En silencio...

Por Luna White
Enviado el 22/03/2016, clasificado en Amor / Románticos
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« Respira. Calla. No digas nada…», palabras que no dejaban de repetirse en mi cabeza mientras sus ojos llegaban a lo más profundo de mi alma. Me miraba, nuestras pupilas se encontraban mientras no dejaban de dilatarse y yo tenía que controlar cada uno de mis gestos y expresiones corporales para escuchar lo que me decía. ¿En qué momento habíamos llegado a este punto? La eterna pregunta: ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?, se enredaba con todos aquellos pensamientos que quería dejar encerrados en mi corazón o en el lugar del que hubieran escapado. Llegamos a una edad en la que sabemos cómo diferenciar ambos términos, lo difícil en ocasiones, es querer hacerlo; ¿acaso podemos?

En ese momento una mirada diferente me atravesó, al mismo tiempo que las gotas de lluvia golpeaban la ventana tras nosotros con violencia; una violencia que resquebrajó mis entrañas y me lanzó hacia él sin pensarlo, atraída por una fuerza desconocida hasta entonces —o quizá ya olvidada—. Creía no tener mis cinco sentidos concentrados en sus palabras, pero mi reacción me demostró todo lo contrario. Una lágrima fuerte, intensa y viva quiso poder respirar fuera de mí; se ahogaba en mi interior. Lo que hasta unos días era una conexión física… ¿se había tornado en algo más o simplemente no había querido verlo? Allí estaba, frente a mí, compartiendo un enorme secreto que pocos conocían y me convertían en alguien especial. ¿Especial? ¿Eso es lo que era? ¿En lo que me convertía aquello en realidad? No era capaz de pensar, de dar una explicación que devolviera la tranquilidad a mis pensamientos; necesitaba una lógica que me permitiera cerrar los ojos y comprender que no había maldad en aquello, que no debemos arrepentirnos de un sentimiento solo por no saber con qué nombre expresarlo. Esa manera de estremecerme, sonreír, sentir la intensidad de mi propia mirada en mi interior… no podría ser mala dijeran lo que dijeran las normas establecidas porque… ¿quién las dictaminó?

Sí, teníamos vidas separadas que en algún momento de nuestro camino se unieron pero no se podían fundir; teníamos sentimientos inesperados que nunca hubiéramos imaginado; lo teníamos todo, hasta ese momento,  en ese café, en el que la vida nos hizo dudar. Dudas que nos harían pensar, priorizar hasta cuánto estaríamos dispuestos a luchar…

¿Acaso la lucha también forma parte de las conexiones que no esperamos y aparecen sin buscarlas? Sin duda, la mayor lucha se fragua en silencio.


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