Anoche te soñé

Por Cielo
Enviado el 01/04/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Anoche te soñé, y nuevamente volví a sentirte, como la última vez que tu deliciosa

desnudez se cubrió con mi cuerpo, aunque hace mucho tiempo ya de eso.

La madrugada me envolvía, y la penumbra fue cómplice de lo que en mi sueño te atrevías

a hacer.

En una realidad onírica nos encontrábamos juntos, en una agradable habitación que no

reconocí como mía, y que asumo entonces, era la alcoba que compartes cada noche con

aquel a quien juraste ser fiel todos los días de tu vida. Y tal vez el saberme un intruso en tu

espacio aceleró mi pulso y provocó en ti una lujuria inusitada, una determinación salvaje y

un descaro que embotó mis sentidos.

Con una mirada lasciva que no recuerdo haber visto antes en tu preciosa mirada, me

besabas la boca, el cuello y descendías por mi cuerpo. Con una intensidad abrumadora me

desnudabas para devorar con avidez cada centímetro de mi sexo, mirándome con un

descaro que ahora que evoco, me sonroja.

Y cuando me tenías al borde del orgasmo, egoístamente te separabas, sonreías con una

malicia desconocida para mí y te dabas la vuelta, dándome la espalda mientras te

desnudabas con una lentitud y elegancia que me hacía estremecer.

Pero justo antes de quitarte las últimas prendas, apagabas la luz y en la penumbra te

acercabas a mí, me desnudabas y después de ponerte sobre mí, con la sábana nos cubrías.

Y ante mi mirada extrañada, decías algo acerca de la pena de tu desnudez y los estragos

de un embarazo. Sé que fue un sueño, y aún me indigna tu comportamiento. Me parece

inaudito que pudieras llegar a pensar que algo tan insignificante podría mermar tu

increíble belleza.

Los sueños son extraños a veces. Y no puedo recordar bien todo lo que debió haber

sucedido bajo las sábanas de tu lecho matrimonial. Pero tengo flashazos desordenados de

tu cuerpo agitado y sudoroso, de tus movimientos intensos sobre mi cuerpo, de la cálida y

abundante humedad de tu sexo que me atrapaba con un ritmo que se sincronizaba con

tus gritos. De tus manos jalando mi cabello mientras apretaba mi cara en tu cuerpo para

besar ese delicioso espacio que hay entre tus senos.

Y el recuerdo más vívido dentro de mi ensoñación, fue el de un orgasmo intenso que me

hacía gritar como nunca antes, mientras ahogabas tus gritos con una mordida en mi

hombro y tus uñas clavándose en mi espalda, provocando un dolor tan erótico que

complementaba nuestro clímax.

Y sé que era un sueño, porque al ver los arañazos no podía recordar que algo como eso no

podría pasar desapercibido para mi esposa. Ya sabes que a veces, en los sueños podemos

olvidarnos de todo y de todos, o tergiversar nuestras realidades sin que ello traiga

consecuencias.

Anoche te soñé. Y sé que fue uno de esos sueños ilusos y extraños, pero no puedo evitar

sonreír recordándolo. Y aunque sé que no debería, hoy me acostaré recordando cada

detalle. Tal vez con suerte, pueda volver a tener el mismo sueño. U otro parecido, en el

que vuelvas a aparecer tú.


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