PARANOIA DE LA LORZA

Por Marimonias Quesque
Enviado el 19/03/2016, clasificado en Humor
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Pues sí, aunque no lo parezca, tengo lorza. Debajo de esa ropa anchísima, oculto una lorza que me está amargando la vida. La odio porque es poderosa.

Todas las primaveras mi lorza se hace fuerte, se expande. Por algún extraño mecanismo, que la ciencia no puede explicar, mi cerebro se confunde en esta estación y me manda mensajes equivocados.

El muy idiota me dice que tengo hambre. ¿Cómo voy a tener hambre si hace menos de una hora me he comido un cocido con media barra de pan, y de postre media tarrina de helado de las de medio kilo? La parte racional de mi cerebro desmiente científicamente la información y calcula que me he zampado de una vez 1.500 calorías o más, con las que podría tirar todo el día y de postre correrme una maratón. Bueno, pues yo me siento que desfallezco, que las fuerzas me abandonan, que estoy al borde de la inanición.

Y no solo eso, también me dice que tengo un sueño desproporcionado. Desproporcionado considerando que dormí 8 horas y que me acabó de levantar de una sienta de las largas, de esas en las que te despiertas y has perdido por completo el sentido del tiempo, y no sabes si es de día o de noche. Pues me quedo como en encefalograma plano, dando cabezadas.

Todo es mentira: ni tengo sueño ni tengo hambre, pero mi cerebro se pone en modo bucle y entro en un círculo vicioso: hambre, como, sueño, duermo, despierto con hambre, como, duermo… Y hasta que no llega el verano no salgo del bucle.

De esta manera tan tonta me cojo unos 5 kg en primavera, estación del año que detesto con todas mis fuerzas porque le amarga la vida a casi toda la humanidad entre la astenia, las alergias y los delirios de romanticismo. Y esos 5 kg van a parar a mi lorza que se expande.

No todas las lorzas se expanden por igual. La mía es una lorza mediterránea. Las lorzas mediterráneas se gestan en el bajo vientre y se expanden circularmente, a modo de faja abdominal, y en sentido ascendente, de forma que, por ejemplo, el culo tiene más volumen en su parte superior. Lo que viene siendo un culo boca abajo. No sólo hay está distorsión, también se produce el efecto del lateral invertido: si te pones de perfil, pareciera que el culo es la tripa. La lorza asciende por este orden: se apodera primero del lomo bajo y luego va subiendo hasta las paletillas. Si la lorza llega al cuello estás perdido: has alcanzado la categoría de gordo, apoderado por completo por la lorza, que ya es definitivamente una lorza invicta. Amigo, amiga, si has llegado a este punto, la lorza te ha derrotado.

Observad que hablo en singular: la lorza. Porque se trata de una sola lorza que todavía no ha alcanzado el volumen como para enrollarse. Cuando la lorza llega al cuello, el siguiente paso es la multiplicación, o división, de la lorza: la lorza se reproduce a sí misma y pierde su singularidad desdoblándose en varias lorzas que se pliegan unas con otras.

¡Ánimo! Si tu lorza no ha llegado al cuello y no se ha multiplicado, todavía estás a tiempo de combatirla.

La mayoría, en los últimos días de la primavera, después de contemplar los estragos de la lorza al probarse un bañador o un bikini, comete, llevado de la desesperación, un error terrible: combatir a la lorza en un gimnasio.

¡No lo hagas! En los gimnasios sólo conseguirás enaltecer la lorza. Matándote a sudar dotas a la lorza de una especie de pedestal, de un soporte duro sublorza, que le da más resistencia. Y si antes conseguías abrocharte el pantalón espachurrando la lorza, ahora, con ese soporte duro, sólo podrás abrochar los botones aguantando la respiración y sacándote todo el aire del cuerpo. Como tú comprenderás, llega un momento que tienes que respirar, y entonces sobreviene la catástrofe: los botones saltan, las costuras se revientan, todo estalla por el empuje formidable de una lorza musculada.

Hazme caso, la lorza solo se puede combatir por el sufrimiento: matándola de hambre o arrollándola con una gastroenteritis fuerte. Si no tienes la suerte de pillar una buena gastroenteritis, antes de que llegue el verano y saques la lorza a pasear en las playas y piscinas, no te va a quedar más remedio que reducirla por inanición. Al enemigo ni agua. Bueno, agua sí le puedes dar. Agua, pechuga de pavo y pollo a la plancha, ensalada de aromas sobre lecho de lechuga sin aliñar, gazpacho en dedal de coser, perejil, y poco más.

Así, heroicamente, conseguirás reducir a la lorza a su mínima expresión, porque debes saber que la lorza nunca muere del todo, sigue ahí, agazapada en el bajo vientre, esperando su momento, que es distinto en cada caso. El mío es la maldita primavera, el de otros: las malditas fiestas navideñas, o las malditas vacaciones cerveceras de chiringuito, o el maldito stress. Cualquier ocasión es buena para la expansión de la lorza, así que no bajes la guardia, mantente alerta, porque, si te confías, la lorza te llegará algún día al cuello y ya no tendrá remedio.

Nadie está a salvo del ataque de la lorza. Ni siquiera esa gente, delgada de toda la vida, que se cree libre de lorza. Vosotros también tenéis lorza, pero no lo sabéis porque todavía no ha salido de su escondite. Buscad, buscad en vuestro cuerpo, revisaos el bajo vientre. Efectivamente es ese tejido blando. Ahí la tenéis. ¡Cuidao con ella!


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