Madame Fauré, la espiritista

Por cclecha
Enviado el 19/03/2016, clasificado en Humor
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     La casa de Madame Fauré, rebosaba actividad. El marido, pasaba indolentemente la escoba, haciendo ver que limpiaba y preparaba el saloncito, para la importante visita de tres notables miembros de la sociedad Parisina.

       Madame, entró teatralmente a la estancia con una túnica negra que disimulaba un poco sus michelines que asomaban por todas partes de su cuerpo.

     -¡Hay…Dios mío, ya falta poco para que los invitados lleguen!… ¿Cómo estoy? ¿Tú crees que la túnica me da carácter? ¿Has limpiado la mesa giratoria? ¿Has revisado las bombillas pintadas en azul oscuro?...-suspiró hondamente –todo depende de mí, de mi actuación-dijo alisándose sus enmarañados cabellos tintados que caían con desorden por su mofletudo rostro

     El marido, de apariencia fofa y con unas entradas de calvicie exageradas, como siempre, no dijo nada. Además, sabía de los nervios de la espiritista, antes de una función. Madame Fauré, desbocada, volvió a la carga

     -¿Y el niño donde está? ¡Dios mio, tengo que ocuparme de todo!

     Esta afirmación era errónea, ya que el niño, ya ocupaba su puesto de trabajo en la habitación de al lado, presto a dar los golpes en la pared cuando su madre expresase con fuerza “lo de lo empiezo a sentir” o “noto que ya está aquí”. También era el encargado de accionar los interruptores de los focos azules, para producir interferencias eléctricas, apostados en las cuatro esquinas de la sala principal.

       Ding dong.

       -Ya están aquí. ¡Rápido, la sala en penumbra y las bombillas azules, encendidas!

       -Monsieur Chevalier…Monsieur Leblanc…por favor pasen y tomen asiento en la mesa redonda…ya solo falta por llegar Madame Bisset y su hijo

       Estos llegaron justo detrás de los nobles y ocuparon sitio justo al lado de los hombres y del marido de madame Fauré que también se sentó en la mesa giratoria, aguardando a su esposa.

       Madame, se sentó en la mesa con un gesto algo teatral y dominando la situación, dijo

         -Bueno, ya podemos empezar. Primero intentaremos conectar con la mujer, recientemente fallecida, de Monsieur Chevalier…ya saben que el caso de establecer contacto con el espíritu, es probable que hayan interferencias eléctricas, ruidos extraños, la mesa giratoria se mueva y que yo caiga en trance.

       Es imperativo que primero nos relajemos y que pongamos las manos en circulo encima de la mesa…la oscuridad nos relaja, cada vez estamos más relajados…y más…nuestra energía fluye de uno a otro, la mesa giratoria no es inmune a nuestras energías y a la presencia del espíritu… nuestras fuerzas y energías ocultas, también favorecen el movimiento de la mesa…pero lo determinante es el espíritu…Lo empiezo a sentir…viene hacia mí, noto que ella ya está aquí, dijo con fuerza…

(El niño, al escuchar las palabras mágicas pronunciadas con fuerza por su madre, empezó a accionar el interruptor de las luces azules, ubicado en la habitación de al lado y a dar golpes calculados en la pared)

     -Siento como el espíritu de su esposa, Monsieur Chevalier, me va invadiendo, me penetra, empiezo a no ser yo…su mujer nos quiere decir algo, quiere hablarnos. Madame Fauré, cayó en trance y con una voz alterada femenina que no parecía la suya dijo

   -“Querido mío…he descendido hasta el cuerpo de esta médium para decirte que siempre te he amado, que el tiempo que he pasado contigo es lo mejor que me ha pasado. Siempre pienso en ti. Ahora tengo toda la eternidad para esperarte. Te amo en todo momento. Ahora…es mejor que me vaya”

     Los ojos de Monsieur Chevalier se humedecieron y su alma se descompuso, pero aún así no perdió la compostura y aguantó el tipo.

     El marido de madame Fauré estaba orgullosísimo de su mujer. Mientras la contemplaba, otra vez recuperada, pensó: “Menuda actriz, y ¡qué gran profesional!, dice lo que hay que decir, para que todo el mundo quede conforme y emocionado…se gana el dinero con todos los méritos”

     Madame, pasó a tratar a Monsieur Leblanc, que había perdido a su madre recientemente y el tratamiento fue muy similar al del caballero anterior, así que al no ser relevante para esta historia, lo omitiré. Lo que sí es muy digno de tener en cuenta es lo que sucedió a continuación.

       Una vez madame Fauré salió del trance anterior, trató con sutileza el caso de madame Bisset y de su hijo. Resumiendo mucho la cuestión, se trataba de que esta había perdido a su marido hacia tres semanas en un accidente a caballo, mientras paseaba con su socio, también montado a caballo. Madame Fauré inició el caso de la misma manera que los anteriores: las oscilaciones de la mesa giratoria. La sensación de ser poseída por el espíritu, el trance que se avecinaba…las palabras mágicas dichas con fuerza…”lo empiezo a sentir…noto como él ya está aquí”. Y efectivamente aquí empezó todo…

       El niño fue a accionar el interruptor, pero previamente las cuatro bombillas explotaron como si una energía extraordinaria las hubiese hecho reventar. La puerta del salón, empezó a abrirse y cerrarse compulsivamente, lo mismo que la ventana. Después de estos hechos, la mesa empezó a levitar a cuatro palmos del suelo y para más confusión madame Fauré, lejos de caer en trance, cayó desmayada y con la cabeza ladeada en la silla y babeando empezó a hablar con la voz varonil y enteramente reconocible por madame Bisset como la de su difunto esposo muerto.

   -“Estimada mía, he vuelto para abriros los ojos en lo referente a mi muerte. Ha sido un engaño maléfico. No fue un accidente a caballo, sino un ataque de mi socio, garrote en mano, para poder gestionar el negocio a su voluntad. Ir a la policía. Os quiero”

     Madame Bisset y su hijo lanzaron una exclamación de dolor y rápidamente se pusieron en pie con la intención de salir y acudir a las autoridades. En medio del revuelo, Monsieur Chevalier y Leblanc, también dieron por muy buenas las apariciones de sus respectivas personas queridas. Todos dejaron bastante dinero en la mesa giratoria, a modo de reconocimiento.  

       El marido de madame Fauré, asustado, contemplaba a la vez a su mujer y al dinero que habían dejado los notables en la mesa. Marido, madame Fauré y el hijo, que había salido, llorando, de la habitación de al lado, se abrazaron formando una unidad.

     Madame Fauré, todavía atemorizada, pero recobrando la autoridad del cabeza de familia que trae el dinero a casa y tiene la autoridad moral para hablar, dijo

       -Nunca antes nos había pasado algo parecido, no nos había visitado nunca ningún espíritu…pero a partir de ahora, sabemos que puede ocurrir…se que mi fama se expandirá por todo París, gracias a las visitas de los nobles de hoy, pero me veo obligada a prescindir de nuestro trabajo espiritista, para preservar la tranquilidad de mi familia y la mía propia. Ya buscaremos algo relacionado con el esoterismo, mentalismo, ocultismo o la adivinación…hay tantas cosas ambiguas que nos dejan margen para actuar…pero eso sí, lejos de los espiritus.


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