Zsssssss

Por V.M. San Miguel
Enviado el 01/04/2016, clasificado en Terror
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Esa clase de sonidos arrojaba mi televisor. Intenté, en vano, callarlos para poder oír mis propios pensamientos pues aquella frecuencia era casi hipnótica. Probé a apagar la televisión utilizando el mando a distancia, pero este no funcionaba; las pilas se habrían agotado, deduje. Procuré después, reunir el valor suficiente para ponerme de pie e ir a apagarlo manualmente, pero algo en mí me suplicaba que no me acercara a aquella pantalla que no mostraba más que grises intermitentes. Me quedé, por tanto, mirando fijamente al televisor, sin nada más que hacer que escuchar aquella electricidad estática; no había nada más que ocupara mi atención, no tardé, por tanto, en sentirme ligeramente aletargado y posteriormente de que me hube acomodado en mi asiento frente al televisor, en quedarme totalmente dormido.

    Que el lector piense lo que guste ahora mismo pues poco me importa ya que me crean un loco. Yo sé lo que vi y poco puede cambiar ese hecho, aunque yo mismo dude de su veracidad y de mi cordura. Algunos se atreverán incluso a afirmar que no fueron más que mis pesadillas, pero ello no es posible porque… porque hay un hecho que cierra las puertas a esa dulce, dulce posibilidad.

    Creas o no en lo que estoy por contarte aquí va. Voy a intentar narrarlo objetivamente para que los hechos, naturalmente confusos, sean un poco más entendibles, pero no podría prometer nada pues aún me llena con horror el tan solo recordarlo y recordar que el centinela de grises tonos sigue apostado en la sala de mi casa:

    Desperté algunas horas más tarde, y mi televisor seguía arrojando sus intermitentes luces. Medio dormido por la siesta que había tomado, reuní el valor necesario para acercarme e intentar apagarlo manualmente, a pesar de que mi instinto aún me pedía que no me acercara a aquello. Lo rodee temiendo por alguna razón ver mi reflejo en la pantalla, y me acerqué por la parte trasera donde la mayoría de los nuevos televisores tienen los botones de apagado manual, nada había ahí, sin embargo, cuando estuve tan cerca como para extender mi mano y pulsar un botón que bien podría haber estado ahí. Nada había del otro lado tampoco pues, comprobé extendiendo el cuello para poder otear con más certeza, empero, existía un único botón en aquel televisor, una especie de palanca cuyo diseño me parecía peculiar pues era exactamente como un botón, en la parte baja de la televisión, centrada en la parte baja del plasma, de modo que ni extendiendo ni una ni otra mano era capaz de pulsarlo someramente. Tenía, por tanto, que posarme ante los grises intermitentes que arrojaba mi televisor a riesgo de quedar hipnotizado por su danza. Reuní, nuevamente, valor, sintiéndome muy estúpido por temer a un televisor y me posee ante la pantalla. Un escalofrío recorrió mi espalda y yo tuve la certeza de que algo iba mal, pulsé inmediatamente la palanca para intentar apagar mi televisor, pero eso tuvo el único efecto de desplegar un menú en la pantalla, había que mirar los grises si quería apagarla. Hice así y me encontré, con sorpresa, mirando el hermoso paisaje que en mi televisión se reproducía; no era en grises, sin embargo, ni era intermitentemente, era el paisaje de un hermoso bosque plagado de pinos y pasto, una espesa niebla con aspecto mañanero caía en aquel bosque, pero aquello no le restaba belleza, todo lo contrario, era un interesante añadido en aquel paisaje pues el fondo parecía difuminarse gradualmente. El pasto tenía un aspecto descontrolado, pero, nuevamente, aquello no le restaba en absoluto belleza pues le daba un toque natural. Un tronco caído en medio de la fotografía era lo único que alertaba mis sentidos, pues este sí que le daba un aspecto tenebroso al bosque. Aquel tronco caído te obligaba a fijarte en los de los demás árboles, temiendo que fueran a caerse en cualquier momento, cosa que era absurda pues aquello era una fotografía… Dejé de pensar así en tanto vi tambalearse un segundo pino y caer estrepitosamente levantando pasto y tierra con su estrepitosa caída, y haciendo que los animalitos del bosque salieran corriendo de sus guaridas. Estaba estupefacto pues aquello que yo pensaba, era una fotografía, en realidad era un video. En mi sorpresa mantenía la boca abierta en gesto de asombro y un mosquito entró en ella, lo escupí asqueado volviendo mi vista hacía la sala de mi casa y escupiendo en su alfombra de crecido pasto… El ruido del tercer árbol precipitándose para su caída me hizo volverme, pero no en dirección al televisor, no, porque ahora, donde antes había estado la sala de mi casa, estaba el bosque. Volví la vista buscando el televisor y, efectivamente estaba ahí, y en él seguía reproduciéndose la vista de aquel extraño bosque de árboles en extremo débiles, también estaba yo ahí, por supuesto, plantado justo frente al tercer árbol que amenazaba con caer. Me volví para esquivarlo y, cuando me creí a salvo en el pasto del bosque, noté que tenía una profunda herida en el pie, causada por alguna astilla del árbol que se había roto en la caída, la herida sangraba, intenté, entonces, ver que tan profunda era y me encontré mirando el hueso de pierna. Aquella impresión me hizo desmayarme.

    Cuando desperté, hace cerca de cuarenta y cinco minutos, me sentí profundamente aliviado, pues, pensé, aquello no había sido más que una pesadilla. Miré entonces mi pierna y vi que en su lugar había crecido la rama de un árbol, y ahí está, sigue aquí, si bajo la vista. He notado que el televisor sigue encendido en la sala, ¿qué pasará si me acerco a él? ¿será que existe alguna forma de solucionar esta horrible pesadilla?

 

 

    No creo que pueda sobrevivir mucho más, esto es un caos justo como mi mente ¿qué pasará si dejo que…? No. No quiero ni siquiera pensarlo.

    Sé que esto que estoy diciendo no tiene sentido para nadie, pero ahora mismo no me atrevo a estar mucho tiempo en un mismo sitio, es demasiado el riesgo que corro. Hace cerca de una hora que sobrevivo en este paramo del caos y la destrucción, pues cometí el terrible error de desobedecer mis instintos y acercarme al televisor. Con cuánto horror contemple, entonces, en la pantalla un diluvio de fuego, ciudades destruidas, edificios abandonados. Me volví cuando escuché tras de mí la primera bola de fuego caer levantando un calor infernal y tiñendo, aún más si es posible, el cielo de tonalidades naranjas. Corrí como me lo permitió la locura y me escondí en un auto abandonado, llevo desde entonces huyendo del radio de las bolas de fuego que caen del cielo. Traje conmigo esta libreta y una pluma para documentar cuanto viera, pero nunca creí que me recibiera un paisaje tan horrible…

    Veo una bola de fuego, creo… creo que… oh dios mío…


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