Viejas heridas_capitulo 1 (1/4)

Por Hebe
Enviado el 17/03/2016, clasificado en Intriga / suspense
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Cinco años antes 

 

Como cada mañana, el despertador sonaba a las seis de la mañana en la casa, su sonido duraba unos segundos, como si se tratase de un ritual David, lo apagaba, besaba la frente de su mujer y se levantaba de la cama, avanzaba pasillo adelante hasta llegar a la habitación de su hija; desde la puerta comprobaba que el despertador no la había despertado, entraba sigilosamente en la habitación de la pequeña la arropaba con ternura y volviendo sobre sus pasos entraba en el baño, se lavaba y vestía dentro para no perturbar el sueño de Dafne, su mujer.

 

Una vez vestido, bajaba las escaleras y cogiendo tan solo la bolsa del almuerzo salía a la calle y se dirigía al trabajo, este año le habían traído hasta un pequeño pueblo de Galicia, Vimianzo.

Desconocía hasta días atrás de su partida hacia tierras Gallegas de la existencia del pueblo, pero cuando le enseñaron fotos del lugar rodeado de bosques verdes, esa tranquilidad que se reflejaba en el paisaje le hizo aceptar, quería que su hija creciera en un lugar tranquilo fuera de la contaminación de una gran ciudad, o al menos que su más tierna infancia la pasase allí, alejada del bullicio, que creciera dentro de lo posible con la inocencia con la que él paso su infancia, ya tendría tiempo de crecer, ahora tan solo tenía seis años.

 

La mañana transcurría con normalidad, hasta la hora del almuerzo, cuando fue hasta el barracón que hacía de comedor improvisado, y coger su mochila observo que su desayuno no estaba dentro. Sus compañeros al verle la cara sabían lo que había ocurrido

 

David, ¿Olvidaste de nuevo el bocadillo?

 

Sin contestar si quiera, se encogió de hombros y asintió, solo le quedaba llamar a su mujer por si podía acercarle algo para aguantar hasta la comida, antes de sacar el teléfono del bolsillo de los pantalones, un Todo terreno rojo llegaba, su mujer se había imaginado la situación y le traía un aperitivo, el coche se acercó hasta él, y al parar a su lado, la ventanilla se bajó.

 

Toma, no sé dónde tienes la cabeza, rara es la mañana que no se te olvida, si la cocina no es un caos, sé que se te olvido Sabes que soy un despistado, no pierdo la cabeza porque la tengo pegada al cuerpo.

 

Ambos rieron, mientras reían la puerta de atrás se abría y sin cerrase detrás de sí, aparecía una niña pequeña de sonrisa pícara corriendo hasta él, salto hacia su padre con la alegría que tiene un niño por ver a un ser querido sin importar nada, pero David no esperaba que su hija saltase sobre él, y perdió el equilibrio, con tan mala suerte que ambos cayeron al suelo, ya los dos en el suelo tumbados uno sobre el otro riendo.

Todos observaban la escena viendo como jugaban padre e hija, salvo Dafne que solo miraba que la pequeña se había manchado la ropa recién puesta, se bajó del coche y tomándola entre sus brazos, la metió en el coche se dirigió hacia él

 

La próxima vez que vistas a la niña me pondré a jugar en el suelo con ella, para que la cambies después.

 

Mientras continuaba en el suelo, sin entender el enfado, el coche ya estaba dando la vuelta y salía de la zona, se sentó en el suelo como si nada y se quedó pensativo, hasta que un amigo suyo y compañero le tendió la mano para que se levantase.

 

No te preocupes, será un enfado tonto, seguro que no ha tenido buen día, no le des más importancia, vamos el bocadillo nos espera.

 

Eran ya cerca de las cinco de la tarde, el sol aun intentaba alumbrar el pueblo a duras penas, pues ya se estaba ocultando, los obreros recogían todo el material y lo cargaban en los vehículos, la jornada de trabajo había llegado a su fin, David aun pensaba en lo sucedido por la mañana, no entendía el enfado de su compañera, tan solo jugaba con la niña, a la que quería con locura, pero algo se escondía, algo se le escapaba, pasaba demasiadas horas en el trabajo, uno de los motivos por los que se marchó de la capital fue por quitarse carga de trabajo y dedicar más tiempo a la familia, quizás era porque la había desposeído de su trabajo allí, pero solo era un trabajo, la había conseguido otro mejor en el pueblo, de estar en una tienda pequeña etiquetando ropa y cobrando día tras día, a estar en el ayuntamiento como administrativa, había un abismo, el sueldo era muy similar pero, con una jornada más escueta, más horas para sí misma…

 

Toda una maraña de ideas asolaba su mente no encontraba ninguna de mayor peso, por fin cerro la bolsa de deporte y se marchó.

De regreso al pueblo, permaneció callado en la parte trasera, como si de un bulto se tratase, al llegar frente a su casa, descendió y antes de cerrar la puerta farfullo

 

Hasta mañana chicos

Las luces de la casa estaban apagadas, señal de que nadie estaba en ella, abrió y ni tan siquiera el perro le recibió, agotado no le prestó atención y se dirigió a la ducha, al encontrarse solo en la casa, no cerró la puerta, giro el grifo del agua caliente mientras comenzó a desvestirse, el agua se calentaba comenzaba a emanar vapor y el baño se veía envuelto en una densa niebla, tras unos segundos, sonó la puerta abajo y escucho pasos, ladridos y carreras, su familia estaba de vuelta.

 

Mientras en la parte baja de la casa Dafne, se disponía a hacer la cena, nada fuera de lo normal, ensalada y arroz con taquitos de jamón york, algo ligero y rápido de hacer, en su rostro se podía ver que el enfado de la mañana no se marchitaba, sino que persistía, al poco David entraba en la cocina

 

Buenas noches ¿Qué tal el día? Trabajando, como de costumbre y luego lleve a la niña al parque ¿Continúas enfadada? Solo era un poco de tierra en la ropa de la pequeña Me da igual, tú no eres quien pone las lavadoras

 

La pequeña acudió a la cocina, el olor de la cena la estaba llamando, la discusión entre adultos ceso, pero más tarde se reanudaría.

La cena transcurrió con normalidad, hasta que sonó el teléfono, en ese instante Dafne dio un salto de la silla y se abalanzo sobre él para descolgarlo, su reacción era extraña, una vez empezó la conversación, salió de la estancia y hablo durante un par de minutos fuera, al volver lo hizo con mala cara

 

¿Pequeña porque no te vas a ver los dibujos?

 

La niña, retiro la silla y salió como alma que lleva el diablo en dirección al sofá y se acomodó entre los cojines, mientras el perro se tumbaba a su lado.

 


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