Vampirismo

Por V.M. San Miguel
Enviado el 16/03/2016, clasificado en Poesía
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Estoy enfermo.

Me inclinó sobre él, saboreo su carne, huelo su sangre,

Me resulta agradable.

Estiro mi cuello, inyecto en sus venas mi veneno,

Destrozo sus huesos, despierto mi lujurioso tormento.

 

Comienza de nuevo:

Pinto con su sangre mis labios, carmín rojo sangre,

Beso su alma, abrazo la calma,

Se extingue el día, pone fin a mi agonía.

Se ha acabado mi tormento pues…

 

Empieza de cero:

Llueve sangre, es tormenta roja,

El aire se arremolina a mi alrededor,

Maldita paradoja,

Requisa mi alma, no me permite calma,

 

Sale el sol y se esconde, empieza otra vez:

Las manos rojas de sangre,

Grito en el purgatorio,

El fin esta cerca me lo dice la memoria,

Se incendia mi espalda,

 

Se me acaba el tiempo y sigue la paradoja:

Me escondo, me oculto,

Temo de lo que se acerca,

Hago antiguos ritos sagrados para alejar a los que quieren hacerme daño,

Un hacha se encaja en mi cabeza,

 

Estoy muerto así que intento de nuevo:

Estoy preso, despojado de todo lo que es mío,

Cariño mío, te extrañaré en el infierno.

Oigo sus pasos acompasados a los latidos de mi corazón,

Es el centauro rojo, sangre como lluvia, fría amargura.

 

Pierdo la cabeza, me inclino con presteza,

Arranco su carne, bebo su sangre,

Beso su cuerpo, mi espera se convierte en tormento,

Relámpago apagado contiguo a mi cerebro,

Algo sale de mi boca, es un casquillo de pistola,

 

Soy inmortal, pero por poco más,

Estoy atrapado en mi propio cuerpo,

Rasgo mis ropajes mientras grito, algo de sangre entra en mi boca,

Me vuelve loco, pero es eso precisamente lo que busco.

La lluvia no cede, no deja paso a la calma, grita mi alma:

 

“Calla, lluvia carmesí,

Mi alma abrí, presa, hasta entonces, de tu irónica, agónica displicencia.

Ahora canta, tiene su propio son y sonata,

Es beata, perfecta clériga de tus atroces crímenes,

Es rojo, anciano ciprés, plantado a buen recaudo, libertario portador de voz de mando”

 

Pero no calla, la voz de mi desgracia canta en mis oídos su serenata,

La vida se acaba, ya casi es el alba,

El fracturado, el pedido final de mi alma,

El sol se asoma y se esconde de quienes no podemos verlo,

Juega con mis ilusiones, me provoca alucinaciones.

 

Me quemo y muero, empiezo de nuevo:

Saco una mano de la tumba, aquello es una locura,

No muero, soy un ser eterno.

Sangre pide mi alma, sacia, me dice, la sed que no te permite calma,

Obedezco a la voz de la locura, a la oscura noche de Walpurgis, la hora de las brujas.

 

Una víctima en la lejanía ve mi ojo de águila,

Un hombre de peludas patillas y rechonchas pestañas,

Camina solitario en la oscuridad de la noche, mis dientes crecen de la nada.

Saca un arma, esquivo sus balas, sujeto sus manos, muerdo su cuello pierde su último intento pues le detengo.

Inflijo la herida mortal, la última, la letal, sangra, es un marrano humano,

Gordo, es un lechón al horno.

 

Algo me entretiene antes de la hora de la comida,

Lujos y riquezas me promete mi presa,

Pero nada puede salvarlo, ya le he dado un bocado.

“Estás muerto, idiota”, le grito al oído, pero parece no escucharlo,

“Estás casi envuelto en tu sudario”, vuelvo a afirmar, pero finge que nada ha salido de mis labios.

Me hastío, utilizo mi albedrio para decidir: decido extinguir su vida, que ironía:

 

Una daga se encaja en mi espalda,

Juego de manos precipitado, el hombre frente a mí tenía una última sorpresa:

Empuña con entereza la daga que pone fin a mi cacería nocturna, es la defensa final,

La defensa del tonto, del preso del cautivo bajo mi embrujo.

Tiemblo, me estremezco, huyo; la sangre no para,

 

Muero y comienzo de nuevo:

Miro la luna es roja y sangra,

Anuncia mi desgracia, la voz de mi alma ya pide la miel sobre mi piel,

El tinte rojo, el despojo del alma, el fin de mi calma.

Salgo de cacería, es noche de brujas,

Melodiosa voz mis sentidos acaricia es la melodía de la agonía, los chillidos de mi víctima,

Canta y con ella grita mi alma, no hay quien logre acallarla pues está perdida y también es víctima de la agonía.

Veo tres a la lejanía, ansío sus almas, pierdo la entereza, vuelo raudo, me pierdo en la noche, esquivo con destreza, con absoluta presteza…


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