Viejas heridas_capitulo 1 (2/4)

Por Hebe
Enviado el 17/03/2016, clasificado en Intriga / suspense
274 visitas

Marcar como favorito

¿Qué pasa? Que has mandado a la niña fuera Mi hermano… lo han ingresado en el hospital… está en Madrid, y aquí me tienes en el culo del mundo, ¿ahora qué? Bueno, tranquila pide los días que te hagan falta y ve con tu hermano, ya me apañare yo aquí ¿Y la niña? Tú no puedes estar pendiente de ella porque te vas antes de que amanezca y vuelves ya anochecido, me la tengo que llevar y perderá clases.

Al ver la cara de preocupación de ella, sin dejar que hablase más, saco el teléfono del trabajo y marco.

 

Tomás, siento llamarte tan tarde, pero tengo un pequeño problema y necesito que me hagas un favor - el tono de preocupación estaba latente - Venga, cuéntame Necesito unos días, mi cuñado está ingresado en Madrid… Suficiente - interrumpiendo a su interlocutor -, será grave sino no tendríamos esta conversación, en unos días te vuelvo a llamar y ya me explicas si necesitas más tiempo. Llevar cuidado en el viaje y que no sea nada.

 

Sin más colgó, su compañera que había escuchado por completo la conversación, salió en silencio de la habitación, directa al armario del pasillo donde estaban las maletas, tomando dos en sus manos, se dirigió a preparar algunos enseres para el viaje.

David se quedó en la cocina pensando en que le ocurría a Juan, para que fuera hospitalizado, mientras colocaba lo platos en el lavavajillas, observo que ya era tarde y debían de acostar a la pequeña de la casa, que seguro estaba dormida en el sofá junto con Toby.

Estaba en lo cierto acurrucados uno junto al otro, el perro protegía los sueños de la muchacha, ambos habían crecido a la par cuando cumplió su primer cumpleaños Toby apareció en casa, el bóxer que parecía de juguete al principio pronto creció y se convirtió en guardián y protector de la familia, pero en especial de la pequeña, que más como un animal lo trataba como un hermano peludo.

Decidió dejarlos dormidos, para aprovechar a hablar con su mujer sobre el estado de su hermano, cuando entro en el dormitorio principal de la casa, la cama no se atisbaba de la cantidad de prendas que sobre ella se amontonaban, una maleta ya cargada permanecía en el suelo tirada sin cerrar, y la otra a medio llenar que ya estaba lista, David se agacho y cerro la del suelo, mientras observaba la escena

 

¿Qué le pasa a Juan? No lo saben, dicen que le llevaron a urgencias hará unos días, lo dejaron ingresado y siguen haciéndole pruebas Bueno tranquila ahora nos acostamos y mañana a las seis de la mañana, salimos.

 

Ella asintió con la cabeza mientras se tumbaba en la cama, la situación la escamaba, hacía meses antes de marcharse de la capital, paso algo similar, pruebas, varios días en planta ingresado y le mandaron a su casa, porque no vieron nada fuera de lo normal, que le podía pasar, para ella seguía siendo un misterio, pero en el rostro de su hermano hacía tiempo que se dibujaba una mueca de preocupación y nadie sabía el cómo ni por qué…

David abrazo a su mujer y la cubrió con las mantas, descendió las escaleras en busca de su hija para acostarla también, mañana los esperaba un buen paseo en coche.

 

A la mañana siguiente eran cerca de las ocho de la mañana, el motor del Jeep rugía devorando kilómetros detrás de si ya quedaba lejos su punto de partida, la pequeña en la parte de atrás permanecía dormida desde el inicio del viaje, al girar su cabeza el conductor pudo ver que su copiloto también dormida plácidamente, derrotada por la noche en vela que había pasado, en ese momento una señal le indicaba de una autopista de peaje, a la que se dirigió, para sus adentros medito que si la tomaba podría ir durante cientos de kilómetros a mayor velocidad evitando radares y controles de carretera, así cuando ambas despertasen la distancia recorrida sería mayor, sin pensárselo dos veces cambio de carril, al llegar al peaje, pago en ventanilla y cuando la barrera subió, metió la primera y acelero.

Deberían de tardar unas seis horas sin parar para recorrer los más de seis cientos kilómetros que distaban de Vimianzo a Madrid, llevaban dos horas de viaje quería continuar otra hora más antes de que empezasen a llenarse las carreteras, así aprovecharían para comer algo y estirar las piernas.

 

A pesar de la situación Dafne dormía plácidamente, pero un bache en la calzada la hizo escapar de sus sueños

 

Me he dormido ¿Qué hora es? Son cerca de las nueve de la mañana, ahora más adelante pararemos a comer algo.

Dafne volvió a acomodarse en el sillón del coche, mientras observaba como los árboles desaparecían a su paso, solo pensaba en llegar hasta el hospital y que allí le informasen de algo, cerró los ojos de nuevo y se introdujo de nuevo en otro sueño, se la veía fatigada, David la dejo dormir, cuando paro en un área de descanso, compro varios sándwiches, refrescos y dulces, encendió un cigarro y el teléfono comenzó a sonar.

 

Dime pilar ¿Hijo donde estáis?, he llamado a la niña y no coge el teléfono Vamos de camino, a la mitad de trayecto más o menos, ¿se sabe ya algo? Los médicos no me quieren decir nada Tranquila, aun no sabrán nada, en un par de horas estamos allí Llevar cuidado, dale un beso a la niña.

 

El tono de voz de su suegra no le tranquilizaba mucho, la verdad, al volver al coche dejo la bolsa entre los asientos delanteros y siguió la marcha estaban a mitad de camino, si seguía el ritmo estarían en la ciudad en un rato.

 

Dos horas y media más tarde, entraba en Madrid, la niña se había despertado hacia un buen rato y estaba desayunando, su madre hacia el intento de despertar, las tilas que tomo la noche anterior hicieron que pasase el viaje dormida y sin embargo no concilió el sueño en toda la noche.

El coche se detuvo enfrente justo del hospital cuando los tres ocupantes descendieron, marcharon juntos hasta la puerta, Pilar esperaba en la puerta temblorosa

 

Corred, los médicos van a ir a hablar con nosotros dentro de unos minutos, pensaba que no llegabais a tiempo -fijo pilar-.

Siguieron a la mujer por los pasillos, estaban abarrotados de gente, la gran mayoría con batas blancas, había mayor presencia de personal sanitario que pacientes, llegaron a una habitación, pero allí solo había un hombre de unos cincuenta años, regordete y calvo.

 

Se le han llevado hace un momento, preguntar en el control de la planta Gracias

 

Antes de llegar al control un doctor de unos cuarenta años, les corta el paso y dirigiéndose al grupo


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com