana, debía de acostarme a la mañana siguiente debía trabajar, subí las escaleras que llevaban a mi pequeño hogar y al encender la luz, volví a mi realidad; un pequeño apartamento con pocos lujos y comodidades, cerré la puerta detrás de mí mientras suspiraba y me dispuse a dormir, el amanecer estaba cerca.


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