Viejas heridas capitulo 1 (3/4)

Por Hebe
Enviado el 17/03/2016, clasificado en Intriga / suspense
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Familiares de Juan, le hemos llevado a rayos, vamos a hacerle una placa de tórax, porque no se llevan a su madre a casa para que descanse un poco y hablamos por la tarde cuando se hallan acabado las consultas.

 

No les dio tiempo a dar una respuesta, pues el médico dio media vuelta y se marchó, dejándolos en medio del pasillo con más dudas aun si cabe sobre el estado del hospitalizado.

 

El tono con el que hablo el médico solo daba a pensar que algo grave debía de ocurrirle y por motivos de salud de la madre no querían dar información o porque aún no tenían diagnóstico. Como estaban muy cansados por el viaje decidieron marcharse a casa un par de horas al menos.

 

 

Ese mismo día…

 

En otra planta de aquel hospital permanecía Juan, esperando a que le hicieran la placa, permanecía sin la camisa del pijama azul hospitalario, los hematomas que poblaban su pecho y costado mostraban el porqué de su internamiento en el centro, en cuanto animo se encontraba bien, pero estaba molido por dentro, un coche le había atropellado días atrás, logro saltar por encima del capo, pero sufrió un golpe bastante fuerte, las pruebas que le habían hecho no demostraban nada, pero algo le ocurría su cuerpo no respondía por qué nadie le sabia decir, se dedicaban a decir que estuviera tranquilo, que eran procedimientos de rutina, pero el aislamiento en aquella habitación indicaba algo y no muy halagüeño, allí encerrado entre aquellas cuatro paredes y las visitas constantes de la policía para hacerle preguntas de lo ocurrido no le ayudaban a intentar descansar, por fin llegaron

 

Colócate este peto de protección, alrededor de la cintura y "abrázate" a la máquina, tardaremos solo un segundo

 

Mientras le ofrecía el peto, el técnico salía de la sala, para evitar las radiaciones

 

Bien, ahora coge todo el aire que puedas y permanece unos segundos sin soltarlo

 

La placa ya estaba hecha, volvió junto al paciente, le retiro el peto y le invito a salir de la sala.

Cuando le subieron de nuevo a su habitación, se tumbó tranquilamente y se quedó dormido.

 

Mientras él dormía, la familia se reunía con el médico

 

A pesar de los golpe y moratones, todas las pruebas y la placa confirma que está bien, solo muy magullado - les dijo, mientras observaba la placa - Entonces, ¿le daréis el alta ya? Sí, no hay porque demorar su estancia aquí, en el caso de cualquier síntoma extraño llevarle a urgencias, pero como os digo no hay nada por lo que preocuparse.

 

Horas más tarde…

 

Ya se encontraban en casa, sus rostros mostraban otra expresión, ya no era miedo, tan siquiera cansancio, sino normalidad, todo parecía quedar en un susto, Juan con su cuerpo aun magullado, decide salir del salón e irse a su habitación, su hermana lo sigue hasta allí

 

Juan, ¿se puede saber a qué estás jugando? No sé, a que te refieres hermanita Que no lo sabes, ¿crees que soy tonta?, ¿crees que no sé a qué te dedicas? Tú, no tienes ni idea de a que me dedico - dijo mientras soltaba una risa burlona - te marchaste de casa con tu marido y nos quedamos aquí tirados, mantengo esta casa como puedo y si no fuera por mí, nos veríamos en la calle ¿Por qué no pediste ayuda? Te hubiéramos ayudado Si has venido a darme lecciones de vida, mejor que te vallas, no voy a soportar esto y menos de ti, que todo cuanto has querido lo has tenido siempre, eres una mal criada, que jamás consiguió nada por sí misma, todo lo que tienes es por méritos de terceros Eso es mentira - bramo la hermana, mientras le daba una sonora bofetada en la cara - El día que tu maridito se canse de ti, ya me lo contaras.

 

Sin decir más salió de la habitación una vez en el salón, se sentó allí y no dijo palabra alguna, su marido entendía que algo había estado hablando con su hermano y habían discutido, no quiso preguntar, era mejor que se la pasase el enfado, los últimos días habían sido frenéticos y los nervios de todos estaban a flor de piel y podían estallar en cualquier instante.

 

Mientras en el cuarto Juan no paraba de dar vueltas en la cama, los dolores crecían por minutos, han pasado ya varios días desde el accidente y ahora es cuando comienza de verdad a sentirse mal, se sienta en el borde de la cama, mientras enciende un cigarro, soltando el humo poco a poco, cavila si no habrá algo que se les haya pasado por alto en el hospital, a lo que se responde a sí mismo, es imposible si me han hecho mil pruebas, varios médicos me han examinado y ninguno a llegado a ninguna conclusión, los sedantes están dejando de hacer efecto, por eso me encuentro tan cansado y dolorido.

 

Las diez de la noche dan pronto y la casa se ve inundada por el olor de la cena, y el bullicio en la cocina, ya con todos sentados a la mesa, nadie habla todos miran su plato, ni tan siquiera la pequeña dice nada, mira su plato y no aparta la mirada de él. Cuando el silencio se ve violado

 

Mañana mismo, nos volvemos, el chico ya está bien y no podemos perder más tiempo Pero hija, ¿Por qué no os quedáis un poco más? Desde que os marchasteis apenas se de vosotros - en la voz de la mujer se apreciaba desilusión, de su partida tan prematura - Mama, ya lo hablamos en la cocina, no nos podemos quedar

 

Juan observaba la escena, sin decir nada, hasta que una mirada cargada de ira se posó sobre su rostro y su cólera salto a la luz

 

¿Por qué me miras así? - Grito roja de furia - Sigue haciendo el bobo en las calles y acabaras muerto, eres un irresponsable ¡Cállate! Te crees que puedes juzgarme, si ni siquiera sabes de mí, somos hermanos sí, ¿y qué? Somos unos desconocidos tan solo nos une un apellido, tan solo eso, jamás te sentaste a hablar conmigo, nunca y hasta hace apenas unos años estabas en casa, durante ese tiempo dormías a pocos metros de un desconocido

Levantándose de la mesa, Dafne por segundos se enfurecía más con su hermano menor

 

¿Qué debo saber? Que fumabas porros a escondidas y volvías borracho a casa cuando eras menor de edad eso hasta tu madre lo sabia No me refiero a eso, me refiero a cuando has sacado tiempo a pasar tiempo conmigo a preguntarme si me encontraba bien, puede que tuviera problemas por eso me emborrachaba, pero era más fácil decir mira hay viene otra vez, no tome la decisión correcta, pero tú tampoco obraste bien Si tenías problemas, haberlo dicho ¿Para qué? ¿Para qué me juzgases? No, gracias.


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