Las clases huelen a sexo (parte 2)

Por Hebe
Enviado el 16/03/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Carmen se encontraba en su casa, con una bata hasta las rodillas, una copa de vino en la mano y una sonrisa maléfica, por su mente solo pasaba la idea de que había visto a su alumno con una chica en aquel aula y vio como eyaculaba encima de su trasero, aquella imagen la martirizaba y hacia que se excitase, pues imaginaba que caía sobre si misma.
Pero mañana se encontraría con ese chico rapado por fin después de una semana, no tenía intención alguna de que ninguna otra persona se enterase de aquello, ya que con ese secreto ella podía conseguir poseer a aquel muchacho, su aspecto de macarra le atraía muchísimo y el hecho de haberlo visto tomando a otra, desencadeno el querer tenerlo para ella, sino accedía a que fuera para ella sola, se plantearía la posibilidad de compartirlo con aquella chica si fuera necesario.

Según pasaban los días, se imaginaba así misma siendo penetrada por toda la casa, no permanecía un momento del día sin que su ropa interior no estuviera mojada por sus flujos vaginales. 

comenzaban a correr las horas de la mañana siguiente, daban las diez y media ya en el reloj, los alumnos correteaban por los pasillos, buscando su nombre en los tablones de anuncios, donde se encontraban los resultados de las notas, en uno de esos tablones se encontraba David mirando todos aquellos folios sujetos al corcho con chinchetas de colores, sus ojos se salían de las orbitas pues después de revisar varias veces el listado no encontraba su nombre, su profesora no le había incluido entre el resto de sus compañeros. Un compañero le vio con cara de pocos amigos

Se giro y se cruzó con Dafne que sonreía de oreja a oreja,

- ¡Paso de curso!
- Genial, voy a hablar con Carmen que no incluyo mi nota en el tablón
- Bueno voy contigo y ahora vamos juntos a por los impresos

Algo había que me escamaba, no estaba en la sala sino en su despacho, la nota de mi examen iría acompañada de una charla o de una sanción, sin pensarlo, llegue hasta la puerta de su despacho,

- Carmen, ¿Qué pasa con mis notas?,
- Tranquilo no te alteres
- Quiero respuestas, no me vale que te escondas aquí
- No me escondo por mí, lo hago por ti, bueno por vosotros

Carmen, al ver la expresión de los muchachos en sus caras, se acomodó un poco más, estaba disfrutando. Se sentó encima de la mesa muy cerca de ellos, con las piernas cruzadas, mientras su falda se subía

- Sabéis perfectamente que lo que ocurrió hace poco entre vosotros, no se puede permitir y merece un castigo
- ¿Castigo? Somos mayorcitos ya
- Puede que tengas razón, pero como educadora, estoy en mi derecho
- Por ese motivo querías que viniera aquí, ¿vas a suspenderme como escarmiento?
- NO, mira tus notas

Extendió unos folios hasta dejarlos al alcance de mis manos y comprobé que eran mis notas, había aprobado. Ahora si que no entendía nada.

- ¿Entonces que castigo nos vas a imponer?
- Pues tengo una idea
- Habla ya
- Muy bien Dafne, por fin reaccionas y quieres saber que se me está pasando por la cabeza,
- Mi opción es que accedas a acostarte conmigo, en forma de pago por mi silencio

Nuestra cara lo decía todo, como podía ser tan arpía, quería acostarse con él con la condición de que mantendría su boca cerrada.

- Bueno os dejo un par de días para decidiros, aquí os dejo mi dirección, en dos días os espero, podéis venir los dos o solo tu David, si no acudís a la cita…

Pasados dos días, acudí a la cita, con el papel en la mano, esa zona de la ciudad no la conocía, pero tenía aspecto de cara.

Respire profundamente sin saber si aquello era lo correcto o si solo alimentaba las llamas del infierno, Dafne no sabía nada de aquello, me encontraba delante de aquella casa, sin saber qué hacer


Con lo que no contaba era que en la entrada había un sistema de vigilancia, el cual se activaba por la voz y que Carmen no se separaba del monitor, cuando vio que me apoyaba en la pared y encendí un cigarro, pulso el botón que abría la puerta exterior.

Antes de llegar a recorrer unos metros por la casa, salio a mi encuentro esta mujer con una bata transparente, por la cual pude observar que no llevaba ropa interior.

- Pensaba que no vendrías ya
- No tenía muchas opciones, tampoco
- También tienes razón, jajaja
- Acabemos con esto rápido

 

Se notaba como Carmen estaba impaciente por aquel momento, sus ojos la delataban, pues solo miraba mi entrepierna, mordía sus labios y suspiraba. Me incorpore a por un cenicero mientras encendía un cigarro, cuando se quitó la bata y dejando su cuerpo al desnudo, se abalanzaba sobre mí, ahuecando mis calzoncillos y tirando de ellos hasta que me los quito.
Como no sabía qué hacer ni cómo actuar, me deje llevar y viendo por cómo se movía estaba deseosa de que aquello pasase, para mí era un trance por el que quería pasar cuanto más rápido posible y olvidarlo tan rápido como fuera posible.

Se puso de rodillas en el suelo entre mis piernas y comenzó a observar mi miembro, se lanzó con su boca abierta a lamerlo, desde la base hasta el glande, con los jugueteos e su lengua, paso de estar fláccido a crecer por segundos hasta alcanzar un buen tamaño.

El que tras unos segundos lamiendo hiciera que se activase como un resorte la excito mucho más y comenzó a lamer con más fuerza, se la metía por completo en la boca, así varias veces hasta que la saco de dentro de sí y escupió sobre el glande, para después colocarla entre sus grandes pechos y comenzar a masturbarme con ellas.
Me tuve que acomodar, pues los esfuerzos de la cuarentona porque me gustara eran más que obvios.
Cuando vio que me acomodaba cada vez más, comprobó que me estaba gustando y con cara morbosa me miro mientras seguía masturbándome y acercaba su cara a mi miembro, sacando su lengua comenzó a lamer su punta y a succionar.
Si esa mujer seguía así no podría aguantar mucho tiempo más, se notaba que estaba deseosa de sacar el líquido que guardaba en mi interior y hasta que lo tuviera no pararía.
Por un instante la saco de su boca y grito

- Dame ya lo que quiero, estoy sedienta

Tras esa breve pausa volvió con su tarea, no podía aguantar más mis gemidos se oían cada vez más altos, hasta que note que lo soltaba todo saque el miembro de su boca y poniéndome de pie, eyacule sobre la cara, boca y pecho de la profesora.

Sonó un golpe y cristales rotos, Carmen estaba tumbada en el sofá de casa, pero estaba sola, el vino se derraba por su cuerpo, se había dormido, todo era un sueño, pero el charco del sofá indicaba que le había gustado, así que cuando fuera de verdad lo gozaría mucho más…


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